DW.- Cientos de nuevos reclutas juran este martes su lealtad a la República Federal de Alemania, durante una celebración ante el edificio del Reichstag en Berlín, y también en otras ciudades alemanas. Se comprometen a servir al país, y a defender el Estado de derecho y la libertad del pueblo alemán. Este es uno de los cambios que introdujo la ministra alemana de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer. “AKK“, como se le suele llamar en Alemania, aspira a aumentar el prestigio y la visibilidad del Ejército alemán. Este pertenece, según ella, “al seno de la sociedad, al centro de nuestras ciudades y municipios”.

Este tipo de alabanzas públicas a la Bundeswehr no son comunes en un país cuyo Ejército desató, hace 80 años, la Segunda Guerra Mundial. Ya en 1980, hubo protestas violentas con cientos de heridos cuando el entonces ministro de Defensa socialdemócrata, Hans Apel, celebró por primera vez un juramento público de soldados del Ejército en el estadio Weser, en Bremen, y no, como se acostumbraba, solo detrás de los muros de los cuarteles.

Alemania, ¿potencia militar clave?

Actualmente, no solo no se cuestionan este tipo de juramentos públicos, sino que tampoco se ponen en tela de juicio las misiones de la Bundeswehr en el extranjero. Y con sus ideas, la ministra Kramp-Karrenbauer va incluso más allá: ella concibe a Alemania como una “potencia militar clave” en el mundo, como lo anunció en varios discursos, la semana pasada.

Es por eso que AKK quiere crear un Consejo Alemán de Seguridad, que deberá coordinar los recursos diplomáticos, militares, económicos, comerciales, de seguridad interna y de cooperación para el desarrollo. Además, pide mayor celeridad en la aprobación de resoluciones parlamentarias acerca de misiones militares, y que, en caso de emergencia, y en colaboración con los aliados, “se agote el espectro de los recursos militares”.

La ministra cuenta con el apoyo mayoritario del ala militar y de seguridad en este país. También el jefe de la Conferencia de Seguridad de Múnich, Wolfgang Ischinger, apoya la creación de un Consejo de Seguridad alemán.

¿Demasiadas misiones?

No obstante, hay quienes están en contra de las ideas de la ministra. Hans-Peter Bartels, comisionado parlamentario de las Fuerzas Armadas alemanas, piensa que, de momento, el Ejército alemán está sobrecargado. Actualmente, hay más de 3,000 soldados alemanes en misiones en el extranjero, en Afganistán, Mali y Níger, en los Balcanes, en el Mediterráneo, el Océano Índico, Jordania e Irak. A estas se suman otras misiones mayores de la OTAN en Europa. “Las tropas ya están excedidas ahora en sus capacidades”, señala Bartels.

También en lo referente a política exterior, la ministra siente soplar vientos en contra. A pesar de que excluye jugadas individuales y quiere actuar conjuntamente con aliados en misiones militares, muchos se preguntan cuáles serán esos posibles aliados. La OTAN es para Alemania, por lo general, el aliado más importante. Pero el presidente de Francia, Emmanuel Macron, dio recientemente por muerta a esa alianza debido a la postura incierta de EU, y apeló a reforzar la cooperación europea. La canciller alemana, Angela Merkel, por su parte, rechazó las palabras de su socio más cercano diciendo que “la OTAN es el pilar central de nuestra Defensa”.

Menos reparos frente a la Bundeswehr

En la clase política alemana, la postura hacia la Bundeswehr y su tarea ha cambiado mucho en los últimos diez años. Un ejemplo de esto fue la dimisión del expresidente alemán Horst Köhler, quien, luego de una entrevista sobre el rol del Ejército alemán, en mayo de 2011, se vio obligado a renunciar.

Köhler dijo entonces: “Estamos en camino a que la gran masa de la sociedad entienda que un país de nuestras dimensiones, con esta orientación hacia el comercio exterior y, por ello, también dependiente del comercio exterior, tiene que saber asimismo que, en caso de duda y de urgencia, la misión militar es necesaria para salvaguardar nuestros intereses, por ejemplo, las libres vías comerciales”. Tal afirmación fue fuertemente criticada, entre otras cosas, porque la Constitución alemana no permite guerras comerciales, y Horst Köhler tuvo que retirarse del cargo.

La actual ministra de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer, argumenta del mismo modo que Köhler, pero nadie le pide que dimita por eso. De hecho, las críticas a AKK se dirigen más bien hacia la sobrecarga de la Bundeswehr y menos hacia los fundamentos de un nuevo y mayor papel del Ejército alemán. La posibilidad de que Alemania refuerce su rol militar en el mundo parece ser aceptada, aparentemente, por una gran mayoría.

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