Existe poca claridad en las reglas de competencia, y los niveles de capital y compromiso exigidos son tan altos que se privilegia la entrada de grandes capitales por encima de la formación de corporativos integrados por pequeños inversionistas.

 

A pesar de la inestabilidad en los precios del petróleo, hay empresas que siguen interesadas en invertir en el sector energético mexicano, que a partir de su reforma permitió la entrada de capital privado nacional e internacional, pero los requisitos de capital y compromiso son tan altos que se privilegia la entrada de grandes capitales, muy fuertes, por encima de la formación de corporativos integrados por pequeños inversionistas.

El director de Mercados Energéticos Globales de la casa de bolsa GMCI, Eduardo Rodríguez, dijo en entrevista que el sector energético mexicano presenta aspectos muy positivos para los inversionistas, como los costos operativos menores, el acceso a mano de obra capacitada, conocimiento de los activos petroleros y la cercanía del país con el mercado final, Estados Unidos.

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Sin embargo, aun con la reforma estructural del sector de hidrocarburos en México, existen candados y trabas para que las firmas energéticas integren sociedades y consorcios que les permitan afrontar el dramático declive de los precios y su consecuente volatilidad.

A la fecha, están en proceso tres convocatorias para las licitaciones de la llamada Ronda Uno. En la primera se licitaron 14 áreas y 34 empresas pagaron su registro. La apertura de propuestas y declaración de ganador está programada para el 15 de julio próximo.

En la segunda, 27 empresas se interesaron por la convocatoria, y hasta el 12 de mayo se habían inscrito formalmente 10 de ellas. En la tercera convocatoria se espera la adjudicación de 26 áreas terrestres en Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco y Chiapas.

En todos los casos, los contratos para los ganadores de las licitaciones deberán establecer, como demanda la ley, que el Estado es propietario de los hidrocarburos en el subsuelo.

Las reglas de competencia impuestas en las bases de licitación que emitió la Comisión Nacional de Hidrocarburos –definidas por las secretarías de Energía y de Hacienda– complican las posibles o deseadas asociaciones, porque prohíben que la empresa forme más de un consorcio durante la fase licitatoria y además ésta debe ser la capitalista mayoritaria.

En este sentido, Rodríguez explica que ubicándose en la historia y la realidad, “uno puede decir: es imposible que el gobierno quiera establecer estas bases, cuando el momento histórico es difícil y los mercados no son muy favorables”. Entonces, apunta, habría que aplicar una fórmula que ya funcionó.

El experto de GMCI plantea que el modelo que México podría establecer es el caso histórico que se registró en 2003, cuando las compañías juniors canadienses llegaron a Colombia con 5 o 10 millones de dólares, “invirtieron su capital, llevaron su capital humano, el know how, y de alguna manera colocaron las piedritas de lo que ahora son grandes compañías, como Pacific Rubiales, Gran Tierra y Canacol, que ahora quieren introducirse en México”.

“Si lo que quieres es crear una industria, tienes que permitirle al inversionista que participe.” Explica que si estas compañías tuvieran la oportunidad de entrar a las rondas, o asociarse con otras que ya están en México, pudiera darse esa sinergia, que va a imprimir una mecánica empresarial en un mercado monopólico nacionalizado para generar la eficiencia en el mercado, y consolidarlo en la siguiente etapa.

Como factores negativos, el especialista identifica varios: “uno es el marco legal, debido a la mala percepción internacional que tiene México, y el antecedente histórico de la expropiación, que da un mal sabor de boca a los inversionistas, y los términos que no son muy claros para delimitar las estructuras que marquen quién puede competir, cuáles son los niveles, las excepciones, capital, además de experiencia técnica y financiera”.

Aquí, subraya, existe poca claridad y los niveles que se están pidiendo, de capital y compromiso, son muy altos. Al combinar la falta de claridad en el proceso con el antecedente histórico de las expropiaciones, además de que México se percibe como corrupto, se le genera incertidumbre al cliente. “Lo más negativo que puedes darle a un inversionista es la incertidumbre de su capital.”

Entre las grandes ventajas para invertir en México, Rodríguez identifica el costo: “Pemex reporta un costo por explotación del rango de 10 dólares en tierra y 40 dólares el barril en aguas profundas. Si hoy el West Texas Intermediate (WTI) está en 58.50 y el Brent en 65 dólares, entonces sí puedes producir a 40 dólares en aguas profundas, en México sigues siendo competitivo. No es el gran negocio, pero la empresa tiene oportunidad de ganar.”

Otra ventaja, dice, es que la inversión va a crear una cadena de valor con un efecto multiplicador muy benéfico para la industria nacional. “Cada dólar que genere la industria petrolera en México va a traer un beneficio neto de –a lo mejor– un dólar con 50 centavos, entonces ya estamos hablando de eficiencias en el mercado interno.”

 

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