Todas las cosas que creemos que son un libro –el papel, la tinta, la portada…– son sólo el soporte por medio del cual la idea del autor llega a sus lectores.

 

 

Los libros son actualmente objetos cotidianos para todos, pero en el mundo digital comenzamos a hacer distinciones entre los libros en papel y los libros digitales: que si uno tiene papel y el otro no, que si uno necesita paginación y el otro no, amén de cuestiones como “la textura” y “el aroma” de los libros, lo que lleva a preguntarnos: ¿qué es realmente un libro? y ¿los libros electrónicos pueden ser considerados libros también o sólo son presentaciones digitales que simulan un libro?

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Un libro tradicionalmente es un grupo de hojas encuadernadas en medio de una cubierta. Hay libros en diferentes formatos y materiales, así que el tamaño o el material del que están hechos no son relevantes en nuestra definición de libro, ni el hecho de si está impreso en varios colores o sólo en uno.

También podemos descartar el número páginas que tiene, el número de autores (si es uno o son muchos), si tiene imágenes o no, si tiene texto o no (como los audiolibros), si está escrito en un idioma u otro, entre otras cosas.

El libro ha cambiado con el tiempo y no siempre ha existido en el formato que conocemos ahora: la antigua biblioteca de Alejandría estaba formada por pergaminos enrollados como la Torah o el Talmud, que son largas tiras con texto entre dos rodillos y siguen siendo libros. Antes de éstos, los romanos escribían en tabletas de cera o arcilla, los egipcios en las paredes de sus edificios y los griegos compartían sus libros (como La Ilíada) por tradición oral.

El concepto de libro en su mínima expresión puede expresarse como: “una idea estructurada y autocontenida con un principio y fin bien determinados”. Todas las cosas que creemos que son un libro –el papel, la tinta, la portada, etcétera– son sólo el soporte por medio del cual la idea del autor llega a sus lectores.

En este sentido, los e-books también son libros, siempre que contengan una idea o una historia autocontenida con principio y fin bien acotados; el archivo, la tableta o el programa que se usa para leerlo son su soporte, pero no el libro en sí. El debate para muchos es sobre cuál es mejor, si el libro impreso o el libro digital, pero ése es un tema para otro día.

El reto al que se enfrenta la industria editorial es que los escritores y los editores puedan superar los prejuicios de lo que es o no un libro y comiencen a educarse sobre las posibilidades de los soportes en los medios digitales, ya que sólo así podrán ayudar al libro a crecer y a evolucionar hacia el futuro.

 

 

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