Las Pymes mexicanas deben dar el siguiente paso, para no sólo ser el motor del mercado interno, sino para convertirse en eje de la plataforma de exportación de México.

 

 

En una época en la que las alianzas comerciales como el TPP o la Alianza del Pacífico se conforman como los marcos de referencia en materia del intercambio de productos entre los países, es momento de que las pequeñas y medianas empresas (Pymes) mexicanas den el siguiente paso para que no sólo sean un motor del mercado interno, sino que, además, se conviertan en un eje de la plataforma de exportación de nuestro país.

Hace unos días, en la IX Convención anual del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Comercio –Exterior, IMECE, se presentó un panel sobre el cambio de paradigma que enfrentan las empresas mexicanas, en el que participaron el director general de Bancomext, Enrique De La Madrid Cordero; el presidente del Instituto Nacional del Emprendedor, Enrique Jacob Rocha; el presidente de ANIERM, Luis Roberto Abreu; el director general del IQOM Consultoría, Sergio Gómez, y Beatriz Leycegui, Socia de SAI Derecho y Economía, y una de sus conclusiones más relevantes fue que “la integración de pequeños productores es la clave pero, a la vez, es el mayor reto”.

Según el Plan Nacional de Desarrollo, en México las Pymes aportan alrededor del 34.7% de la Producción Bruta Total y generan 73% de los empleos, lo que significa más de 19.6 millones de puestos laborales. No obstante, su potencial exportador aún dista mucho de ser el óptimo.

En materia de Pymes, la consultora IQOM indicó que 33,000 pequeñas y medianas empresas contribuyen con el 5% del total de las exportaciones, al realizar ventas anuales al extranjero por menos de 10 millones de dólares en cada caso; un dato revelador si consideramos que en México existen alrededor de 4.5 millones de unidades económicas de las cuales 99.8% son pequeñas y medianas.

Como ocurre con las macro y las grandes empresas, también las Pymes enfocan sus baterías exportadoras a Estados Unidos. Por tamaño de empresa, se puede distinguir que las macro empresas envían a este destino el 81% de sus mercancías; las grandes, el 79%; las medianas, el 74%, y las pequeñas, el 77% del valor de este flujo comercial.

Ante la necesidad de un empuje importante en materia de desarrollo económico para hacer frente a la caída de las expectativas del crecimiento para 2014, a la economía mexicana le urge que las pequeñas y medianas empresas ingresen a un esquema de internacionalización, que sólo será posible con la colaboración de autoridades y empresarios para crear un nuevo modelo.

Un modelo que integre un proceso de maduración y desarrollo de capacidades suficientes y adquiera el tamaño adecuado para que cada empresa de este segmento pueda aventurarse en los mercados internacionales de Estados Unidos; Centro y Sudamérica; Europa y Asia, según el análisis de sus necesidades.

No es factible pensar que sólo con mayores apoyos en general al sector, las pequeñas y medianas empresas se incorporarán de manera automática al mercado de exportación. Focalizar los recursos puede ser la manera de obtener los mejores resultados.

Es necesario el desarrollo de una estrategia en la que los apoyos sean dirigidos a las empresas que tienen las características y capacidades para crecer y abarcar otros mercados. Este instrumento debe contar con un plan de acción y una política adecuada para que la Pyme se incorpore a cadenas productivas de exportación, desarrollo de calidad y competitividad como proveedor global de algún insumo intermedio.

Para lograrlo, es fundamental que cada Pyme siga un proceso natural de desarrollo y madurez que le permita sortear los problemas naturales de permanencia en el mercado, con procesos paralelos como la sostenibilidad, la adquisición de capacidades y el desarrollo de una oferta de productos competitivos para, posteriormente, exportar.

Otro elemento destacado que conviene considerar en esta estrategia es la evolución del sector maquilador mexicano y la “clusterización”, que comienza a presentarse en sectores industriales con una dinámica muy importante, tales como el automotriz o el de las tecnologías de información.

La concentración de oferta exportable es un reto y se logra a través de varias directrices que operan de manera conjunta. Por un lado, los productores pequeños y medianos deben estandarizar sus procesos de manufactura y sus sistemas de gestión de calidad para desarrollar mayor oferta exportable, mientras que  las autoridades deben asumir la responsabilidad de crear condiciones e infraestructura para que las pequeñas y medianas empresas sean competitivas y tengan acceso a insumos y servicios a precios lo más económico posible.

Las empresas mexicanas deben ser más eficientes y considerar que el fenómeno de la “Mundialización” ya es una realidad. Esta tendencia poco a poco comienza a dominar los sectores más importantes de la economía y se refleja en que un producto difícilmente es manufacturado sólo con insumos locales.

En México, las Pymes han demostrado que poseen gran flexibilidad para adaptarse a las necesidades del mercado interno. Esa cualidad puede ser vital al momento de incorporarse a las cadenas de producción con insumos regionales o mundiales, ya que las tendencias de globalización y regionalismo han motivado esta realidad.

Nuestro país ha invertido una cantidad de recursos muy importante en desarrollar el modelo Pyme. Ahora es el momento de dar el siguiente paso y conformar una estructura exportadora que sea el motor del desarrollo nacional.

 

 

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