Pues sí: han pasado prácticamente 40 años desde que a Mick Jagger se le fue la lengua y declaró aquello de que preferiría estar muerto a seguir interpretando “Satisfaction” cuando tuviera más de cuatro décadas de vida, y he aquí que en pleno 2016, con 72 años a sus espaldas, siete hijos, cuatro nietos y un bisnieto, no sólo la sigue interpretando (más o menos con decoro) sino que sigue corriendo, brincando, contorsionándose por el mundo, particularmente por América Latina, y, de manera más específica, por el Foro Sol de la Ciudad de México.

¿Qué puedo decir? Son sus majestades. Sus Majestades Satánicas: The Rolling Stones.

Las leyendas. Los mitos. Simplemente, una de las bandas más importantes en la historia de la música rock. Y, desde hace mucho, ya convertidos también en uno de los grupos más lucrativos de la música en general.

2Porque también ha pasado una década desde que le dijeron a un periodista que ellos no salen de gira si no tienen un nuevo material, y he aquí que, en pleno 2016, y sin nuevas canciones en su haber —ni ahora y, por lo que se ve, ni próximamente—, se han embarcado en esta nueva gira llamada América Latina Olé Tour. (Con un gran éxito, por cierto, y sin álbum nuevo desde hace 11 años.)

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¿Qué puedo decir? Son sus majestades. Sus Majestades Satánicas. Los mismos que, cuando salen a carretera, terminan por aparecer en los primeros lugares de las listas de las giras más redituables, con un CEO, Mick Jagger, tan hábil para los business que podría ser la envidia de cualquier compañía de Silicon Valley.

Recordemos. A principios de los setenta, proveniente de un banco londinense de inversiones, Jagger conoció a Rupert Lowenstein, quien se volvería el asesor financiero del grupo. Él no sólo los convirtió en exiliados fiscales ante la realidad hacendaria inglesa, sino que establecería el entramado —de empresas— que les permitió establecer su discográfica-editorial Rolling Stones Record, y explotar la demanda de sus directos.

Dicho fríamente: de la mano de Lowenstein, Mick Jagger inventó el modelo de empresa que después imitarían todas las megaestrellas, del rock o de cualquier otra música. En primer lugar, el control de su legado discográfico —que, en su caso, ha viajado con ellos en su peregrinar por las diferentes multinacionales—. De igual forma, un nuevo trato con promotores de conciertos, que les otorgaban a ellos más privilegios y mejor porcentaje de las entradas. Eso, sin mencionar los pactos con patrocinadores, o el merchandising.

3Insisto: visto fríamente, la banda ha funcionado como varias empresas actuales. Hay casos para ejemplificar: está el abuso a compañeros, ya sean mandados a la parte trasera (pienso, por ejemplo, en Ian Stewart, pianista de muchas batallas) o echados sin contemplación (Brian Jones). Esto, sin olvidar, por supuesto, el vía crucis de Ronnie Wood: 15 años bajo el “pago de honorarios”, por decirlo de una forma, antes de ser aceptado como miembro con pleno derecho.

¿Qué puedo decir? Son sus majestades. Sus Majestades Satánicas. Los mismos a los que se les aplaude y se les perdona todo. Los mismos que, en cuanto salen de gira, provocan alabanzas y críticas por igual.

Para muchos de sus fieles, sus conciertos tienen categoría de reunión tribal; son una manera de encontrase con vidas ya idas, algunas olvidadas, viejos ideales, y reencontrarse con antiguas amistades. Incluso, compararse con los muñequitos que se mueven por el escenario. Después de todo, ellos, The Rolling Stones, ¡Sus Majestades Satánicas!, son unos sobrevivientes… sobre todo de ellos mismos (y, por ende, de su amplia gama de excesos).

Frente a los fervorosos se alza el clamor de los escépticos o, directamente, de los enemigos. Tan sólo habría que recordar el trabajo de Nik Cohn, uno de los textos fundacionales de cierta estética del rock —Awopbopaloobop Alopbamboom—, en el que, literalmente, se lamentaba de que los Stones no hubieran claudicado: ya en 1969, se pedía que se murieran o se desintegraran.

Pero ellos se empeñaron en imponer su ritmo. Como grupo. Y hay cierta lógica. Después de todo, en solitario, sus carreras han sido apocadas por su propio mito y leyenda: Mick Jagger nunca pudo lograr que despegara su carrera como solista o como cineasta. Keith olvidó su grupo paralelo cuando Jagger regresó al redil, y se ha limitado a publicar un par de discos apenas aceptables. Incluso, el propio Charlie Watts he tenido que dejar de lado sus ínfulas de esnob del jazz y volver al trabajo que le ha dado de comer.

4Así que, para algunos, que los Stones emprendan una nueva gira tiene que ver más con el dinero que con el goce. Otros, en cambio, creen que ya no les motiva el dinero, aunque sus giras estén comercializadas hasta el tope, con un sinfín de patrocinadores, merchandising y promotores locales que exprimen al máximo a sus seguidores. (Basta mirar los precios de los boletos en México.) Muchos quieren creer que el tocar le da sentido a esas vidas de millonarios.

Y, en cierta forma, así es. Quien haya estado en el Foro Sol —el lunes pasado— lo sabe. Quien vaya a estar en el Foro Sol hoy (jueves 17 de marzo de 2016) —su segunda fecha en México—, lo comprobará.

Se van a encontrar con puro fuego. Puro poder electrizante y contagioso. Se van a encontrar a cuatro tipos que han desafiado las leyes de la física y la biología. Van a encontrarse con cuatro tipos que nos devuelven a las reacciones primarias, y que nos llevan a lo dionisiaco, y a lo hedonista y a lo salvaje, con canciones que transpiran sudor, y dureza, y el viento de las malas calles; ¡temas que rompieron moldes morales!

Y ahí estará Mick Jagger, tratando de dar sentido, con sus arrugas bien llevadas, a canciones eternamente juveniles, pero al mismo tiempo intemporales, que han sorteado el tiempo y el espacio.

Y ahí estará a su lado Keith Richards, con su cigarro colgando del labio y con sus arrugas costosamente pagadas, sacando fuego diabólico con su guitarra.

Y a su lado estarán sus amigos Wood y Watts, impecables como siempre.

Y entonces volverán a hacer lo mismo que han venido haciendo durante más de 50 años, y para lo que expresamente fueron creados: para ser una de las más grandes agrupaciones del rock and roll.

Para ser, simple y sencillamente, The Rolling Stones.

 

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