El 48% de 252 empresarios entrevistados a nivel global dijo que jamás han entrenado o incluido a terceros en sus esfuerzos anticorrupción. Sólo el 27% dijo que sí entrena a terceros por lo menos una vez al año, según un estudio de Kroll.

 

Las relaciones con terceros, (proveedores, asesores, socios) continúan como el punto débil de las empresas dentro de sus programas anticorrupción, según un estudio de la firma de investigaciones corporativas y control de riesgos  Kroll.

El reporte Anti sobornos y corrupción 2015 de Kroll y Compliance Week, hecho entre 252 directivos de empresas a nivel global, indicó que las personas entrevistadas dijeron tener relación con al menos 2,900 terceros, y el 65% aumentó su relación con éstos.

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El dato preocupante, señaló Kroll, es que el 48% de los entrevistados dijo que jamás han entrenado o incluido a terceros en sus esfuerzos anticorrupción. Sólo el 27% dijo que sí entrena a terceros por lo menos una vez al año en la lucha contra el lavado de dinero y otras irregularidades ligadas a la corrupción.

El 50% de los empresarios encuestados dijo que los riesgos de corrupción y sobornos aumentarán en su compañía, debido a que sus operaciones se expanden a mercados que no conocen o son vulnerables, lo que los hace contratar a terceros como parte de sus operaciones.

El estudio reveló que la preocupación principal del 93% de los 252 grandes empresarios encuestados en todo el mundo, es el pago de sobornos, seguido del lavado de activos (61%), manipulación de ofertas (60%) y fijación indebida de precios (56%).

“Para una buena proporción de compañías, existe una clara oportunidad para mejorar sus esfuerzos en contra del soborno y de la corrupción, los resultados indican que cada vez más las compañías comprenden la importancia de incluir en sus programas de corrupción a sus asesores externos; así que esa práctica rápidamente se convertirá  en una norma” dijo en un comunicado Brian Weihs, Director de Kroll México.

Para combatir la corrupción, el 58% de los encuestados calificó sus procedimientos como “efectivos”  o “muy efectivos”,  pero sólo 33% mostró confianza en el monitoreo de cumplimiento.

Weihs recomendó que el grupo de compañías que cuentan con relaciones con terceros deben categorizarlos por nivel de riesgo y reevaluarlos a todos cada cuatro años; con mayor frecuencia aún a los de mediano y alto riesgo.

El directivo agregó que se deben comparar los costos de un programa robusto de cumplimiento contra los costos en multas, daño a la reputación y de esfuerzos de recuperación por no contar con medidas de recuperación.

 

 

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