Los datos personales son el oro negro del siglo XXI; paradójicamente, no tenemos idea de dónde los dejamos en nuestras andanzas en el mundo digital, quiénes pueden tener acceso a ellos y qué permitimos que hagan con ellos.

 

Hace 5 años la tienda de videojuegos Gamestation se quedó literalmente con el alma de 7,500 suscriptores que firmaron un contrato de uso sin haber leído las cláusulas. Para que los usuarios pudieran comprar o apartar videojuegos de forma digital, la tienda exigía firmar una serie de términos y condiciones en las que decía:

“Al hacer una orden a través de nuestro sitio web a partir del primer día del 4º mes de 2010, el usuario nos da la opción no transferible de reclamar ahora y para siempre, su alma inmortal […] Si no estás de acuerdo porque A) no crees que tengas un alma inmortal, B) Se la diste a algún tercero o C) no quieres darnos esa licencia, da click en el enlace proporcionado para cancelar la transferencia.”

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640-112-OKSi bien Gamestation lo hizo a manera de broma (vamos, hasta el momento no hay manera legal de ceder el alma), fue con la intención de avisarnos sobre los contratos digitales que solemos firmar y aceptar sin leer ni una sola cláusula, hecho que hace que nuestros datos personales y de navegación sean moneda de cambio entre empresas de diferente índole.

Algo hay que tener claro: los datos personales que dejamos en nuestras andanzas en el mundo digital son el oro negro del siglo XXI, aunque, paradójicamente, los usuarios no tenemos la menor idea de dónde los dejamos o a quién los compartimos. Ello nos debe llevar a preguntarnos: ¿qué datos estamos dejando en el mundo digital, quiénes pueden tener acceso a ellos y qué permitimos que hagan con ellos?

Es tal la cantidad de información que generamos sobre nosotros mismos que es posible trazar perfiles muy definidos basándonos en los patrones de publicación, de compartir contenido y de participar en conversaciones.

La Universidad de Cambridge creó una aplicación llamada Apply Magic Sauce, que permite trazar un perfil de comportamiento y personalidad de un usuario comparando los “me gusta” que ha hecho en diferentes páginas con miles de pruebas de personalidad que tienen en su base de datos.

 

¿Qué más saben de nosotros las redes sociales y los motores de búsqueda?

Si tienes un perfil personal en Facebook, ve a la pestaña de configuración; una vez ahí, entra a la sección “configuración general”; en la parte inferior verás un enlace que dice “haz una copia de tu información”. Esto te permitirá realizar una descarga de la mayor parte de la información que has generado a lo largo de tu estadía en la red social. Eso sí, ten paciencia, porque el proceso puede tardar un par de horas.

Te sorprenderá lo que vas a encontrar: fotos, posteos, comentarios y conversaciones que ya habías borrado con personas a quienes has bloqueado. Todo está ahí, incluso lo que no recuerdas o quisieras no recordar. En primera instancia, esto puede resultar un poco perturbador, pues nos da una muestra de los datos que hemos forjado sólo en uno de los sitios que más visitamos.

Si tienes cuenta en Google podrás consultar todas las páginas que has buscado a través del motor de búsqueda o los lugares en los que has estado últimamente; incluso puede mostrarte qué dispositivos tienen acceso a tu cuenta o exportar tus datos y llevarlos contigo.

Sin embargo, más allá de teorías de la conspiración o paranoias sobre usos oscuros que se dan a los datos digitales, la verdad es que la mayor parte de ellos se usan con fines mercadológicos. Google puede mostrarnos a qué nicho de mercado pertenecemos e incluso podemos modificarlo para recibir anuncios publicitarios que nos interesen o de plano bloquearlos.

Facebook tiene una opción similar. Si vamos a “configuración”, luego a “anuncios publicitarios”, podemos modificar las preferencias que la red social ha construido para nosotros e incluso anularlas.

Esto va muy de acuerdo con los derechos ARCO (acceder, rectificar, cancelar y oponerse), que explican la forma en la que una persona puede exigir que su información digital sea tratada en la web. El INAI (Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales) cuenta con una guía muy útil al respecto.

Y hablando del INAI, hace unos días participé en un foro sobre privacidad y seguridad de datos en entornos digitales que organizó la institución, donde tuve la oportunidad de intercambiar puntos de vista con Microsoft, Uber y Yahoo!. El objetivo principal fue debatir sobre el uso que se da a los datos personales y cómo regular dicha actividad.

Es necesario exigir a las empresas que den un uso adecuado y legal a nuestros datos. Sin embargo, por más que se legisle al respecto, si los usuarios no entendemos que se trata de un asunto de corresponsabilidad, cualquier ley sobrará. El mejor protector de nuestros datos personales somos nosotros mismos.

 

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