La imperiosa necesidad de los romanos de obtener especias como la pimienta los llevó a una búsqueda incansable por encontrar nuevas rutas comerciales.

 

 

La necesidad de realizar actividades comerciales ha dado origen a importantes instrumentos financieros a lo largo de la historia: la moneda, la letra de cambio, el cheque y las tarjetas de crédito, por mencionar algunos.

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La antigua Roma mantenía un intenso comercio con las culturas orientales, en particular con India y China, adquiriendo de ellas muchos productos, entre los que destacaban la seda, la canela, la pimienta, la mirra y el nardo.

Un documento muy interesante que describe este comercio es El Periplo del Mar Eritreo. Escrito en griego aproximadamente en el año 54 después de Cristo, ofrece información y consejos prácticos acerca de la ruta comercial que comprendía desde Egipto (en aquel entonces parte del imperio romano) hasta África del Este, sur de Arabia y la costa oeste de la India.

Un periplo hace referencia al concepto que en la antigua Grecia se tenía acerca de un documento escrito con la finalidad de detallar las observaciones hechas por marineros en referencia a una cierta ruta marítima como viento, corrientes y puertos, entre otras muchas cosas.

Se cree que El Periplo del Mar Eritreo fue escrito por un experimentado comerciante, cosa que lo hace muy singular, ya que la mayoría de los documentos de la época romana que han sobrevivido fueron escritos por alguien cercano o perteneciente a la alta clase política. El Periplo es aún más valioso si se considera que es el único documento completo disponible que detalla el comercio de Roma. Entre las cosas más interesantes que se detallan en él está la lista de artículos que se podían intercambiar en cada puerto que comprende la ruta.

Los romanos pagaban con monedas. No inventaron esta forma de dinero (ver este blog con fecha 21 de abril de 2014). Sin embargo, la hicieron su principal instrumento financiero (prácticamente el único). De hecho, la palabra moneda deriva de la acuñación de monedas en la antigua ciudad imperial. Aproximadamente en el año 270 antes de Cristo, los romanos decidieron acuñar una nueva moneda de plata: el denario. En esa fecha la moneda mostraba la cara de la diosa Juno. También en la moneda estaba escrito su apelativo, “Moneta”. Esto es la moneda de Juno Moneta.

Con una conquista importante, los romanos obtenían grandes cantidades de oro, el cual fundían y convertían en monedas. Las monedas eran usadas para pagar a los soldados y sufragar gastos muy importantes que le daban dinamismo a la economía romana, como la construcción del Coliseo. También con ello financiaban la compra de productos que provenían de fuera del imperio, como las especias.

Un número importante de denarios de oro y plata han sido encontrados en la India recientemente, lo que corrobora esta intensa actividad comercial descrita en el Periplo. De hecho, la incapacidad del imperio romano de producir internamente muchos de los artículos que consumía fue un reto para mantener sus finanzas sanas. De hecho se piensa que esta sangría de riqueza a otras regiones y el no tener nuevas tierras que conquistar pudieron haber contribuido al eventual colapso de esta civilización.

¿Y la pimienta? Ésta y otras especias como la canela se utilizaban no sólo para condimentar los alimentos de la clase acomodada, sino de forma más importante para preservarlos. Los inviernos eran, y son, crudos en Roma. Al llegar el frio había que sacrificar el ganado criado durante el verano, y la carne había que conservarla en buen estado de alguna forma. Se usaban las especias.

Así, la imperiosa necesidad de obtener las especias por parte de los romanos los llevó a una búsqueda incansable por encontrar nuevas rutas comerciales y pagar con el único medio de pago que desarrollaron: monedas. Para el caso del comercio entre culturas, las únicas aceptables eran de oro y plata.

Después del colapso de Roma, los europeos seguían teniendo la necesidad de obtener especias de Oriente, lo que llevó a cambios importantes en la historia de la humanidad y a la creación de nuevos instrumentos financieros: la letra de cambio. De ésta hablaremos en el próximo blog.

 

 

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