Mientras el mundo ha avanzado en las últimas tres décadas y la globalización ha derribado barreras y levantado el progreso, en Estados Unidos un candidato presidencial plantea el regreso a los muros, al proteccionismo y al cierre del libre comercio y movilidad de los factores de la producción. Así, en Estados Unidos un republicano plantea empezar a levantar un muro fronterizo.

De toda la retórica de campaña usada por Donald Trump (candidato republicano), pocas son las propuestas económicas que ha planteado. Sin embargo, de éstas se pueden desprender más efectos negativos que positivos para la economía estadounidense y para sus principales socios comerciales. De ponerse en práctica, dichas políticas podrían tener un potencial desestabilizador importante que afectaría al resto del mundo.

Pocas son las propuestas que el candidato ha delineado durante la campaña. Entre las que básicamente constituyen el polo de atracción de sus simpatizante están: la propuesta fiscal, de comercio exterior y la de inmigración, que se manejan como los ejes principales para crear empleos y hacer crecer a la economía.

La mayoría de sus propuestas plantean lo que se pretende hacer, pero carecen de acciones concretas para lograrlas. Existe la posibilidad de que dichas acciones lleven a resultados contradictorios, que al final obligarían a echar reversa o incluso desechar las propuestas en caso de que Trump ganara la elección presidencial.

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Las propuestas, con cierto grado de inconsistencias, han reflejado un programa económico que podría caracterizarse como: globalifóbico, antiinmigrante, expropiatorio, inflacionario y recesivo, lo que al final se quedaría corto en su intención de generar empleos, precisamente porque en lugar de producir crecimiento podría mandar a la economía a una recesión prolongada.

En materia fiscal se plantea reducir impuestos a la clase media y a las corporaciones, exentar a los estratos de menores ingresos, eliminar las deducciones no justificadas y elevar los impuestos a los más ricos. Políticamente suena atractiva para algunos grupos sociales, pero económicamente es inconsistente, ya que la reducción de impuestos no encuentra compensación en las fuentes de ingresos. Esto, al final, agravaría el desequilibrio fiscal que se pretende eliminar en ocho años.

Mayor desequilibrio fiscal y limitado poder contracíclico monetario agravarían la vulnerabilidad de la economía estadounidense. Si a esto se le agrega que China continúa siendo uno de los mayores tenedores de la deuda estadounidense, pero también una de las víctimas de la propuesta anticomercial del candidato, entonces el panorama económico podría volverse tenebroso para Estados Unidos. Sobre todo si los chinos deciden deshacerse masivamente de la deuda estadounidense.

En cuestión de inmigración, además de las acciones para contrarrestar el terrorismo, la medida que más ha llamado la atención es la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México. De éste se dice que México pagaría su construcción, y para forzar el pago se recurriría a medidas que atentan contra la propiedad privada. Y mientras ese pago no se materializa, el aspirante republicano plantea medidas expropiatorias de las remesas de los trabajadores indocumentados, aumento en el costo de las visas y de las cuotas en los puertos de entrada y acciones para desestimular la contratación de extranjeros a través de las visas de trabajo (H-1B). Asimismo, propone eliminar la ciudadanía automática para los futuros recién nacidos de padres indocumentados.

Esta política antiinmigrante tiene al menos dos efectos económicos negativos:

― Primero, obligaría a la elevación del costo salarial en aquellos trabajos en los que se ocupa a los inmigrantes ilegales y que aparentemente pasarían a ser ocupados por estadounidenses.

― Segundo, se limitaría el avance de la productividad al restringir la entrada de trabajadores profesionales calificados. Al final, no se crearían más empleos porque sólo se daría el remplazo de unos por otros, pero además se encarecería el costo laboral para las empresas, lo cual redundaría en mayor inflación.

En materia de comercio exterior se plantea eliminar los desequilibrios comerciales con China y México, incluso afectar el comercio con Japón a través de un impuesto a las importaciones, que sería de 35% para México y 45% para China.

Esta medida, que atenta contra la globalización y promueve el proteccionismo, resulta bastante ingenua, ya que olvida que cerrar el mercado estadounidense a las importaciones también implica cerrar los mercados externos a las exportaciones norteamericanas.

― El primer efecto pernicioso de dicha medida anticomercial sería una escasez de materias primas y bienes de consumo tanto para productores como consumidores estadounidenses.

― El segundo impacto sería el efecto precio generado por el arancel, lo que afectaría a la inflación. Con ello, los estadounidenses enfrentarían no sólo una limitada oferta de productos sino también el encarecimiento del consumo. Así, la restricción comercial tendría el potencial de generar recesión con inflación en Estados Unidos.

Dejando de lado el hecho de que tanto China como México podrían tomar medidas de represalia comercial en el mismo sentido, estos países podrían reaccionar con una defensa más inteligente y menos controversial. En lugar de imponer el mismo arancel a los productos estadounidenses, China y México podrían depreciar sus monedas en la misma proporción que el arancel impuesto. Esta depreciación cambiaria contrarrestaría el impuesto Trump tanto en precio como en cantidad en el mercado estadounidense.

Así, además de los limitados beneficios que la propuesta comercial de Trump pudiera generar, dicha política tiene el gran potencial de desatar no sólo un conflicto comercial sino también una guerra cambiaria.

El potencial desestabilizador de dicha propuesta comercial tendría alcance global, ya que siendo Estados Unidos la principal locomotora de la economía mundial, el resto del mundo se vería afectado por una posible recesión estadounidense generada por el conflicto comercial.

Lo peor de este escenario es que el mundo enfrentaría una recesión en una situación de rompimiento de los canales de colaboración y coordinación de políticas económicas. Bajo este escenario, desafortunadamente la recuperación sería un evento de largo plazo para la economía mundial.

 

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Página web: Alfredo Coutino

 

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