Cuando miramos la realidad desde una perspectiva positiva, aumentan las probabilidades de que comuniquemos ese sesgo e influyamos de este modo en la conducta del otro o en nosotros mismos.

 

 

“Las expectativas altas son la llave para alcanzarlo todo”.

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Sam Walton.

 

 

Lo que presupone de otra persona se hará verdad, para bien o para mal. Consciente o inconscientemente, nuestras expectativas se cumplen. Es la ley de expectativa.

Robert Kearns, un modesto profesor universitario, revolucionó la industria del automóvil en Estados Unidos con un invento de primera línea, pero además se embarcó en una titánica cruzada con las multinacionales automovilísticas para que reconocieran su participación.

Tras robar descaradamente su diseño y patente, el profesor decidió no dejarse ningunear por una de las industrias más importantes de Detroit. El inventor de los limpiaparabrisas automáticos con diferentes velocidades, luchó hasta conseguir que las enormes empresas le pagaran su invento, y lo logró.

Y es que Kearns tenía una madre que continuamente le decía: “Siempre lograrás lo que quieres. Tienes todo para hacerlo”. Él lo creyó. Los demás lo creyeron. Fue persuadido positivamente desde muy pequeño con la ley de expectativa para triunfar en la vida.

 

El postre y la cura que esperaba

Imagine que usted es una persona que cocina realmente mal, pero su pareja tiene la idea de que lo hace bien porque alguien se lo aseguró. Su propia madre lo reiteró en una plática que sostuvieron recientemente en un restaurante. Su pareja le pide que le haga un delicioso platillo como del que tanto presumen sus seres queridos. ¿Qué cree que hará a pesar de saber que no cocina tan bien? ¡Pues hacer un buen platillo! Es decir, tratará a toda costa de cumplir con las expectativas que tienen de usted.

Otro ejemplo de la ley de la expectativa es el conocido “efecto placebo”. Los científicos saben desde hace tiempo que si se da a alguien una pastilla diciéndole que es medicina (por ejemplo, contra el dolor de cabeza) muy probablemente esa persona sienta alivio por el solo hecho de creerlo. Un efecto semejante sucede con los hipocondriacos: si alguien dice tener gripe aviar y estornuda, empezarán a sentir síntomas extraños. Ellos esperan algo y en parte o en su totalidad, se cumple.

 

Aun sin luz, sé que espera mucho de mí

En administración es muy famoso Elton Mayo, quien en 1928 fue invitado a participar en un experimento para estudiar ciertas condiciones de trabajo relacionadas con luminosidad, ruido, fatiga y otras mejoras en el ambiente laboral que logran un aumento en la productividad. Ordenó suspender todas las mejoras que se habían implementado. Se quitaron los descansos programados, la luz mejorada, los almuerzos gratuitos y cualquier otra condición que pudiera parecer la razón del aumento de la productividad. El resultado fue algo inesperado: no bajó; por el contrario, aumentó.

Esto se debía a que los obreros fueron persuadidos para colaborar y se les convenció de la importancia del experimento. En cierta forma se vieron halagados y gracias a esa deferencia y a sentirse observados fueron claramente motivados al saber que “se esperaba” algo de ellos.

 

La mujer más bella del mundo

En la antigua Grecia, había un sacerdote y escultor llamado Pigmalión que comenzó a esculpir la estatua de una mujer. Cada día le dedicaba cierto tiempo y poco a poco se enamoró de la figura que él mismo creaba. Mientras más tiempo le dedicaba, más se asombraba de lo hermosa que le estaba quedando. Al final se convenció de que no habría mujer real sobre la tierra más bonita, por lo que pidió a los dioses que le dieran vida y constantemente les suplicaba. Lo pidió con tanto anhelo y pasión que su deseo le fue concedido: hicieron realidad su sueño y se convirtió en una mujer de carne y hueso.

El efecto Pigmalión no solo es mitológico: una persona consigue lo que se propone si cree que puede hacerlo. La profecía autocumplida se manifiesta como una expectativa que incita a las personas a actuar de tal forma que se vuelva una realidad.

La Psicología define el concepto de profecía autocumplida o efecto Pigmalión, como una expectativa o predicción cuyo efecto hace que quien la anuncie, realice de manera inconsciente actos que llevan a que se cumpla lo predicho.

Es un fenómeno interesante, porque los individuos raramente son conscientes de que son las propias expectativas las que influyen sustancialmente en el comportamiento del otro.

Esta ley de la expectativa puede resumirse con un refrán de Henry Ford: “Tanto si crees que puedes hacerlo, como si no, en los dos casos tienes razón”.

Usted tiene la varita mágica, ahora lo sabe.

Espere lo mejor de los otros y se cumplirá. Espere lo mejor de usted y sus sueños se harán realidad. Si lo hace al revés, su peor pesadilla y no su sueño, lo estará esperando sentado en su sillón favorito cuando regrese del trabajo.

“Espera que la gente sea mejor de lo que es; eso les ayudará a convertirse en algo mejor. Pero no te decepciones cuando no lo logren; les ayudará a seguirlo intentando”.- Merry Browne.

 

 

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