El 2015 debe marcar un antes y un después en el acontecer económico de México. Es momento de materializar las oportunidades que se generarán como resultado de las herramientas que se han concretado en dos años.

 

Un punto de inflexión, eso es lo que debe ser 2015 para México. Los primeros dos años de esta administración se han enfocado al diseño y concreción de las reformas estructurales que el país requiere para alcanzar los niveles de competitividad que demanda la globalización, proceso que no estuvo ausente del consecuente desgaste político.

La puesta en marcha de estos cambios, que se acompañará de un presupuesto histórico, es el punto de partida de una nueva etapa económica del país, en que la nación cuenta con las herramientas necesarias para comenzar a crecer conforme a su verdadero potencial.

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El país tiene sus claroscuros. Un oscuro es salir de la economía del miedo, alimentada por las fuerzas negativas que buscan descarrilar la paz y convivencia social, y que hace indispensable una posición firme del gobierno, que aplique con determinación el Estado de derecho y logre convencer a una ciudadanía escéptica sobre el buen rumbo del país. Porque un país con desencanto y pesimismo está en peligro.

Pero en la parte positiva existen áreas con potencial para detonar el crecimiento, el empleo y la inversión. El pronóstico para 2015 se ubica entre 3 y 3.2%, con la expectativa de que el próximo año marque el inicio de una espiral de crecimiento para alcanzar niveles entre 5 y 6% para 2018.

¿Cuáles son las industrias y áreas de oportunidad para el próximo año que serán los conductores de este cambio?

La información más reciente publicada por el Inegi al tercer trimestre de 2014 muestra una aceleración en los sectores manufactureros y de construcción, que además se verán favorecidos por la legislación secundaria de la reforma energética. La industria de manufactura eléctrica mexicana será una de las beneficiadas por las nuevas reglas en materia de contenido nacional y por la llegada de nuevos actores al mercado, quienes, a fin de cumplir los requerimientos que marcan las leyes, deberán mirar hacia las empresas nacionales como su fuente de insumos.

Adicionalmente, el mandato que tienen tanto Pemex como CFE, bajo el esquema de empresas productivas del Estado, de coadyuvar al desarrollo de las Pymes nacionales como parte de su red de proveedores, será otro aliciente para las empresas del ramo energético. A ello se debe sumar la creación de diversos fondos a los que éstas podrán acceder para ampliar su base productiva a fin de encadenarse a las grandes tractoras del sector, así como desarrollar su capital humano y proyectos innovadores.

El sector infraestructura (junto con su cadena de valor) será otro de los grandes beneficiados de las nuevas reformas y los nuevos planes de inversión en este ramo proyectados por el gobierno. Por ejemplo, CFE comenzará la construcción de cinco nuevos gasoductos, que requerirán una inversión de 2,250 millones de dólares (mdd), mientras que Pemex ha anunciado proyectos por un valor de 5,500 mdd para la construcción de nuevos ductos, oleoductos y la modernización de las plantas actuales de refinación.

Las inversiones en infraestructura de esta naturaleza son de las principales detonantes del crecimiento económico, toda vez que por cada empleo directo que se genera en la industria siderúrgica (principal insumo de este sector) se crean 11.6 empleos indirectos en el resto del aparato económico. Aunado a estos beneficios, el sector industrial en su conjunto se verá beneficiado al contar con una mayor oferta de gas natural a un precio más competitivo, ya que la industria consume 32.6 % del total de energía en el país.

En cuanto al sector externo, la recuperación en Estados Unidos es una gran noticia para el mercado mexicano, ya que la tasa de crecimiento esperado para nuestro vecino del norte está entre 2.9 y 3.1%, un salto de un punto porcentual con relación al margen de cierre que se espera para 2014.

Ese crecimiento significa un impulso para la industria manufacturera de exportación (alimentos, autos, autopartes, electrónica y aeronáutica); un crecimiento de un solo punto porcentual puede no sonar a mucho, pero se debe considerar que tal salto representa en valor 8.23% del PIB nacional; de ese tamaño es la importancia de una mejora en el mercado estadounidense para nuestro país.

El 2015 debe marcar un antes y un después en el acontecer económico de México. Es momento de materializar las oportunidades que se generarán como resultado de las herramientas que se han concretado en dos años; además, 2015 debe servir como un catalizador para el gran pacto social que necesita el país. De otra manera dejaremos pasar este momento histórico y en un par décadas nuevamente nos estaremos lamentado por la oportunidad desperdiciada.

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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