Si no tienes libertad económica, no tienes libertad de vida: no puedes elegir. Y ya no sirve confiar en que el hombre será siempre el proveedor y cuidará de la mujer. ¿Qué hacer?

 

Venimos de un descarado escenario de desigualdad laboral para las mujeres que, de hecho, en muchísimos casos aún persiste en las empresas en México. Bajo este panorama, la pregunta es: ¿qué necesidades financieras particulares tienen ellas y cuáles son las recomendaciones?

En primer lugar, es un hecho conocido que el sexo femenino vive más años que el masculino: cuatro, en promedio. Esto, por sí mismo, implica que la mujer necesitará más dinero que el hombre. Si a esto le agregamos que en un matrimonio promedio, ella es tres años menor que él, resulta que tendrá que resolver su situación financiera para los últimos siete años de su vida, en los que su marido ya no estará a su lado. Por supuesto, esto no es así de directo, pues estamos hablando de promedios, pero nos demuestra lo preparadas que deben estar las féminas para enfrentar una situación que no les ocurre, por lo general, a los hombres.

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Por otro lado, es bien sabido que por lo general y por naturaleza, las mujeres son mejor administradas que los hombres, son más cumplidas cuando de pagar se trata, son más responsables en el uso del dinero y son más cuidadosas en el uso de recursos, así que podríamos afirmar que tienen las herramientas financieras internas que son necesarias para enfrentar su situación futura, aunque para lograrlo tienen que darse cuenta de algo:

Imaginemos una familia promedio mexicana: papá y mamá jóvenes, trabajando para generar recursos para ellos y para sus hijos pequeños. Conforme pase el tiempo, los hijos podrán comenzar a trabajar y los padres todavía tendrán edad productiva, así que llegará un momento en que todos podrán laborar por algún tiempo. Yo le llamo a ese periodo: “los años maravillosos de la familia”, porque pueden generar más riqueza de la que necesitan. Sin embargo, el tiempo pasa y los padres dejarán de trabajar, y ahora los hijos tendrán que generar recursos para ellos, para sus propios hijos, para apoyar a sus padres y hasta para ayudar a sus suegros. Si estos hijos no tomaron precauciones durante sus “años maravillosos”, su calidad y nivel de vida se verá seriamente afectado para cuando llegue el cambio generacional en la familia. Es en esos “años maravillosos” en que las herramientas financieras internas de las mujeres son de gran utilidad, porque pueden ser clave para el éxito económico futuro de la familia.

Pero en tiempos modernos, las cosas no son tan fáciles. Ahora muchas de ellas no son sólo administradoras, sino también generadoras de ingresos y proveedoras económicas de la familia. Desde que comienza a estudiar lo hace con el propósito de realizarse económicamente; sin embargo, muchas, al convertirse en mamás, deciden dejar de trabajar, y a veces eso genera un conflicto interno cuando no se logró todavía esa realización. Habrá algunas que se proponen conseguir el puesto del jefe y no están dispuestas a renunciar, tienen el objetivo fijo de lograr ese cargo, crecer profesionalmente y cuando son mamás no dejan de trabajar, pero tampoco se pueden sujetar a los ritmos de trabajo que tenían cuando no lo eran, y al final terminan sintiendo como si se hubieran quedado en medio: ni lograron el puesto que querían, ni se sienten satisfechas con su desempeño como mamás. ¡Qué gran lío!

También hay algunas que ponen tanto esfuerzo y atención en su carrera profesional que logran la realización económica, y cuando llegan a una edad en la que su madurez les ayuda a ya no casarse con cualquiera, no tienen inconveniente en ser madres solteras. Y entonces sucede lo que una buena amiga me compartió: “si tienes que ir detrás de la chuleta, ahí te vas a quedar, y mientras tanto, tu hijo estará en la guardería”.

Entonces, la cosa no es tan sencilla ni para las que renuncian a su vida profesional para ser mamás, ni para las que se la pasan “persiguiendo la chuleta”, pero es más dura aún para las que renuncian a la generación de los ingresos que les producen una libertad económica. Si una mujer (o un hombre) no tiene libertad económica, no tiene libertad de vida: no puede elegir. Cuando te vuelves dependiente y pierdes la libertad de elegir, pierdes tus opciones de vida: desde no trabajar, hasta divorciarte, si fuera necesario. Para muchas es cierto que antes de divorciarte, primero tienes que pensar en tu libertad financiera. Ya no funciona casarse por “sociedad conyugal” o bienes mancomunados; ya no sirve confiar en que el marido siempre será el proveedor y cuidará de la mujer. Muchas de ellas se quedan en el camino y no pudieron tomar decisiones de vida por temas de dinero, y quizá en las generaciones pasadas los matrimonios no duraban más porque fueran más felices, sino tal vez tenían que soportarse por temas financieros.

Aunque acepto que falta mucho para llegar a los niveles en los que deberíamos estar, hoy el mundo está mucho más abierto a que la mujer trabaje y genere ingresos. ¡Hay que aprovechar ese cambio y seguirlo promoviendo! Las damas siempre deben reflexionar: “Si mañana no salen las cosas como yo quiero, ¿qué podré hacer?” En mi opinión, es mucho más sana, incluso a nivel emocional, una pareja en la que aportan los dos. La mujer debe tener sus finanzas lo más estables posibles para tomar sus decisiones, sin necesidad de aguantar a nadie sólo por temas de dinero.

La segunda recomendación es para las que persiguen el puesto del jefe, y aquí la reflexión debe ser: “¿Qué es lo que realmente persigues: el puesto o lo que el puesto representa?” Si lo que perseguías era el ingreso que tiene ese puesto, cuando seas mamá de repente te darás cuenta de que el puesto ya no te interesa. Así que debes tener muy claro el objetivo.

Y finalmente, para las que buscan la realización, la reflexión aquí es doble: primero, entérate que hay estudios que demuestran que ellas son mucho mejores líderes que ellos, y que varias empresas, cuyos líderes son mujeres, producen mucho mejores resultados. Quizá los hombres eran mejores líderes en tiempos pasados, donde se requería que los jefes fueran “capataces”, pero ahora se requieren líderes que sean “integradores”, y las mujeres son, sin duda, mucho más adecuadas para ello. Si eres mujer, no te enfoques sólo en “la talacha” de tu trabajo, enfócate en actividades de liderazgo (por muy pequeñas que puedan ser al inicio) que quizá te harán crecer más pronto porque definitivamente creces más rápido y más sólido cuando te paras sobre tus fortalezas y el liderazgo es una fortaleza innata de ustedes. En segundo lugar, tienes que trabajar y dedicarte a algo que tenga un significado para ti, que sientas que aportas algo. Llegará un momento en que te preguntarás cómo estás contribuyendo con lo que haces, y si tienes una respuesta positiva a esta pregunta, nunca sentirás que te quedaste a la mitad y siempre te sentirás realizada.

 

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