Por David Ehl

DW.- Las miles de personas que se reunieron en la capital de Hungría este domingo por la noche (16.12.2018), día de Adviento, no sostenían velas sino celulares. Su mensaje no era religioso sino político. Exigen que su primer ministro, Viktor Orbán, retire una ley que permite a los empresarios reclamar hasta 400 horas extras al año a sus empleados: la llamada “ley de esclavitud”. ¿Qué está sucediendo en Europa?

Hungría: “Orbán, márchate”

Muchos manifestantes demostraron el pasado domingo que les preocupan muchas cosas, además de la ley de horas extras o la política social de su primer ministro. Bajo Viktor Orbán, los trabajadores han perdido cada vez más derechos mientras las empresas se ven fortalecidas. También hay mucho descontento con las acciones de Orban contra personas sin hogar y migrantes.

 

Protestas en Belgrado, Serbia. Picture-Alliance/dpa/AP/MTI/M. Drobnjakovic

Serbia, contra el poder del Estado

En la capital de Serbia, Belgrado, miles de personas salieron a las calles de nuevo este fin de semana. Muchos de ellos expresaron su enojo hacia el Gobierno con silbidos y bocinas, como en las protestas masivas contra el régimen de Milosevic en los años noventa. El detonante de las protestas actuales fue un ataque brutal contra el líder de la izquierda serbia, Borko Stefanovic. Hombres con camisas negras golpearon al político a fines de noviembre en la ciudad de Krusevac, en el sur de Serbia, con una barra de hierro y resultó herido de gravedad. El presidente Vucic condenó el ataque y los autores del delito fueron capturados. Sin embargo, la oposición sigue acusando a Vucic, quien con su retórica ha originado un clima de violencia en el país.

Albania, algo más que las altas tasas universitarias

En Albania, desde el comienzo de diciembre, los estudiantes protestan para que se reduzcan las tasas de las matrículas universitarias. En las universidades estatales, oscilan entre los 160 y los 2.560 euros. El salario promedio en dicho país balcánico es de 350 euros. Sin embargo, los manifestantes en la capital de Tirana, y en varias otras ciudades del país, se manifiestan también en contra del gobierno del primer ministro Edi Rama. Entre otras cosas, critican la pobreza generalizada en el país y los altos precios de la gasolina.

Manifestante del grupo Chalecos Amarillos, en París./REUTERS

Francia: ¿Qué pasará con los chalecos amarillos?

Hace unas semanas en Francia, los “chalecos amarillos” bloquearon las calles debido a los altos precios de la gasolina. La protesta nacional, cada vez más masiva, ha perdido algo de impulso, luego de las medidas anunciadas por el presidente, Emmanuel Macron, y el atentado de Estrasburgo. Los niveles de protesta en París el fin de semana pasado estuvieron muy por detrás de los de las semanas anteriores.

El programa de emergencia de mil millones de dólares, que incluye el aumento del salario mínimo en 100 euros, pone el presupuesto económico francés en apuros. En 2019, es probable que Francia tenga problemas con el Pacto de Estabilidad Europeo, debido a la deuda. Los chalecos amarillos, por su parte, lograron su objetivo principal: la suspensión de un impuesto ecológico sobre los combustibles fósiles. En sus cortas semanas de existencia, el movimiento ha dado lugar a un contagioso dinamismo, que se ha extendido con mucha fuerza hacia diversas direcciones políticas. Este rápido crecimiento podría socavar el movimiento si los objetivos divergen tanto que ya no puedan ponerse de acuerdo sobre una agenda común.

Europa, ¿unida en la protesta?

La catedrática experta en manifestaciones, Sabrina Zajak, dijo a DW que también “hay insatisfacción en otros países europeos”, pero no cree que se vayan a extender de manera significativa. En Alemania, concretamente en Múnich, solo 100 personas se manifestaron con chalecos amarillos, siguiendo la llamada de la política Sahra Wagenknechts, del nuevo partido alemán “Aufstehen”, (De pie o Levantarse). Según Zajak, “la protesta en Francia tiene que ver con el contexto muy específico del país”.

Las protestas en Europa del Este contra sus gobiernos son también muy específicas. “Un movimiento de protesta europeo sería una amenaza si se trataran de preocupaciones transnacionales, si por ejemplo están en juego los puestos de trabajo de pescadores, viticultores o agricultores”, dijo el sociólogo Dieter Rucht a la cadena pública alemana ZDF. “Pero lo que sí se observa en casi todas partes de Europa es un nivel creciente de disgusto e inquietud”, añadió.

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