El artista José Luis Cuevas predijo fallidamente su muerte al menos dos veces, por ello pudo editar una vez su propio obituario y redactó el texto de las esquelas que quería que se publicaran tras su fallecimiento.

El llamado ‘enfant terrible’ del arte mexicano dejó instrucciones para que al morir, se publicaran esquelas de media plana en los principales periódicos del país, así lo reveló a la escritora Elena Poniatowska, quien lo publicó en un artículo en La Jornada en marzo de 2010.

“Un desplegado en un periódico cuesta muchísimo. ¿Tú sabes cuánto cuesta media página? Es muchísima, muchísima lana. Te lo digo a ti, Elena, para que en caso de que no aparezca nada en La Jornada tú reclames mi media plana. Tengo ya redactada la esquela y la he memorizado: El gran maestro de la pintura mexicana, José Luis Cuevas, falleció el día de ayer a tales horas habiendo sido una de las grandes figuras del arte mexicano con proyección in-ter-na-cio-nal. Su amadísima esposa, sus hijas, Mariana, Ximena y María José; sus hermanos Alberto y Lupita; sus amigos, Pedro Friedeberg y José Sacal, y los pocos que quedan vivos, anuncian con profunda pena el fallecimiento de tan ilustre personaje del arte mundial. Se recibirán las condolencias y las flores…”.

Poniatowska lo interrumpió para decir “se ruega no mandar flores ni coronas…”.

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–No, no, no, cómo no; que manden todas las que quieran… Oye, ¡qué te pasa!

Enseguida, según la narración de la escritora, comenzó una plática a la que se incorporó Beatriz del Carmen, esposa de Cuevas, sobre la Rotonda de las Personas Ilustres, pues ahí quería el artista que descansaran sus restos.

–Quedarse sin Rotonda es horrible, ¿verdad, amadísima esposa?

–¡Ay, Cachito, no seas tan dramático!

 

La libreta de la muerte

El rupturista con la tradición de arte que predominaba en su juventud le reveló a Poniatowska que era vidente de los 70 y por eso podría predecir la muerte de otras personas y la suya misma.

“Tengo una libretita secreta y negra y en esa apunto la lista de los que van a morirse y hasta ahora no he fallado. Adiviné que Salvador Novo moriría en 1974, David Alfaro Siqueiros también, Dolores del Río en 1983, Juan Rulfo en 1986, Alice Rahon en 1987. Anuncié la muerte de Fernando Benítez en 2000, también supe que en 2006 moriría Juan Soriano; Mathías Goeritz en 1990. Yo supe que Alejandro Aura, amigo mío, iba a morir en 2009”.

Cuevas pensó que moriría en 1973, cuando viajó a Estados Unidos para que le revisaran el corazón, y relató que incluso los medios de comunicación se prepararon para su muerte.

“A mi regreso me llamó mi buen amigo Rodolfo Rojas Zea, con quién me llevaba muy bien y ya había escrito mi obituario para Excélsior, tal y como se lo ordenó Julio Scherer: ‘Hazlo lo más extenso posible, porque va a ser noticia de primera plana’. ‘¿Por qué no me lo traes para corregírtelo?’, le pedí a Rojas Zea. Esa misma tarde, Rodolfo vino a la casa: ‘Oye, aquí te faltan muchísimas cosas muy importantes’. Añadí todo lo que faltaba y le pregunté: ‘Oye, ¿no te ofendes si te corrijo también la ortografía?’ ‘Yo soy periodista, ¿qué más da que haga unas cuantas faltas de ortografía?’ Lo corregí a conciencia: ‘Ahora sí está al centavo. Te sugiero que cada año me traigas el obituario para completarlo. Por el momento quedó perfecto, si muero mañana puedes publicarlo en tu periódico’. Eso sucedió en el año 1973, el año de la muerte de Picasso y mía”.

En 2010, el dibujante, grabador, escultor, pintor, ilustrador y escritor volvió a predecir su muerte y quiso de nuevo pulir su obituario.

“Oye, Elena, ¿sabías que los periódicos tienen ya escrito el obituario de muchos personajes para que no los agarren desprevenidos? ¿Crees que La Jornada me permitiera leer el mío para remediar omisiones? Tengo el presentimiento de que este año va a ser el de mi fallecimiento y voy a estar muy bien acompañado, porque también sé los nombres de otros que van a morir en 2010, pero no voy a dar nombres, aunque los tengo anotados en mi libretita negra y secreta. Si la abres, vas a llevarte algunas sorpresas, porque tengo a varios que jamás imaginarías”.

Este 3 de julio de 2017, José Luis Cuevas murió en un hospital privado al sur de la Ciudad de México, tras lo cual el gobierno federal ofreció a la familia realizar su funeral en el Palacio de las Bellas Artes.

Como le dijo Poniatowska a Cuevas, debe pasar uno o dos años tras el fallecimiento de una persona para que sus restos puedan ser llevados a la Rotonda.

Puedes leer artículo completo de Elena Poniatowska aquí: Esto no tiene remedio José Luis Cuevas