La no aprobación de la Reforma Educativa en el Senado de la República, abre un espacio de discusión sobre el potencial legislativo de los partidos en las cámaras del Congreso de la Unión, así como de los aspectos de disciplina partidaria que hacen posible la cohesión de los partidos y la coherencia con las decisiones que apoyan en diversos momentos de la discusión política, más en un contexto donde el partido mayoritario cuenta con mayorías endebles.

El rechazo del PRI a votar con Morena una reforma que había sido ya pactada, debido a la incapacidad para abrir el diálogo sobre aspectos menores, en general, deja ver que la idea de que las fracciones parlamentarias de Morena no son monolíticas y que, en ocasiones, le cuesta trabajo conseguir objetivos a pesar de tener acuerdos construidos y diversas posibilidades de alianza.

En la Cámara de Diputados, Morena no tiene problemas para pasar leyes por sí misma como fracción parlamentaria, pues cuenta con 258 diputados, 7 más de los necesarios para alcanzar 251 como mínimo para usar su mayoría. Pero para alcanzar mayoría calificada, requiere de 334 votos, por lo menos, lo que implica la necesidad de incorporar a otras personas a la alianza. Para alcanzar esos votos requiere de 76 adicionales, por lo que los votos del PES (29) y del PT (28), no son suficientes para ello, pues solo alcanzaría a tener 315. Hay 9 diputados sin partido, que han renunciado a otras fuerzas parlamentarias, por lo que, si se integran, alcanzarían 324 votos.

Es entonces cuando aparece el potencial legislativo de otros partidos. Por ejemplo, el PVEM o MC le darían los 11 votos, equivalentes al total de las fracciones parlamentarias de cada uno, para poder alcanzar 335 votos, con lo que tienen dicha mayoría. En el caso del PVEM, dichos votos no han sido negados en las ocasiones en que Morena lo ha requerido, por lo que la alianza Morena-PES-PT-PVEM-Sin partido, es funcional para la mayoría calificada y la más sencilla de construir, debido a las afinidades que dichos partidos tienen, en términos de interés. Esta alianza es más fácil de construir, debido a la influencia y el liderazgo del presidente López Obrador sobre las dirigencias de dichos partidos, por lo que los costos son más bajos.

Sin embargo, Morena podría buscar una alianza directamente con los 78 integrantes del PAN, con lo que se obtendrían 336 votos, los necesarios para una reforma constitucional. En este caso, los costos son distintos, en términos de los intereses y las capacidades, incluso al interior del PAN, para asegurar una alianza con Morena. Pero por la confrontación que ha generado el presidente con sus adversarios, es poco probable que pueda ser una opción, tanto para Morena como para el PAN. En este caso, integrar al PRI tiene pocas ventajas, pues algunos de sus 47 votos solo son necesarios si MC o el PVEM no se integran a dicha alianza.

En el Senado la historia es distinta, Morena requiere de 65 votos para lograr la mayoría para pasar leyes, por lo que solo debe sumar sus 59 votos, con los 5 del PES y alguno de los 6 del PT o viceversa, si suman al senador independiente, entonces la alianza Morena-PES-PT-Senador Independiente daría 71 votos. Si por afinidad suman a los 5 del PRD, llegarían a 76. Pero para hacer una mayoría calificada requiere de 86 votos, por lo que le faltarían 15 votos sin el PRD o 10 con el PRD. Los 14 votos del PRI no son suficientes, por lo que falta un voto que podría salir de los 6 del PVEM, lo más factible, o los 8 de MC. En este contexto, el PRI es indispensable, porque sus 14 votos no son sustituibles por los de MC, más cercano al PAN o los de PVEM que seguramente si irían con Morena, pero no son suficientes.

En este caso, el PRI tiene un potencial legislativo mayor que el resto de los partidos. A diferencia de la Cámara de Diputados, una alianza directa Morena-PAN no es tan factible, no únicamente por la lejanía de sus posiciones, sino porque alcanzarían solo 83 votos para una reforma constitucional, por lo que el potencial del PAN disminuye.

En ese sentido, valorar lo que pasó en el senado es importante, a la luz de la dinámica de alianzas congresionales que Morena tiene que negociar, para pasar dichas reformas constitucionales, lo que implica un costo legislativo importante, no únicamente con respecto al contenido de las reformas constitucionales o leyes, sino a la discusión multidimensional sobre el trabajo legislativo cotidiano.

 

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