Por Javier Arreola, David Yao y Arturo Palacios*

Si bien China superó a EU como la mayor economía mundial desde 2014, a valores de paridad de poder adquisitivo (PPA), nunca antes había tenido una mejor coyuntura internacional para fortalecer su liderazgo global. Con el efecto acumulado de las políticas de Donald Trump, incluyendo la salida del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) o el retiro del Acuerdo de París sobre cambio climático, pareciera que EU abdica un liderazgo mundial que el gigante asiático está listo para tomar.

A principios de este año, en el marco de la Reunión Anual Foro Económico Mundial en Davos, el presidente de China, Xi Jinping, defendió rotundamente el libre comercio y la globalización, a tan solo días de la llegada de Trump a la Casa Blanca. Además, China devino líder en la lucha contra el calentamiento global, ratificando su compromiso con el Acuerdo de París y convirtiéndose en tercer inversionista mundial, sumando 183 mil millones de dólares (mmdd) de Inversión Extranjera Directa (IED) anual, según el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Con sus antecedentes alrededor del comercio, la inversión y el financiamiento, vale la pena preguntarse, ¿qué estrategia tiene China para Latinoamérica?; ¿cuáles son sus prioridades y acciones? Y, ¿cómo debe interpretar Latinoamérica el contexto actual y qué oportunidades puede encontrar?

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Antecedentes de inversiones

La participación china en América Latina va en aumento. Actualmente, China es el primer socio comercial de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay, y el segundo de México. El comercio bilateral entre China y Latinoamérica se ha multiplicado por 26 del año 2000 al 2016 y se han invertido más de 110 mmdd en la región desde 2003, la mayoría en los últimos cinco años. El 65% de las inversiones chinas desde 2001 se destinó a materias primas, sector donde se creó la mitad del empleo por inversión china.

Según documenta el Monitor de la OFDI de China en ALC, Brasil ha sido el destino preferido de las inversiones chinas. La República Popular China (RPC) no ha dejado de invertir, ni siquiera en medio de la turbulencia política brasileña o ante el debilitamiento de la izquierda latinoamericana. Al contrario: ha aumentado su apuesta en México, Argentina, Perú, entre otros.

La misma fuente reporta el número de transacciones por país en los últimos 15 años, las cuales superan las trescientas:

Igualmente se recuenta del número de empleos que han generado las inversiones chinas en la región, sumando más de 254.000.

La necesidad de inversiones en el extranjero por parte de China no venía principalmente de su ahínco por incrementar influir en el mundo, sino por su propio modelo económico. Con crecimientos de dos dígitos por más de tres décadas, la RPC debió encontrar fuentes seguras de energía y acceso a recursos naturales con al más bajo costo posible.

Con estos antecedentes, la potencia asiática se decantó por invertir en el sector primario (combustibles fósiles, agricultura, metales y otros recursos naturales), teniendo preferencia por materias primas que complementaran o potenciaran su modelo, ya sea por disponibilidad, precio o localización. Así fue como se llegó a la siguiente distribución de inversión:

 

Cambio de estrategia

Conforme ha evolucionado la economía de la RPC hacia actividades más sofisticadas, las empresas privadas y públicas chinas han mirado hacia países y regiones del mundo con sector servicios en pleno desarrollo, y clase media ascendente, ambas características de la China actual. Esto para facilitar compatibilidad económica y de mercado entre las partes, tomando en cuenta que muchas empresas chinas dependen en demasía de su mercado interno y requieren colocar inventario en los mercados internacionales.

Así, China ha cambiado su interés en minas y metales por ensambladoras automotrices, fábricas de electrodomésticos, maquinaria, plantas de baterías y paneles solares, entre otros. Un nuevo proyecto, mencionado en medios como “Cooperación práctica 1+3+6”, prioriza: una sola planificación de cooperación entre China, América Latina y el Caribe; tres motores dados por la trifecta del comercio, la inversión y el financiamiento; así como seis áreas prioritarias dadas por infraestructura, tecnología informática, cultura, industria manufacturera, energía y recursos, innovación científica y tecnológica.

En materia de comercio, la RPC busca ejercer su experiencia como la gran fábrica del mundo en las últimas décadas, especialmente tocando nuevas puertas y abriendo mercados para que sus empresas se expandan. En este sentido, además de exportaciones tradicionales, el comercio electrónico desempeñará un papel muy importante. Como ejemplo relevante destacan las recientes reuniones de Jack Ma, fundador de Aligroup, con los presidentes de México, Argentina e inclusive EU, a quienes transmitió su deseo de invertir en América Latina y comerciar sus productos en China.

Con respecto al financiamiento, China también se ha convertido en el principal acreedor de la región latinoamericana, al prestar más de 29 mmdd en 2015, casi el doble de los créditos ofrecidos por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el mismo periodo. El gigante asiático seguirá teniendo iniciativas, como el reciente paquete de arreglos financieros por 35 mmdd presentado en la reunión con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC. A este fondo le seguiría otro por 30 mmdd para mejora de la capacidad productiva regional, y otro de 3 mmdd para países caribeños que se administraría con el BID.

A propósito de la IED, hoy China invierte más recursos de los que recibe. Esta inversión se hace generalmente por empresas públicas, que en la mayoría de los casos participan en industrias extractivas. De hecho, casi la mitad de toda la inversión china proviene de empresas públicas: Sinopec, CNPC, Sinochem, China Three Gorges, MMG, State Grid Corporation of China, Wisco, China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) y BCEG.

 

China: industrias y proyectos en Latam

Con la implementación de su estrategia regional, China ha pasado en pocos años de ser un actor secundario a ser un jugador fundamental para definir las prioridades y desarrollar los países de América Latina. Pero su estrategia aún no está completa, pues espera duplicar sus inversiones en la próxima década, destinando dichos recursos para hacerse de cadenas de valor en las seis industrias consideradas como estratégicas, además de empresas clave que le puedan aportar conocimiento tecnológico, activos estratégicos o valor de marca.

Así, la presencia china se puede describir según el país en cuestión:

  • En Brasil, China ha invertido más de la mitad de la IED que ha colocado en la región. Se ha enfocado en proyectos como la fábrica del autobús eléctrico y paneles solares “Build Your Dreams”, o BYD, y en diferentes proyectos con Petrobras.
  • En Argentina, China tiene una participación importante en la red ferroviaria en el área suburbana de Buenos Aires. Además, Congqing Grain Group, Sany, el Banco Industrial y Comercial de China y Chery han hecho inversiones relevantes.
  • En Perú, empresas como China Minmetals (MMG), CNPC y Chinalco han comprado minas, compañías energéticas y fábricas de aluminio, respectivamente.
  • En México, ganó dos bloques para extracción petrolera en la frontera marítima con EE.UU. y firmó un convenio para ensamblaje de automóviles JAC Motors. Con México ha firmado más de 40 acuerdos de 4 mdd o más, según el reporte “IDE china en Latinoamérica: tendencias nuevas e implicaciones mundiales” de la OCDE.
  • En Venezuela, estableció la fábrica de celulares ZTE.
  • En Bolivia, tiene inversiones importantes de Shengli International Drilling Co y un proyecto conjunto de la china Sinosteel con la paraestatal YPFB.

 

¿Cómo debe leer Latinoamérica el contexto actual?

Tomando en cuenta que EU ha prestado menos atención a América Latina desde el fin de la Guerra Fría, y que la Administración Trump se ha encargado de volver deficientes las relaciones con algunos gobiernos latinoamericanos -notablemente México-, se han ofrecido oportunidades a la expansión política y comercial china; no obstante América Latina se encuentra lejos de ser un socio prioritario de la potencia asiática.

Los latinoamericanos no deben esperar grandes concesiones en las mesas de negociación, al menos no sin antes preparar una estrategia integral, que entienda los diversos intereses de sus contrapartes y los ponga sobre la mesa. Esto se debe a dos razones principales. En primera instancia, EU prevalece como socio principal de la región y, de manera más relevante, ha desarrollado desde el siglo XIX un entramado de instituciones formales e informales que le permiten proyectarse como potencia regional en Latinoamérica. Está condición difícilmente puede ser retada por una China que aún carece de las ventajas estadounidenses y que, además, busca se respete su propia zona de influencia en Este Asiático.

Este último punto nos lleva a la segunda instancia: las prioridades chinas se mantienen focalizadas en su propia región, donde se encuentran sus principales inversiones y donde se ubican las principales amenazas a su soberanía. Como ya se observó, la Administración Trump también ha dejado un vacío en el este de Asia, que China aprovechó de inmediato para promover diversas iniciativas, destacando tres:

  1. El Foro Un Cinturón, Un Camino (OBOR, por sus siglas en inglés y también conocido como la Ruta de la Seda del Siglo XXI.
  2. La Asociación Regional Económica Integral (RCEP, por sus siglas en inglés), entendido como el Mega TLC chino.
  3. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AAIB, por sus siglas en inglés), descrito anteriormente y que ya agrupa a 56 países miembros y 24 prospectos.

Estas tres iniciativas proyectan a la República Popular China como líder regional en Asia (desde el Bósforo y Suez, hasta Seúl y Singapur), e incluyen a socios fuera de región que tradicionalmente ha tenido importantes relaciones comerciales con EU: Australia, algunos países de Europa Occidental y Chile, entre otros.

 

¿Qué oportunidades debe aprovechar la región latinoamericana?

América Latina debe sacar provecho de la creciente multipolaridad mundial diversificando sus relaciones y los beneficios que puede obtener del comercio. Esta extensión debe ir más allá de comerciar con muchos socios de distintos orígenes. Diversificar implica modificar la manera de relacionarse con el exterior, preparando profesionales capaces de interactuar de nuevas formas y capaces de crear estrategias de persuasión originales, más allá del dominio comercial.

Latinoamérica ha aceptado gustosa el dinero chino, pero no ha impuesto muchas condiciones en las negociaciones, por lo que China tiene una posición dominante en la relación y se encuentra mejor preparada para tomar ventaja. Invariablemente y con objetivos de diversificación, la República Popular de China ofrece cada vez mejores oportunidades para la región, ya que su transición económica ha empujado a que sus inversiones en la región superen la tradicional barrera de los modelos agroexportador y extractivo.

En cuanto a las manufacturas chinas, queda en manos de los gobiernos latinoamericanos decidir en qué condiciones se dará la competencia, pues en este rubro es donde generalmente surgen conflictos derivados de la desregulación. De hecho, la calidad de las inversiones de China en la región ha atraído la atención internacional dadas las implicaciones ambientales, laborales y otros estándares.

Quedan tres incógnitas irresueltas: ¿Cuál será la estrategia de unos EU comandados por Trump en América Latina? ¿Cuándo abrirá China su mercado doméstico a Latinoamérica? Y, ¿seremos capaces de aprovechar esa oportunidad?

*David Yao es estudiante de Economía en el ITAM. Arturo Palacios es estudiante de Relaciones Internacionales en El Colegio de México.

 

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