Desde el primer momento, las acusaciones respecto a la responsabilidad del derribo del avión comenzaron a cruzarse entre autoridades ucranias, rusas y líderes separatistas. Cabe decir que los son tres sospechosos.

 

Como ya es sabido, este jueves un avión Boeing 777 de Malaysia Airlines cayó en Ucrania, cerca de la frontera con Rusia, y en un área donde fuerzas separatistas prorrusas se siguen enfrentando al ejército ucraniano. Las versiones y circunstancias del caso apuntan a que se habría tratado de un derribo intencional con un potente misil tierra-aire, algo que nada más está por hacerse oficial.

En la nave que viajaba a Kuala Lumpur desde Ámsterdam, perecieron casi 300 personas entre tripulación y pasajeros. Una nueva desgracia para esta aerolínea tras la ocurrida en marzo pasado, cuando un Boeing B777-200 desapareció de los radares una hora después de haber despegado de Kuala Lumpur con destino a Beijing.

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Desde el primer momento, las acusaciones respecto a la responsabilidad del derribo comenzaron a cruzarse entre autoridades ucranias, rusas y líderes separatistas. Cabe decir que los tres sospechosos.

Andrei Purgin, líder prorruso, dijo a la agencia The Associated Press que estaba seguro que el ejército ucraniano había disparado el misil, pero no ofreció prueba alguna.  Por su parte, Antón Gueráshenko, asesor del ministro del Interior de Ucrania, a través de su cuenta de Facebook sostuvo que la zona desde la que fue disparado el misil está bajo control de los separatistas y que no hay tropas ucranianas. Como se dice, se lanzan uno a otro la “papa caliente”.

Es un hecho que la versión oficial final dejará más dudas que certezas, pero lo cierto es que, dada la altitud a la que viajaba el avión (10,000 metros), sólo un armamento militar especializado podría haberlo alcanzado. Los separatistas se defienden diciendo que ellos no cuentan con tal capacidad de fuego, y los ucranios asegurando que ellos no usan ese tipo de armamento contra los rebeldes. Sin embargo, a pesar de estos deslindes, ambos bandos son los principales sospechosos.

Y es que, por ejemplo, la agencia AFP reporta que en el sitio de medios sociales VK, el perfil que se supone pertenece a uno de los jefes rebeldes de la “República Popular de Donetsk”, Igor Strelkov, apareció el mensaje: “Derribamos un An-26 cerca de Torez. Está cerca de la mina Progreso. Les advertimos que no volaran en nuestros cielos.” De ser cierto, esto sugiere que los separatistas podrían haber disparado el misil por una confusión, pues se trata del mismo lugar donde se impactó la nave de Malaysia Airlines.

Además, la misma agencia afirma que en la cuenta oficial de Twitter de la “República Popular de Donetsk” se publicó un tuit –que luego fue borrado– en que presumían: “Sistemas de misiles autopropulsados tierra-aire Buk han sido incautados por la DNR al regimiento (ucraniano) de misiles tierra-aire A1402.”

Llama la atención que el citado Gueráshenko especificó que el misil había sido disparado desde este tipo de lanzador Buk, con alcance de hasta 25,000 metros. Esto significaría que, en efecto, si antes los rebeldes no tenían este armamento tan poderoso, ahora se habrían hecho de él. No obstante, hay reportes de que ya desde antes estos cohetes habían sido utilizados durante la semana pasada para echar a tierra helicópteros y aviones ucranios, lo que deja en claro que, en cualquier caso, los rebeldes sí contaban ya con misiles Buk. Ahora, también es cierto que en una guerra civil como la que se vive allá, no puede descartarse que hayan hackeado estos sitios rebeldes para incriminarlos.

Del mismo modo, el ejército ucranio es sospechoso, pues no sería la primera vez que derriban una aeronave “por accidente”, como ocurrió días después del ataque terrorista del 11 de septiembre en el WTC de Nueva York. Se trata del vuelo civil 1812 de Siberia Airlines, que en octubre de 2001 –mientras se encontraba en ruta de Tel Aviv (Israel) a Novosibirsk (Rusia)– fue alcanzado por un cohete S-200 disparado por las fuerzas armadas ucranias durante ejercicios militares. En total murieron 78 personas.

Hay que decir que la idea de que los ucranios derribaron el avión por creer que era el presidencial de Vladimir Putin, el presidente ruso, es absurda. Las fuerzas de Kiev no han dejado de temer una participación activa de Moscú contra ellos, por lo que un acto de guerra total como ese, que aseguraría la aniquilación de su ejército y el derrocamiento de su gobierno, sería impensable.

El tercer sospechoso es Rusia, pero de manera más indirecta, pues, como es sabido, apoya de forma encubierta a los separatistas ucranianos, que aun teniendo los misiles Buk serían técnicamente incapaces de dispararlos. No es como tomar una bazuca y hacerlo, sino que, según expertos, se necesita saber usar el radar, apuntar y otros pasos adicionales que requieren entrenamiento. Bajo esta tesis, los ojos también vuelven a voltear hacia las fuerzas oficiales leales a Kiev.

Lo que complica las cosas es que ni siquiera los aviones de vigilancia de la OTAN que patrullaban los países bálticos, fueron capaces de identificar el origen del ataque.

Como podemos ver, este enredo no terminará bien. Las derrotas y las desgracias como ésta son huérfanas. Nadie quiere asumir responsabilidad por ellas. Una pena que agrava el dolor de los deudos de las víctimas, que además de la pérdida tendrán que cargar ahora con un largo proceso en el que, al final, será muy difícil que los responsables paguen por sus actos, accidentales o intencionales. Ojalá se llegue a la verdad y se haga pública, pero las probabilidades nos están jugando en contra.

 

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