En el proceso electoral 2014-2015, los candidatos a diputados tendrán un tope máximo de 1.2 mdp para gastos de campaña y mucho tiempo en medios de comunicación. Pero, ¿es efectiva la propaganda política o sólo es dinero (de los contribuyentes) tirado a la basura?

 

Millones de spots en radio y televisión, anuncios, espectaculares, eventos y hasta volantes. Ésas son  las herramientas más comunes que los candidatos utilizan para dar a conocer sus propuestas en tiempos electorales; sin embargo, producir esta propaganda es caro, genera contaminación, tiene una eficiencia cuestionable y el costo corre por cuenta (en su mayoría) del bolsillo de los contribuyentes.

¿Qué tan efectiva y cuánto cuesta la propaganda política? Tan sólo el presupuesto para gastos de campaña para diputados de mayoría relativa tiene un tope máximo de 1.2 millones de pesos (mdp) para el Proceso Electoral Federal 2014-2015. En precampaña, los candidatos a diputado tuvieron un tope máximo de 224,074 pesos, según datos del Instituto Nacional Electoral (INE).

En el Distrito Federal, el tope de gastos de campaña para la elección de 16 delegados y 40 diputados de mayoría relativa es de 33.2 mdp en cada caso.

El INE define los gastos de campaña como los desembolsos para pintar bardas, generar mantas, volantes, pancartas, renta de equipos de sonido, eventos políticos realizados en lugares alquilados, propaganda utilitaria y otros similares. En medios impresos se refiere a inserciones pagadas, anuncios publicitarios y sus similares. Y en televisión y radio contempla los realizados para el pago de servicios profesionales, uso de equipo técnico, locaciones o estudios de grabación y producción, así como los demás inherentes al mismo objetivo.

El presupuesto para gastos de campaña podría ser aún mayor, pues el INE aprobó duplicar el tope de financiamiento privado que pueden recibir los partidos políticos de 74.8 mdp a 153 mdp. Los consejeros aprobaron tres bolsas de financiamiento privado: la primera establece la cifra de 78.1 millones de pesos como límite de aportaciones que cada partido político podrá recibir. El tope de aportaciones de los simpatizantes será de 37.4 mdp, al igual el de los candidatos y precandidatos.

“El dinero para las campañas es más o menos la mitad de lo que se necesita para organizar una elección. Más aún, en 2006 los partidos pagaban casi 70% de lo que se les daba para sus campañas en Radio y TV, y ahora ya no pagan ese dinero, pero se les sigue proporcionando e incluso mucho más”, asegura en entrevista para Forbes México Gustavo López Montiel, profesor de Ciencia Política del Tec de Monterrey, campus Ciudad de México.

Además del presupuesto y el flujo del dinero privado, la fiscalización es otro punto delicado en materia económica para estas elecciones. “El nuevo modelo que propone la reforma electoral más reciente obliga a que el INE fiscalice durante el ejercicio que se está llevando a cabo, y no esperar hasta que los sujetos entreguen los informes a la autoridad, como ocurría anteriormente. No hay otro modo de cumplir con los plazos que solicita la ley para la resolución de la fiscalización”, advirtió Benito Nacif, presidente de la Comisión de Fiscalización del INE.

Esta fiscalización también podría evitar que entre dinero ilícito a las campañas. “El tema es cómo se puede evitar que entre más dinero que no esté permitido por la ley a las campañas electorales. Lo que debería de haber es una mejor forma como se construye la bolsa para repartírsela a los partidos”, asegura López Montiel.

Para el especialista, la fiscalización tiene un punto ciego. “El INE puede generar convenios con autoridades financieras y fiscales, para saber hacia a dónde gira el dinero. Pero hay una parte que no se contempló en este sistema, y es la parte de la Ley de Coordinación Fiscal, que trata de cómo los gobernadores utilizan este dinero en sus estados  y cómo es fiscalizado. Contemplar eso en la reforma habría hecho más.”

Basura electoral y pocos resultados

La inversión en propaganda tiene un daño colateral que aumenta la controversia: la basura electoral. En las campañas electorales de 2012, la propaganda plástica costó al menos 8.5 millones de pesos (mdp), según datos de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico (Anipac).

Las elecciones intermedias de 2013 dejaron 400 toneladas de basura; a su vez, las elecciones de 2012 generaron 2,500 toneladas de desperdicios, 40% de éstas (casi 1,000 toneladas) en el DF, afirman datos del Anipac. Este tipo de residuos plásticos requiere más de 20 años para degradarse, según estudios de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

“No es lo ideal atestar las calles con este tipo de propaganda. Un espectacular o un volante que poco informa a la ciudadanía, no ayuda mucho a profundizar la calidad del debate. La propaganda política debe mejorar su calidad; no sólo debe de ser un instrumento  de colocación de marcas. Los partidos no son marcas, no deben manejarse como marcas”, asegura en entrevista para Forbes México Luis Miguel Carriedo, asesor del INE y especialista en temas electorales.

Según el propio Instituto, para las precampañas federales que iniciaron el pasado 10 de enero y durarán hasta el 18 de febrero, en radio y televisión se transmitirán 7 millones de spots. Serán un total de 15 millones de mensajes electorales por las precampañas, intercampañas y en la campaña.

“Ahora solamente hay spots de 30 segundos, porque anteriormente los anuncios de 5 minutos eran desperdiciados por los partidos políticos. No se está apostando por espacios más amplios, cuando en 2012 nos demostró que la sociedad quiere debates”, asegura Miguel Carriedo.

Para el especialista, el impacto de la propaganda política debe tener mayor calidad. “No se trata nada más de conocer el emblema del partido y más o menos de qué habla; se deben conocer propuestas más concretas. Los contenidos son muy pobres y no le permiten a la sociedad tomar una decisión más informada.”

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Redes sociales, el recurso desperdiciado

Otra forma de difusión de las propuestas de los candidatos son las redes sociales; sin embargo, al ser un espacio abierto, donde la libertad de expresión se refleja en su forma más pura, los actores políticos por lo general no se encuentran bien parados.

“Tal parece que la política mexicana ve en las redes sociales más una extensión de sus boletines de prensa que un canal bidireccional que puede acercarlos de forma muy efectiva a sus gobernados. En general, las cuentas de social media de funcionarios y políticos son serias, grises, planas y aburridas. Lo que leemos sólo son discursos planos y sin personalidad”, afirma en su blog en Forbes México, Rubén Vázquez, profesor en la FES Aragón y la Universidad Iberoamericana.

Es evidente también que las redes sociales superan las prácticas usuales de comunicación de los partidos políticos y sus actores. “Si los medios de comunicación (tradicionales) no tienen la confianza suficiente de la ciudadanía, en los grupos sociales se refleja la necesidad de contar con un nuevo generador de información”, comenta Raúl Trejo Delarbre, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

A pesar de la creciente aceptación de las redes sociales como apoyo de propaganda política, los partidos no les dan mucha importancia. “Hay partidos que invierten más en la estructura de la campaña, en operación política (traslado de votantes). Los partidos destinan menos dinero a la campaña en medios electrónicos y tampoco incrementaron el dinero que utilizan en medios impresos o medios alternos, como espectaculares, volantes, vallas o redes sociales”, considera López Montiel.

Eso se debe, según el especialista, a que las redes sociales sólo son eficaces si un medio tradicional, como la televisión o la radio, las respalda. “Las redes sociales son importantes siempre y cuando estén apoyadas en medios electrónicos. Por sí mismas no tienen tanta penetración.”

Y a manera de sentencia afirma. “Hay estudios que dicen que las campañas aportan una condición mínima en la forma que la gente vota. En mayor parte la gente ya trae una idea, un voto estructurado desde antes, por su cercanía o preferencia en partidos y candidatos. Las campañas únicamente impactan a los indecisos, pero es una cantidad muy pequeñas respecto a los votantes en general.”

 

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