La inversión de China en México se aleja y tal vez no regrese en todo lo que resta del actual sexenio. Tras la cancelación del tren de alta velocidad México-Querétaro y de Dragon Mart en Cancún,  los empresarios chinos perdieron la confianza en el país y en su gobierno. ¿Por qué es un riesgo hacer enojar al gran dragón de Oriente?

 

Era julio de 2010, Enrique Peña Nieto se desempeñaba como gobernador del Estado de México, y al concluir su gira de trabajo por China se despidió con una frase: “China ocupa un lugar muy especial en el horizonte de México.”

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Cinco años después, el mandatario mexicano se enfrenta al descontento de los inversionistas chinos. La cancelación de dos megaproyectos por parte de la segunda mayor economía de América Latina borró buena parte de los avances que se habían logrado en la construcción de una relación bilateral.

Adoptar a China como un socio comercial y de inversión es un reto para el gobierno mexicano, cuya economía atraviesa por una fase de desaceleración.

Tras la cancelación de los proyectos, varios empresarios asiáticos dieron un revés a México y anunciaron que, al menos hasta el cierre de este sexenio, no realizarían inversiones de gran relevancia en el país.

Especialistas y ejecutivos consultados por Forbes México explican que los riesgos de perder el interés de China son, en primera instancia, el bloqueo a un mercado cuya población está integrada por 1,300 millones de potenciales consumidores (cifras hasta 2013), el desarrollo de nueva infraestructura y tener como aliado a una economía cuyo Producto Interno Bruto (PIB) cerró 2014 en 7.7 billones de dólares.

Contar con un aliado como China ayudaría a reducir la dependencia de Estados Unidos, su principal socio comercial, y contribuiría a compensar el deterioro económico por la caída de los precios del petróleo.

“Los hombres de negocios chinos, como los de todo el mundo, están interesados en negocios ganadores, donde quiera que sea y con un riesgo razonable. Lo que sienten ahora por México es falta de certeza, lo cual acrecienta el riesgo de invertir tiempo y recursos en algo que tal vez no estén seguros de que se va a dar”, comenta en entrevista Carlos Zarza Spiritu, vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Comercio y Tecnología México-China.

 

Falta de certeza

En 2014, México se alistaba para emprender uno de los proyectos más ambiciosos en materia de infraestructura, que daría un respiro al gobierno federal: el tren de alta velocidad que uniría a la Ciudad de México con Querétaro.

Sin embargo, la noche del 6 de noviembre de 2014, sólo dos días después de darse a conocer el fallo a favor del consorcio encabezado por Railway Construction Corporation (CRCC), Gerardo Ruiz Esparza, titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), anunció la cancelación del mismo.

La revocación de la licitación, estimada en unos 3,750 millones de dólares (mdd), se sumó al rechazo de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), que a principios del año pasado clausuró el proyecto inmobiliario Dragon Mart, en Cancún, Quintana Roo, argumentado un daño ambiental en la zona.

Con esta negativa se revirtió un plan de inversión de 180 mdd, de los cuales sólo 10% correspondían a capital asiático, según cifras oficiales del centro minorista.

 

“No van a invertir”

A finales de abril, ejecutivos de diversas compañías chinas dijeron a Reuters que no inyectarán capital al mercado mexicano en los próximos años.

“No hay interés. No creo que habrá inversión masiva en México en este sexenio. No van a invertir hasta que haya certidumbre en el país”, aseguró un ejecutivo de China Harbour Engineering Company Ltd. (CHEC), unidad de la estatal China Communications Construction Co. Ltd.

Bao Ronglin, presidente de la Asociación de Empresarios Zhonghua en México, tiene una perspectiva más positiva de la situación, e incluso parece no inquietarle esta fuga de capital por parte de los gigantes asiáticos.

Su experiencia indica que aun cuando los grandes postores dejen de invertir en el país, los más pequeños podrán dar un poco de equilibrio a la balanza.

“Las empresas que han cancelado sus proyectos no representan a todos los empresarios chinos, sobre todo a las inversiones estatales. Si ellos no vienen, habrá quien sí lo haga y tendrá ganancias”, asegura.

Además, dice, la responsabilidad por el fracaso en los dos megaproyectos fue también de los empresarios chinos. “Ellos también tienen la culpa, no es sólo culpa de México. ¿Por qué no investigaron bien? Creer que en muy poco tiempo se puede lograr un proyecto exitoso es un error”, asevera.

 

América Latina sí, México no

En este momento, Brasil y Panamá son los principales destinos de la inversión de China en América Latina. En mayo de 2015, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, y el primer ministro chino, Li Keqiang, anunciaron un acuerdo de inversión por 53,000 millones de dólares, que tiene el objetivo de ayudar a mejorar la infraestructura e impulsar la economía de la primera economía de Latam.

Por su parte, CHEC dijo estar interesada en participar en la ampliación adicional del Canal de Panamá, la cual está estimada en 17,000 mdd, de acuerdo con el administrador del Canal.

En la última década, la nación asiática invirtió en México un capital estimado de 530 mdd, cifra muy por debajo de los 31,400 mdd que destinó a Brasil; 17,500 mdd a Venezuela, y 16,500 mdd a Perú, de acuerdo con un reporte de la Comisión Nacional de Inversiones Extranjeras (CNIE).

En 2013, la nación asiática destinó 14,400 mdd a Latinoamérica y el Caribe, y de esos recursos sólo 19.1 millones se dirigieron a México.

 

El poder del dragón

Pero el desinterés de China por México no sólo afecta las relaciones, dice Oliver Ambía, director del Departamento de Finanzas del Tecnológico de Monterrey campus Santa Fe. También, asegura, hay otros factores que son determinantes para disminuir nuestra dependencia de Estados Unidos.

“El problema es que los empresarios chinos se tomaron personal la suspensión de sus proyectos en México. Ya no quieren invertir más en este país, al menos hasta que concluya la actual administración. Esta acción no es sólo un golpe económico, también es un impacto para las relaciones del gobierno mexicano con el gobierno de Xi Jinping. Nadie con un poco de inteligencia haría enojar al dragón.”

China tiene una participación comercial cercana a 9% en el mercado mexicano (a 2013), pero la IED china (276.5 millones de dólares) no representó siquiera el 0.1% de los 321,067 millones de dólares de IED acumulada durante el periodo 1999-2012.

Pese a que China es el principal rival de México en la industria textil, de calzado y siderúrgica (en el mercado mexicano), el dragón no ha mostrado gran interés en colocar inversión en nuevas filiales de empresas en este país. De enero a marzo de este año, la IED de China hacia México fue de 15.5 mdd, cifra que representó sólo 0.2% del capital inyectado por países en el mercado mexicano.

El panorama para las inversiones chinas en México será incierto, al menos hasta 2018, advierte Carlos Zarza Spiritu. Recuperar la credibilidad, dar certeza y demostrar que existe un Estado de derecho son algunas de las asignaturas pendientes que tiene el gobierno federal, pues la ausencia de estos factores no sólo implica riesgos de comercio internacional; también trae consigo riesgos políticos:

“Se perdió la confianza y hay otros países que ofrecen lo que nosotros tenemos. No estamos solos ni tenemos recursos únicos. Tenemos que recuperar la confianza y demostrar que México no es un país que sólo puede ofrecer materias primas, sino un país con gente eficiente y capacitada que puede ofrecer productos de valor agregado competitivamente.”

 

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