Pymes inclusivas, nueva tendencia del mercado

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La lógica de hacer negocios está cambiando: los emprendedores ven ahora una oportunidad de crecimiento al trabajar con ese potencial demográfico del país, muchas veces no contemplado en los planes de negocio: la gente de escasos recursos.

 

Por Nicole Barandiarán Amaya, periodista y RP

 

En México existen más de 50 millones de pobres, quienes normalmente operan en la economía informal y carecen de bienes y servicios que permitan su desarrollo y, por ende, el de la nación. Sin embargo, ¿qué pasaría si ese potencial demográfico fuera considerado en las economías de mercado? Acaso ¿podría generar ventajas competitivas frente a otras naciones con menor cantidad de población?

La respuesta a este planteamiento, la encontró hace unos años Coimbatore Krishnarao, catedrático y consultor de la India, mejor conocido como C. K. Prahalad, quien vio la riqueza en la base de la pirámide, en la población de escasos recursos, considerando que muchas cabezas piensan mejor que una y más manos trabajan mejor que un solo par.

El pensador planteó que su país podría crecer económicamente al incluir a esa gran parte de la población en las cadenas productivas, ya sea como consumidores, proveedores o distribuidores. Fue así que, por este hallazgo, este hombre fue reconocido en el 2009 como el principal gurú del mundo, según el ranking Thinkers 50, elaborado por el diario The Times.

De esta manera, en los últimos 10 años, principalmente en lugares como América Latina, Asia y África, que concentran una gran cantidad de población pobre, se ha retomado esta idea con la formación de negocios inclusivos, los cuales permiten a la gente autoemplearse o hacer crecer su micro o pequeño negocio.

Los negocios inclusivos han causado gran revuelo en el en últimas fechas y han sido fuertemente apoyados por instituciones globales, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Programa de las Naciones Unidas. En el 2004, las mencionadas instituciones, en conjunto con la Comisión de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo Sustentable (CESPEDES), consolidaron un programa llamado “Desarrollo de Nuevas Oportunidades de Negocios en la Base Económica de la Pirámide”, el cual finalizó el año pasado.

Con el estudio de CESPEDES se detectó que “una de las características del mexicano es su inclinación natural al emprendimiento, y que en las incubadoras de negocios y en las escuelas de enseñanza superior tienen gran interés en formar cadenas de valor con la población de menores ingresos”.

Suyay Canah es un ejemplo de las pequeñas y medianas empresas (Pymes) que buscan encontrar la riqueza en la base de la pirámide, ya que trabaja con comunidades de artesanos de la ciudad de México, Oaxaca y Lima, Perú. El CEO de esta firma, dedicada a la innovación del diseño artesanal con técnicas e iconografía tradicional, Piero Alfredo, explica que “la cuestión (con este tipo de empresas) es no caer en asistencialismos, sino escuchar las ideas creativas del equipo de trabajo para mejorar los procesos y alcanzar más rápido metas empresariales”.

Lo anterior, dice el emprendedor, que ha exportado sus productos a Europa y Estados Unidos, permitirá a las comunidades ser un poco más autónomas, pues al incluirlas en su plan de negocios y mostrarles cómo armar el suyo, éstas podrán competir en su mercado local y a la par mantener una relación comercial conveniente con la empresa, convirtiéndose en principal distribuidor.

El mes pasado se llevó a cabo el Encuentro Líderes Agentes de Cambio, organizado por Ashoka —organización social internacional que apoya a Emprendedores Sociales líderes— y Fundemex con patrocinio de Cemex y Deloitte, en el cual se conocieron experiencias de distintas empresas, organizaciones sociales, medios, gobierno y academia respecto a los negocios inclusivos. Así, se detectó que este tipo de negocios no son sencillos de llevar, ya que es necesario cambiar ese chip de bussines as usual. Sin embargo, también se precisó que los emprendedores son capaces de financiar estrategias sostenibles con un mínimo de riesgo, y con ello demostrar que se puede ser sustentable y competitivo.

De la misma manera, el proyecto de investigación de la red SEKN (Social Enterprise Knowledge Network), creado del 2005 al 2008, refiere que las iniciativas de emprendimiento que integraron a los sectores de menos ingresos a la cadena productiva fueron los que generaron un mayor nivel de capital social. A la par, las iniciativas más funcionales fueron las que integraron a las personas de menores recursos como proveedores de cadenas de valor ya establecidas y manejadas por organizaciones o redes.

El emprendimiento inclusivo conecta a lo local con lo global, pues trabaja por romper el aislamiento de la informalidad y vincular a los productores con los mercados, a manera de crear mejoras económicas y sociales. Cuando las iniciativas sociales o inclusivas integran pobres como productores, por lo general, “exportan” su fuerza de trabajo a mercados consumidores consolidados, nacionales o internacionales, saltándose a los intermediarios y las barreras, lo cual eleva los costos finales.

Gran parte del llamado “flagelo de la pobreza” está ligado al aislamiento, ya que normalmente las personas con menos recursos no ofrecen de forma directa sus productos a los consumidores, sino que se los dan a intermediarios que pueden elevar los precios demasiado. Por ello, es importante fijar una tarifa conveniente con los distribuidores que son parte de la cadena productiva.

“Para efectos de la fijación de precios, definiremos la tasa de rendimiento como el interés que me deja el negocio cuando tomo en cuenta el dinero que he invertido en él. Este enfoque debe utilizarse en compañías que requieren inversiones altas en equipo y maquinaria”, explica el Instituto Pyme, en su página de internet financiada por el Consejo Mexicano para el Desarrollo Económico y Social, A.C.

Más de 90% de las unidades productivas en todo Latinoamérica son microempresas o Pymes, las cuales juegan un papel fundamental para la creación de los negocios inclusivos. Entonces, los enfoques de emprendimiento inclusivo podrían resultar de gran valor para países en desarrollo, como los de Latinoamérica, donde la población de menores ingresos podría convertirse en motor de crecimiento.

 

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