Nos sentamos a platicar con Rodrigo Reyes, director de Purgatorio: viaje al corazón de la frontera, sobre su trabajo, los migrantes y los lugares comunes del quehacer documental.

 

Por Rafael Paz

 

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Continuamente escuchamos en las noticias y leemos en internet o los periódicos sobre la frontera, sobre su criminalidad, sus migrantes, sus problemas. Con tanta información al respecto más de uno se podría aventurar y asegurar que la conoce como si viviera ahí. ¿Será verdad?

Purgatorio: viaje al corazón de la frontera (2013) es un documental, casi en clave de ensayo, que busca encontrar ese lugar, capturarlo y, de ser posible, entenderlo. La reflexión del director Rodrigo Reyes (Memorias del futuro) nos transporta a un estado físico y mental, porque la frontera es esa raya que divide y ese sitio detrás del cual se esconden nuestras ilusiones.

Nos sentamos a platicar con el realizador sobre su trabajo, los migrantes, los lugares comunes del quehacer documental, las barreras emocionales del público, la lucha en la cartelera comercial y la ruta documental que inició la película desde el pasado jueves en la Cineteca Nacional.

 

Forbes México (FM): Hay la intención en la película de entender la frontera, capturarla. ¿Qué es la frontera?

Rodrigo Reyes (RR): Creo que ésa es la pregunta que tiene que hacerse el espectador, ¿qué es la frontera? A lo mejor no es lo que yo pensaba, no es tan fácil como decir aquí acaba México empieza Estados Unidos. Creo que los interesados en el tema, es atractivo sentirla y conocerla de manera personal. Que la sientas dentro de ti, que no sea una película que esté politizando el tema, creo que el público lo agradece. En la presentación en la Cineteca Nacional nos echamos un Q&A que tuvimos que cortar, pero si no nos interrumpen yo creo nos seguimos. Es un tema que vemos muy a menudo pero nunca lo vemos con los ojos abiertos. Siempre es un ángulo, un punto de vista, una polémica, pero no es la experiencia de este lugar.

 

FM: ¿Cómo escapar del lugar común al retratar la frontera?

RR: Yo lo veo como un escenario más humano, universal. Podría ser cualquier frontera, otro país, ser Israel, Marruecos, donde quieras. Es un lugar donde el ser humano ensaya su realidad, un escenario muy desnudo donde se ve la naturaleza de nosotros como seres humanos. No me enfoco tanto en lo particular. Es un lugar donde te puedes perder, la frontera es una región que da para escribir una novela, pintar cuadros, lo que quieras. Te puedes nutrir mucho de estas expresiones de ahí. Quise evitar pensar que ya la tenía resuelta (la película). La frontera es un enigma que no podemos contestar tan fácilmente.

 

FM: De manera diaria trabajas como intérprete en un juzgado de California, ¿cómo se relaciona con la película?

RR: Conseguí ese trabajo porque necesitaba trabajar, andaba en la bancarrota por las películas que había hecho. Regresé al pueblo donde viven mis padres y descubrí por una coincidencia que podía ser interprete en el hospital, empecé ahí y me gustó. Me preparé e hice la oposición para sacar mi certificado para trabajar en los juzgados. Se complementa mucho porque no sólo veo temas extremos, intensos, de la vida real que se reflejan en el documental, también me permite ganarme la vida y dedicarme por las tardes a mi cine. Me deja la mente libre para dedicarme al cine. Es interesante porque el documentalista también es un intérprete, te acerca a una realidad. Cada quien debe buscarse su fórmula, hay cineastas que pueden vivir de su trabajo, yo combino y hasta ahora no me ha detenido.

 

FM: En la presentación, comentaste que el documental inició con una lista de personajes arquetípicos. ¿Qué tanto se respetó esa lista y qué tanto es azar?

RR: La lista era una manera de saber qué íbamos a explorar. Hacer un mapa para después saber explorar. Yo no sabía que iba a resultar, si los personajes iban a comentar o sus experiencias en conjunto iban a hacer una película. Al final fuimos muy afortunados porque encontrábamos a los personajes y se hacían reales ante la cámara, con sus detalles y vivencias, con cosas que yo no esperaba. El mejor ejemplo es el tipo que caza migrantes por medio de la basura, es algo muy loco, surrealista y ofrece una perspectiva diferente.

 

FM: Sí, inicia muy paranoico y avanza hasta tener cierta razón dentro de su locura.

RR: Es un tipo raro y eso es lo interesante, especialmente en México, que sea él quien presente el argumento de mejorar el país, nunca lo vas a esperar de su boca. Fue una de las primeras entrevistas y cuando pasó nos cambió un poco el esquema.

Es interesante como en México la frontera es parte del imaginario social, siempre hay esta imagen de una raya. Es como la imagen del charro y los diferentes arquetipos de nuestra cultura, que muchas veces nos previenen de conocer la realidad. Ponen un muro, otra frontera de conocimiento. Creo que eso es lo interesante de la ruta, que estamos llevando la película, caminándola por el país.

 

FM: Hay una canción de Los Tigres del Norte que dice “yo no crucé la frontera, la frontera me cruzó”, ¿qué pasa con estos hombres que dejan su país por tanto tiempo que ya no son de aquí ni de allá?

RR: Yo mismo soy así, vivo allá desde hace mucho tiempo. Incluso Los Tigres del Norte viven a una hora y media de donde vivo (Merced, California), ellos ya son de identidad híbrida. Creo que en México a veces se olviden de la cantidad de mexicanos, la experiencia mexicana no es sólo el DF, Guadalajara o Monterrey: es todo lugar donde toca nuestra cultura. En Estados Unidos y Canadá hay muchos mexicanos que se están hibridizando, se mezclan las culturas, esos puntos de vista se vuelven interesantes. Muchos de las autodefensas, por ejemplo, estaban trabajando en EU y se regresaron. Gente del Valle Central, de donde soy originario, volvieron y reportaban los periódicos “estaba trabajando en San José, California, y me regresé porque esto es importante para mi.” El ciudadano que sale de México y regresa, vuelve con ideas que positivizan al país. Porque si vienes de la Sierra de Guerrero  o de la de Oaxaca, donde la pobreza es muy dura y no hay en realidad un estado de derecho que apoye, vas a otro país para ganarte la vida y conoces otra forma de hacer las cosas. No es que sea mejor, es experimentar otro esquema.

 

FM: Otra realidad…

RR: Sí, eso genera conciencia. Por ejemplo, muchos tienen su primera experiencia legal allá (EU) no aquí. En México evitamos ir a juzgado, más en las zonas rurales, pero allá no, vas a menudo así sea por una multa de tránsito. Con esa experiencia, al regresar dices “hay otra manera de hacer esto, se hace así”, empiezan a cambiar las cosas. Cuando emigras te preguntas seguido ¿por qué hago esto? Esa incertidumbre te genera paciencia, conocimiento, y eso es positivo para cualquier país, ver que ideas están generando las experiencias de otros compañeros.

Nutrirse hará que México se abra más, sea más cosmopolita. Se desarrolle más el dialogo social. Por muchos años tuvimos un esquema de pirámide y ahora que se rompe, el cine documental tiene que hacer su papel. Nos salimos de la ruta comercial para generar un público nuevo, con el paso del tiempo podremos capitalizar, monetizar, esa experiencia alternativa. Es más directo con el público, así pasa en otros paises. La película no tiene que aglomerar todas las redes.

 

FM: Debe encontrar su público…

RR: Sí, en México llevamos mucho tiempo con buen cine que no se traduce en un apoyo en el mercado. Es el paso que nos falta.

 

FM: Hay un par de escenas en el documental donde retratas vecindarios vacíos, es un cuadro que parece exclusivo de la frontera y sin embargo se repite por todo el país. Por ejemplo con los municipios dormitorio, la gente sale a buscar un mejor sustento a lugares distantes y sólo llega a dormir. Uno de los personajes dice que no entiende por qué los 15 mil dólares del pollero no los invierten en casa. ¿Hay una necesidad de irse?

RR: De alguna manera la frontera es una promesa, un matrimonio desquiciado entre dos personas que no se pueden ni ver: México y Estados Unidos. También es constante la promesa, dice “aquí puedes lograr algo.” Ese mirar arriba, estés donde estés, te evita mirar alrededor y decir por qué se va la gente, por qué se genera esta dinámica. Es verdad, si el esfuerzo que pone alguien en dejar a su familia e irse a vivir unos años a Estados Unidos lo pusiera en su pueblo, seguro le iría bien. Pero la promesa es la llamada, cuando emigras no te das cuenta de lo que haces.

Yo salí de niño, iba y venía entre los dos países, llegado un punto me fui a España un año y medio. Estando allá me di cuenta que no lo había pensado, no medí que significaba ese cambio. Al final regresé a California. Es lo que le pasa a muchos migrantes, tomas conciencia sobre la marcha.

 

FM: Durante el documental, los espectadores tienen una reacción mayor a la eutanasia de unos perros que a la muerte de un criminal al inicio. ¿A qué se debe?

RR: Tenemos una escena con un asesinado, todo parece indicar que se trata del crimen organizado. Está en la calle, después vemos al perro que someten a la eutanasia. Cuando miras esas dos imágenes en tu mente hay un gatillo que se activa rápido, al ver al ser humano piensas “en algo andaba”, se ve sucio y malandrín, “en algo andaba”, ese “algo” ya entró bastante en la manera en que discutimos la violencia. Siempre presumimos o asumimos unos hechos, sin ningún fundamento real. Vemos una nota y “en algo andaba”. Cuantas noticias no han salido de familiar que murieron o personas que alegaron ser inocentes sin que cambie nada, es la sospecha del “en algo andaban.” Si te pasa algo a ti eso te dicen, no sabemos que es pero ahí está la sospecha.

Con el perro no hay forma de usar ese reflejo, te agarra de sorpresa. Estás viendo a los seres humanos, la problemática y quizá hasta te cansas. No dices “ay esta gente”, de repente ves al perro y no te defiendes. No le puedes echar la culpa al perro. Ese contraste demuestra el instinto que tenemos. Es adquirido por cómo se habla de la violencia.

Ahora se habla de que estuvo mal iniciar una lucha frontal contra el narcotráfico, se promueve que debieron quedarse con sus reglas. Pero si lo ves en el orden en el que sucedieron las cosas, nunca se quedan ahí, se excedieron.

 

FM: Reglas

RR: Exactamente, son reglas que se rompían en cualquier momento. En los 50 y 70 ya pasaba, la historia se hace menos inocente. Pero en Cotija, el pueblo de mis padres, ya el ejército entró a buscar a los primeros que se metieron al negocio de traficar. Esos son los abuelitos de los de hoy, es la misma línea. Ahí está la sospecha, nos protege porque así no tienes que sentir empatía por la víctima. Se lo merecen de cierta manera, el perro demuestra que no puedes usar el recurso tan fácil. La gente siempre comenta la escena del perro, sólo les digo ¿no te duelen los seres humanos? Incluso en cuanto al perro, te dan una explicación muy científica, muy lógica sobre la necesidad de eliminarlos: los dueños no somos responsables y el perro paga por nuestra falta de compromiso.

 

FM: El discurso del director de la perrera es muy similar al del gringo que recoge la basura para que no se orienten los migrantes, incluso los compara con los venados salvajes que van de paso. Es un contrapunto muy interesante con los perros callejeros, solos, abandonados…

RR: Algo hay que hacer, creaste el problema y estás obligado a hacer algo. La situación de los perros es igual, te obliga, tienes que hacer algo al respecto. Es interesante porque la lógica de matar a los perros me parece más fundamentada que por qué hay tantos problemas en la frontera, las razones para militarizarla o el cruce. Dejamos que nos gane la pasión o la promesa del lugar. Lo de los perros es fácil, están las calles llenas y hay que limpiarlas. Es una escena que siempre conmueve al público, los hace cuestionarse. Creo que la cacería del perro nos hace ver la violencia explícita, la muerte siempre ahí. Si yo me hubiera metido a seguir a la patrulla fronteriza igual que a la perrera, el efecto emocional hubiera sido diferente. Nos distanciamos.

En México ya estamos con una mentalidad de guerra, acostumbrados a ver violencia y protegernos de que no nos afecte. Es preocupante. Es un tema del que se habla mucho, esta guerra que nos consume, nos está cambiando. Ya no hay empatía por el vecino.

 

FM: Curiosamente, el público al ver Heli de Amat Escalante reaccionaba igual. Un soldado mataba un perro y se acongojaban, unos criminales torturaban a un chico y no había reacción…

RR: Es un tema incómodo. Estas escenas de perros te hacen hablarlo, ¿por qué? Además aquí es un perro muy lindo el que someten a la eutanasia, bonito e inocente. Estamos hechos a no hablar de las cosas, en México si te secuestran no lo comentas, si hay un delito no lo denuncias. Es una conversación que no queremos tener, una película como Heli te obliga a ver la realidad así desnuda, es muy incómodo por eso las reacciones. Por eso la gente dice por qué quiero ver esto, quiero distraerme. A muchos de nosotros nos ha tocado ver donde el sistema exige callar, no responder, dar una mordida. Participas del silencio, la escena de los perros rompe ese silencio.

 

FM: Enfrentarlo…

RR: No creo que sea consciente, como sociedad lo haces por sobrevivir, para llevar el día a día. El ciudadano común lo que quiere es vivir en paz, vivir con su gente. Hay maneras de tener esa conversación y no sentirse sobrecogido por el mundo. No me interesa si los espectadores se deprimen con la película, no es el objetivo, cuando empieza quizá se sientan impactados pero después llegan a la reflexión. La reflexión duele, duele atacarlo. Incluso te hace preguntarte, ¿por qué me quedo en la sala?

 

FM: En ese punto ayuda a que la película esté construida de manera coral, no hay una sola respuesta.

RR: Nunca habrá una sola respuesta, siempre hay temas encontrados, especialmente con temas tan duros.

 

FM: ¿Cómo surge el proyecto de distribuir Purgatorio con la ruta?

RR: Por un lado está Inti (Cordera, director del DocsDF), es rebelde por naturaleza. Somos muy amigos y hemos estado trabajando en la película juntos. Cuando se presenta la idea de qué haremos en México, lo que menos queremos es competir con una película de estas taquilleras, enormes. No. Ellos no nos quieren ahí y nosotros tampoco lo queremos, buscamos la conversación y la reflexión. Si hubiéramos metido EFICINE e invertido en una campaña clásica para el multiplex la película se ahoga, viendo la experiencia de otros documentalistas que no funcionaron. El documental tiene como responsabilidad mostrar la realidad, la denuncia es diferente, tienes que buscar esa conversación.

 

No tiene sentido meterse a quitarle 20 espectadores a Transformers. No tengo nada contra el cine comercial, estéticamente tiene mucho valor porque mueven miles de personas para armar esta obra super detallada. Cuando haces un documental no puedes darle al público dos opciones así, tan en contraste, no tienes nada a tu favor.

 

FM: No es el lugar…

RR: Es como poner a un peso gallo con uno completo, no puede ser. Por más bueno que sea el Maromero, no le ganará a Tyson cuando luchas en su estilo. Tampoco es una rebelión, hay tanto consumo audiovisual que hay un mercado para nosotros y vamos a buscarlo en salas alternativas, armando esta red y otros documentales también puedan hacer el recorrido. Quizá no se genere dinero, pero en la exhibición comercial tampoco lo íbamos a hacer.

 

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Para revisar las fechas y lugares donde se presentará Purgatorio: viaje al corazón de la frontera, les sugerimos revisar el sitio http://www.rrcinema.com/ruta-documental/ o las redes sociales de la película: https://www.facebook.com/purgatorio y https://twitter.com/purgatorioDOC.

 

Contacto:

@pazespa
http://pazespa.tumblr.com/
http://butacaancha.com/

 

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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