En las últimas tres décadas, el ingreso per cápita de los mexicanos ha crecido en promedio 0.6% al año. Este nulo incremento está relacionado con el débil crecimiento de la economía mexicana, pero… ¿ésto es causa o efecto?

 

 

Por Paola Palma

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La causa verdadera del porqué México no crece ni genera empleos ni ofrece mejores condiciones de vida a sus habitantes radica en la productividad.

La productividad es el mejor aprovecha­miento de los recursos y está estrechamente vinculada a la capacidad de la economía para crecer. En México, su crecimiento promedio en los últimos 20 años ha sido de alrededor de 0.9%, y al menos en el corto plazo no hay señales de un cambio en esta tendencia.

En 2013, el Índice Global de Productividad Laboral por grupos de actividad económica calculado por el Inegi sufrió una disminución de 0.3% respecto a 2012. La caída más severa se registró en el sector secundario (actividades industriales), en que la productividad cayó 3.1%. El sector terciario (servicios) aumentó 1.1%, mientras que las actividades primarias (agrícolas) decrecieron 0.5%.

La situación no es muy diferente si se analiza la productividad laboral por sector económico. Durante 2013, la productividad en las empresas constructoras descendió 3.5% con respecto a 2012, en las industrias manufactu­reras se redujo 0.1%, en los establecimientos comerciales mayoristas cayó 6.7% y en los comercios al por menor disminuyó 3.8%.

Con estos datos no habría porqué sorpren­derse de que en 2013 el Producto Interno Bruto (PIB) del país registrara un crecimiento de apenas 1%. Con este panorama resulta oportu­no preguntarse: ¿son alcanzables las metas de crecimiento planteadas por el gobierno para el resto del sexenio?

Según estimaciones de McKinsey Global Institute, para alcanzar la tasa de crecimiento de 3.5% planteada originalmente por el gobier­no para 2015, la productividad laboral tendría que crecer anualmente 2.3%, es decir, tres ve­ces más de lo que lo hace actualmente. Si el país desea crecer a la quimérica tasa de 6% anual, la productividad de la mano de obra mexicana tendría que aumentar al menos seis veces más de lo que crece actualmente, es decir, 4.8% por año, algo difícil de conseguir.

 

Riqueza y productividad

Para mostrar qué tan importante es la pro­ductividad como generadora de crecimiento económico, y sobre todo de riqueza, basta comparar la evolución del PIB generado por una persona empleada en México, frente a sus pares de Estados Unidos, Canadá o Corea del Sur.

En México, el crecimiento económico durante los últimos 20 años promedia 2.6% y el incremento de la productividad apenas 0.9% anual. Ello implica que desde la década de 1990 el producto generado por trabajador ha permanecido prácticamente estático. Este fe­nómeno ha sido letal para el desarrollo del país, ya que el crecimiento del ingreso por habitante que depende del incremento de la productivi­dad laboral también se ha estancado.

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Crecer o no crecer

México ha llevado a cabo reformas para trans­formar su economía desde hace más de dos décadas; sin embargo, estos cambios no han generado resultados homogéneos, favore­ciendo el surgimiento de dos economías con realidades totalmente distintas.

Por un lado existe un sector económico altamente productivo, en que se desarrollan em­presas exportadoras líderes en mercados como el automotriz o el aeroespacial, que cuentan con acceso a financiamiento y a tecnología de punta que les permite innovar y competir exitosamen­te en mercados globales.

De manera paralela está la otra economía mexicana, en que las Pymes enfrentan el reto de subsistir en un ambiente de negocios adverso. En este entorno, las condiciones para ser productivo, innovar y competir exitosamente son complejas y costosas, pero sobre todo generan incentivos para operar en la informalidad.

Actualmente la agenda de reformas estructurales está encaminada a eliminar algunas de las barreras más importantes que por años han detenido el crecimiento del país, pero no puede solucionar per se todos los problemas de la economía.

Sin duda, el abaratamiento en costos de electricidad, la disposición de combusti­bles de calidad a mejor precio, el mejora­miento de la infraestructura y el acceso a telecomunicaciones son pasos necesarios para mejorar el ambiente de las empresas mexicanas. Con todo, ¿será posible revertir la caída de la productividad de algunas de las industrias mexicanas más importantes?

Entre 2008 y 2013, la productividad de la in­dustria manufacturera, uno de los sectores más dinámicos de la economía, creció únicamente 1.2%. Dentro de este sector destacan por su pro­ductividad creciente la producción de equipo de transporte y de automóviles, cuyo producto aumentó 0.5% y 3.7%, respectivamente.

Por el contrario, ramas como la construcción, comercio mayorista y minorista, que aportan casi 26% del PIB total, registran una productivi­dad decreciente (-1.1%, -1.3% y -0.2%, en la misma relación). Esto es de suma relevancia si se tiene en cuenta que esos sectores emplean más de 25% de la fuerza laboral del país.

En México, los diferenciales en productivi­dad entre los diferentes tamaños de empresas son abismales. Mientras que la productividad de las grandes empresas crece a tasas cercanas a 6%, la de las empresas medianas apenas lo hace 1%. El panorama es desolador para las micro y pequeñas empresas, las mayores gene­radoras de empleo del país, ya que su producti­vidad decrece a tasas de 6.5%.

Las empresas informales evitan pagos de seguridad social, evaden la regulación sanitaria y ambiental, eluden el pago de impuestos. No se ven obligadas a firmar contratos por servicios públicos ni por emplear a un tra­bajador. Al mismo tiempo, no tienen acceso a financiamiento ni a tecnologías innovadoras ni a estrategias gerenciales, lo que les impide crecer, innovar y ser más productivas.

 

¿Qué hacer?

México tiene un ambiente macroeconómico estable, acceso a flujos de inversión que se encuentran entre los más altos de América Latina, está ubicado geográficamente al lado del mercado más grande del mundo y cuenta con empresas líderes en mercados globales.

Sin embargo, estas ventajas no son aprove­chadas para generar una economía dinámica ni un ambiente de negocios que ofrezca condi­ciones de igualdad y certidumbre, y que fomente la productividad del sector empresarial. El actual régimen regulatorio genera incentivos equi­vocados que condenan al “enanismo empresa­rial” y hace poco atractivo para las empresas el crecer o formalizarse.

En un intento por atender este problema, el gobierno lanzó el Programa para Democratizar la Productividad 2013-2018, con la intención de eliminar los obstáculos que limitan el potencial productivo de ciudadanos y empresas. El programa involucra a varias dependencias de gobierno para llevar a cabo tareas específicas en favor de la formalidad y el uso eficiente de los recursos productivos.

Aún es pronto para saber si las acciones planteadas son efectivas para revertir la improductividad de la mano de obra y corregir la estructura de la economía mexicana. Pero la necesidad de elevar la productividad es urgen­te si se pretende realmente que la nueva ola de reformas estructurales genere un mejor ambiente de negocios, en que las empresas crezcan, generen mejores empleos y así se mejore el nivel de vida de los mexicanos.

 

 

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