¿Qué hizo cambiar de opinión a un hombre que hace menos de una semana se sentía confiado de su inocencia o su impunidad?

 

Por Agustino Fontevecchia

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La renuncia del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, fue una sorpresa para muchos, sobre todo los que cuestionaron su llamado a seguir adelante con las elecciones que él ganó en última instancia, lo que le garantizaba un quinto mandato de cuatro años como el hombre más poderoso del futbol. Y aunque algo ha cambiado inevitablemente desde aquel viernes en que se comprometió a enderezar la nave que muchos afirman que ha guiado esa nave por un camino de corrupción y oscuridad, una cosa se mantiene igual: la oferta ganadora de Qatar para la Copa Mundial de la FIFA 2022 marcó el principio del fin para Blatter.

Aunque el suizo no fue mencionado en la mordaz acusación de 161 páginas contra una serie de ejecutivos de alto nivel de la FIFA y ejecutivos de marketing deportivo, la investigación estuvo increíblemente cerca de él. El lunes, el New York Times informó que una transacción de 10 millones de dólares (mdd) hecha por un lugarteniente de Blatter, Jerome Valcke, constituía un soborno de las autoridades del futbol de Sudáfrica para asegurar la Copa del Mundo de 2010. Minutos después de la dimisión de Blatter el martes, ABC News informó que fuentes de la FBI dijeron: “Ahora la gente intentará salvarse a sí misma, es probable que haya una carrera para ver quién lo delata primero [a Blatter].”

Sin embargo, todo lleva a Qatar.

En marzo de 2011, Mohamed bin Hammam, ex jefe de la Confederación Asiática de Futbol y ​quien jugó un papel decisivo en la obtención de la Copa Mundial de Qatar 2022 del año anterior, anunció que se postularía para la presidencia de la FIFA con el fin de “limpiar” la casa, desafiando directamente a su ex aliado Blatter. Dos meses más tarde, y días antes de la votación, Bin Hammam retiró su candidatura y fue vetado del futbol para siempre, acusado de entregar 1 mdd en sobres sin marcas que contenían 40,000 dólares cada uno para los funcionarios de futbol pertenecientes a la Unión Caribeña de Futbol. Los sobornos fueron facilitados por Jack Warner, ex miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA y una de las figuras más empañadas por la reciente investigación del FBI.

Bin Hammam estuvo a la vanguardia de un esfuerzo concertado por Qatar para intercambiar sus petrodólares por influencia en la escena mundial del futbol. La Copa del Mundo de 2022 fue la cereza del pastel, pero a través de la Autoridad de Inversiones de Qatar, el país ha ganado el control de Paris Saint-Germain, uno de los equipos tradicionales de Francia. Los qataríes también han construido un imperio global de transmisión apoyado por el gobierno a través de Bein Sport, anteriormente al-Jazeera Sports, que controla los derechos de televisión de las grandes competencias como la Liga de Campeones, La Liga española, y el euro en varios mercados clave en todo el mundo, incluyendo Estados Unidos. Qatar Airways, también respaldada por el gobierno, es el principal patrocinador del jersey del FC Barcelona, ​​lo que significa que han convertido a la superestrella Lionel Messi en un espectacular andante.

Bin Hammam, junto con Jack Warner, cayó en desgracia después que Chuck Blazer, el ex ejecutivo de la FIFA convertido en soplón, delató a Blatter en 2011. Blazer, que había recibido parte de los sobornos, fue abordado meses después por investigadores de la FBI y la IRS que le pidieron que fuera informante o que enfrentara los cargos de evasión fiscal que finalmente lo llevarían a prisión. Cuando Glazer viajó a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 comenzó a grabar las conversaciones con altos funcionarios de la FIFA y los comités de los países miembros que peleaban por la Copa Mundial de 2018 y 2022. Estas grabaciones constituyen un hallazgo importante de evidencia en el caso, y ya han sido divulgadas por los investigadores de Estados Unidos contra funcionarios de la FIFA y otros hombres de negocios corruptos, junto con la averiguación en curso de los investigadores suizos en el proceso de selección de la Copa Mundial de 2018 y 2022, finalmente ganadas por Rusia y Qatar, respectivamente.

Sin embargo, esas victorias peligran gracias a Blatter y Bin Hammam, en las postrimerías de las ofertas de 2018 y 2022, luego de que se ha abierto la caja de Pandora. Se desató una investigación interna de la FIFA, lo que dio lugar a un mayor escrutinio de las prácticas corruptas de Blazer, y ayudó a los investigadores estadounidenses a colar a un soplón dentro de la organización. No está claro en este momento por qué Blatter cambió de opinión desde el viernes pasado, cuando parecía seguro de su aparente inocencia, o inmunidad. Incluso afirmó que estaría en Canadá para la final de la Copa Mundial Femenil de la FIFA, con riesgo de ser extraditado en caso de ser acusado por los investigadores estadounidenses. En cualquier caso, la candidatura ganadora de Qatar para organizar la Copa Mundial de 2022, y las conexiones de Blatter con Bin Hammam, finalmente regresaron a él.

 

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