Por Luis Foncerrada Pascal*

En economía se dice que puede haber “doble déficit” o “twin deficits” en inglés. Y esto se refiere a que típicamente cuando hay un déficit fiscal significativo casi invariablemente hay un déficit también en la balanza comercial de ese país. En el caso de la economía actual de Estados Unidos estamos observando un ejemplo clásico, de texto en realidad, de cómo y por qué sucede esta situación.

Para explicarlo hay que entender un déficit fiscal y las consecuencias iniciales que tiene este déficit.

El déficit, definido simplemente como ingreso menos gasto, se puede explicar por diversas razones y en cualquiera de los casos ese faltante se debe financiar colocando deuda.

Evidentemente, el colocar deuda para cubrir un déficit siempre incrementa el nivel de la deuda y si el país no aumenta su producción a una tasa superior a la que crece la deuda, la deuda se incrementará como proporción de su ingreso o de su producto interno bruto (PIB). Esta es una consecuencia adicional de los déficits, incrementar la deuda, pero que también incide o puede incidir en que se den déficits recurrentes y crecientes.

A mayor deuda habrá mayor pago de intereses sobre esta deuda y por lo tanto incrementa el presupuesto del gobierno. Por supuesto, si no reduce su gasto en otros renglones, incurrirá en déficits mayores.

Pero veamos otros factores que también explican la existencia de déficits fiscales. Se puede incurrir en un déficit si el gobierno decide gastar más de lo que ingresa y por supuesto la diferencia se tiene que financiar con deuda. Otra razón puede ser que los ingresos del gobierno se reduzcan, ya sea porque hay una caída en la recaudación, que podría ser por una desaceleración de la economía o una franca recesión, o porque se decida una política económica, por parte del gobierno, de llevar a cabo una reducción de la tasa impositiva, de tal manera que la recaudación del gobierno se reduce también, disminuyendo sus ingresos y no así el gasto, pues indudablemente se tendrá un déficit, o un déficit mayor si es que ya existía uno.

En cualquiera de los dos casos, tanto por un incremento del gasto -como el pago mayor de intereses-, como por una reducción de impuestos, la gente tiene más dinero para gastar. Así tanto empresas, a través de su gasto en inversión, como la gente, a través de su gasto en consumo, incrementan sus compras. A la suma de ese consumo más la inversión, se le llama absorción -la cantidad de bienes y servicios que una economía absorbe, o consume en su totalidad, lo que destruye y utiliza para funcionar-.

Esta mayor absorción no distingue entre productos producidos en el país o producidos en otros países, por lo tanto, al incrementarse la absorción se incrementa la demanda de todos los productos, nacionales e importados. De esta manera, invariablemente al haber un gasto en general más alto en la economía, habrá también más importaciones y muy frecuentemente esto lleva a un déficit comercial, por la importación de bienes y servicios, o a incrementar este déficit si es que ya existía. Así es frecuente que un déficit fiscal sea acompañado por un déficit comercial, dando lugar a este concepto de “twin deficits” o déficits dobles.

En el caso de Estados Unidos el déficit se incrementó por las dos razones, incremento en el gasto y reducción de impuestos. Primero por el incremento del gasto gubernamental, en parte por el mayor costo de la deuda, recordemos que hace algunos años la tasa que pagaba el bono del tesoro a 10 años estaba alrededor de 2.5% y hoy alrededor de 3.0% y además sobre un saldo mayor de deuda, que excedió los 22 billones de dólares (trillions en inglés) ahora en febrero, más de un billón adicional con respecto a marzo del 2018.  De otra parte, un incremento en el gasto militar y en seguridad social. Esto implica, además, para el 2019, otro déficit de más de un billón de dólares de nuevo. Y luego por la reducción de los impuestos que el presidente Trump llevó a cabo con la reforma fiscal del 2018, cuando cortó la tasa para corporaciones de 35% a 21% y limitó el impuesto sobre la renta para los rangos más altos de ingreso a 37%. El argumento era que con esos recortes la economía crecería más y que se recaudaría más, esto basado en una propuesta de un economista, Laffer, que sostenía esto. Sí ha habido más crecimiento, pero no ha habido un efecto en la recaudación, el efecto Laffer, parece más bien laugher.

Sin duda ha habido un incremento en la absorción, por las razones que hemos comentado, más inversión y más consumo. Lo que indudablemente se ha traducido en mayor demanda en general, y por supuesto por bienes importados. Así, también en 2018 el déficit comercial, de bienes, llegó a un máximo histórico de 891.3 mil millones de dólares. Este déficit no incluye servicios, que son superavitarios para Estados Unidos, pero el presidente Trump ve fundamentalmente la balanza de bienes.

Tal como era previsible, el déficit comercial de Estados Unidos nunca ha tenido que ver con los tratados de libre comercio, ni con la diferencia en los costos de la mano de obra, ni con el proteccionismo existente de otros países, sino simplemente con que el exceso de gasto gubernamental sobre su ingreso, esto es por su falta de ahorro, y su efecto en la absorción total, lo que necesariamente provoca un déficit comercial, además creciente.

La reducción del déficit comercial americano, en realidad depende de que el gasto gubernamental se reduzca y/o que incremente los impuestos. La solución es la contraria a la política actual.

*Asesor Económico de AmCham / Mexico

 

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