Marta sembró una semilla que ya da frutos y tiene impacto social. Ahora más personas ven que a través de la comida se puede crear un círculo virtuoso para una comunidad.

 

Marta Zepeda recibió el Premio Nacional de Calidad 2015 en la categoría Turismo hace unos días por el desempeño de su hotel y restaurante Tierra y Cielo en San Cristóbal de las Casas. Ella es chef, también es empresaria. Y eso no está peleado con que sea esposa y futura madre.

Ella decidió poner manos a la obra en su tierra: el 90% de los que trabajan en su empresa son chiapanecos de entre 18 y 35 años, y de ellos la mitad son mujeres, y un poco más de la mitad, indígenas. El 70% tiene estudios básicos y muchos aprendieron a leer y escribir ahí, y hoy el equipo es acreedor de seis distintivos de calidad, explicó.

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Tierra y Cielo significó hacer realidad su proyecto de tesis y contó que el concepto ha cambiado muchísimo desde que empezó. Han enfrentado varios retos: la apertura les llevó más de cuatro años, capacitar al personal se convirtió en un esfuerzo permanente y no bastó con que implementaran procesos de sustentabilidad, sino que se convirtieron en promotores. En la actualidad tienen distintivos como los H, M y Punto Limpio, forman parte de Tesoros de México y Marca Chiapas, y recibieron el Premio Nacional del Emprendedor 2014, entre otros.

2Es la primera vez que en Chiapas se recibe este premio que existe desde hace 26 años. A Marta le parece fundamental contagiar a más chiapanecos para que trabajen en este tipo de modelos.

Opinó que al participar se incrementa la competitividad y sostenibilidad de las empresas. El proyecto de vida de esta chiapaneca no se encasilla en un simple “emprendimiento”. Ella dirige el timón de este barco, que es una muestra de un tipo de negocio de un rubro en el que México tiene amplias oportunidades para sobresalir: el turismo gastronómico.

Marta afirmó que cada vez son más las personas interesadas en realizar un viaje gastronómico, pues reciben a clientes más especializados. “Pero debemos trabajar muchísimo para lograr hacer del turismo gastronómico un producto integral donde el turista pueda disfrutar de la verdadera gastronomía del país. El 80% de nuestros clientes son mexicanos, la mitad nos visita de la Ciudad de México y alrededores y el resto de los lugares que tienen conectividad aérea como son Guadalajara, Monterrey, Tijuana y Cancún.”

Cuando conocí el hotel y restaurante Tierra y Cielo comprobé el porqué me lo habían recomendado tanto. Fue corta mi estancia en esa ciudad, y aun así mi amigo y yo decidimos regresar más de una vez, pues ahí se puede conocer la comida chiapaneca auténtica. No se inclinó por la tendencia de abrir un local de cocina extranjera (tan común en este destino turístico en el cual en las calles se ve a chamulas, coletos, argentinos, franceses y capitalinos por igual caminando por sus calles). Con ella pudimos comer mole coleto, sopa de chipilín con bolitas, chile simojovel, el aguardiente posh, postres con cardamomo y cacao, y un café chiapaneco excepcional.

Marta le diría a las mujeres que desean empezar una empresa en el sector de turismo gastronómico que trabajen en forma socialmente responsable, procurando beneficiar a toda la cadena productiva, que se sumen a la tarea de valorar lo propio y de promover nuestra identidad, y que lo hagan con un plan de negocios.

“Considero que la improvisación es algo que no resulta. Cuando se abre una empresa no significa que vaya a ser negocio. Éste se logrará como consecuencia de la correcta administración de los recursos y de la capacitación que se le dé a los colaboradores, ya que, al final, ellos son los que están en contacto con el cliente”, agregó.

Este reconocimiento es importante, pues emociona y hace pensar en ese feminismo que defiende el hecho de que las mujeres participen activamente en los sistemas de poder en la sociedad.

Concuerdo con el discurso de género en el cual lo fundamental es destacar las cualidades personales y no las generalidades. No creo en un análisis que se dedique a sólo dar estadísticas o los que se quedan en la idea simplista de decir que “ya hay más mujeres empresarias”. La inclusión no es suficiente para hablar de equidad: es imperante que las mujeres hablemos de otras mujeres y de mostrar ejemplos de cómo día a día todos en sociedad construimos espacios más justos y colectivos.

Justo por eso elijo contar la historia de Marta, incluyendo este ángulo alterno a la gastronomía y al turismo, pues en México sigue habiendo desigualdad en los sueldos que las mujeres reciben respecto a los que perciben los hombres, siguen sucediendo despidos por embarazo, continúa habiendo discriminación a mujeres indígenas, sigue existiendo acoso laboral y, peor aún, son altos los índices de violencia de género y feminicidios.

El mensaje que da Marta a otras empresarias y mujeres es poderoso, pues además de recibir el reconocimiento, no acudió sola a recibirlo. La acompañó la señora María Gómez, pues dijo que “muestra la identidad que identifica a su equipo de trabajo”.

3Ese discurso sin palabras, de dar la mano a mujeres para trabajar en conjunto, es significante: Mary no se quedó en el podio sentada hasta atrás, y Marta no olvidó el nombre de su colega. Hacen falta más que buenas intenciones para dar su lugar a cada miembro de un organismo.

“Mary es originaria de Oxchuc, municipio indígena tzetzal, pero vive en San Cristóbal desde hace 16 años. Entró a nuestro equipo como lavaloza, después fue ayudante de cocina y ahora es cocinera de producción. En Tierra y Cielo aprendió higiene, recetas tradicionales, ingredientes chiapanecos, conoció a productores y maneja los distintivos de calidad. Es un ejemplo de cómo los colaboradores pueden desarrollarse en nuestra empresa”, dijo.

¿Qué sería de la cocina mexicana sin todas esas mujeres que dejan su vida trabajando de cocineras, mayoras y chefs, ganándose el pan con su sazón? Marta no sólo prepara delicias con ingredientes de su terruño, integrando a los pequeños productores: ella decidió dar empleos, eligió ayudar a su ciudad, se propuso que más personas conocieran la riqueza cultural de este estado que ha sido tan desigual desde hace muchas generaciones (y que en ocasiones te hace pensar que en él no ha acabado la Colonia).

Marta sembró una semilla que ya tiene frutos e impacto social. Y sí, ahora más personas ven que a través de la comida se puede realizar una travesía cultural y, sobre todo, un círculo virtuoso para una comunidad.

 

Contacto:

Twitter: @madame_bijoux

 

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