Estamos siendo actores principales en la guerra electoral en Estados Unidos, y éste es un asunto interno, local, temporal y secundario en ese país. Aquí en México, como tradicionales jarritos de Tlaquepaque, nos azotamos en las paredes y ya queremos armar una guerra cada cinco minutos.

Analicemos el contexto para que entendamos la situación y que los mexicanos nos dejemos de cortar las venas y dejemos de impulsar la organización de todo tipo de tangos y manifestaciones extrañas, que algunas voces claman para escandalizar a la patria una vez más.

Primero habría que entender que en el sistema político de Estados Unidos, los demócratas son entendidos como un partido de “izquierda” y los republicanos de derecha; el bloque de los demócratas es bastante unificado, mientras que el de los republicanos es muy extremo: tiene alas muy radicales como el mentado Tea Party, que aquí lo entenderíamos como un partido de la ultraderecha, y que en la realidad son peor que los de una izquierda radical, por la simple y sencilla razón de que ellos sí tienen mucho dinero, y en lugar de pistolitas de la revolución usan todo tipo de armas y explosivos de última generación.

Ahora bien, con esto entendido, lo que estamos presenciando en la televisión es el proceso interno de las campañas de cada uno de los partidos; haga de cuenta un debate mugroso entre los candidatos del PAN a ver quién queda nominado como precandidato a la presidencia.

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Por otra parte, como buena campaña política interna, esto sólo pasa una vez cada cuatro años. A partir de julio de este año ya iniciará la campaña oficial entre los dos candidatos de cada uno de los partidos, y entonces sí ya es oficial, por lo que, como país, podemos empezar a mentarles la madre oficialmente. Enfrentamos un ejercicio democrático en donde sí “todo lo que digan se podrá usar en su contra”.

Otro tema que es necesario entender para enfocar el contexto político de Estados Unidos son las preferencias de la población y los pesos electorales de los partidos. De acuerdo con un estudio de Gallup, las predilecciones de los estadounidenses para los partidos políticos son así: el Partido Republicano tiene una preferencia del 26%, el Demócrata del 30%, y casi 43% se declara independiente.

Esto significa que el pleito de Trump y sus amigos que vemos en la televisión y los diarios es la campaña de un partido político que representa al 26% de la población de Estados Unidos, así que cuando se habla del 40% de votos a favor de Trump, que es el porcentaje de los delegados del partido, ese porcentaje representa el 40% de los que se dicen republicanos, o sea un pequeño porcentaje de la población.

Todo esto quiere decir que hay gente en México que se corta las venas por lo que se dice en una campaña interna, primaria, y toman ese pleito como si ya éstos fueran los candidatos finales.

Para compararlo adecuadamente, es como si Estados Unidos se cortara las venas por la campaña interna del PRD y sus madrizas en sus convenciones internas, en donde alguno de los candidatos le echara bronca a los gringos para ganarse a su audiencia. De ese tamaño, y lo digo con todo respeto para el PRD.

En nuestra querida América Latina hemos tenido infinidad de casos en que los presidentes gritan su odio por Estados Unidos, se jactan de ser izquierdistas radicales y por debajo aceptan créditos, apoyos económicos y firman acuerdos.

Y les cuento un ejemplo que viví hace algunos años estudiando un diplomado en la Universidad de Washington. Recuerdo que una tarde estaba programada una plática de la senadora Cristina Kirchner. Cuando llegué al auditorio, me llamó la atención ver que salieron por ahí unas cámaras de TV y empezó todo un movimiento inusual para una simple conferencia. Cuando inició su participación, fue muy extraño porque lo que menos parecía era una conferencia a un grupo de profesionales en una universidad. La posición discursiva era totalmente en contra del sistema estadounidense, hasta que derivó en una serie de ataques a los estadounidenses. Claro, cuando me di cuenta, era todo un show armado, para que pareciera que la senadora había ido valientemente a Washington a gritar en contra de los estadounidenses en su propia tierra. Eso fue lo que los argentinos vieron en la televisión. ¿Suena conocido?

La otra parte importante de esta historia sería entender a quién o a quiénes en México les interesa presionar a través de los medios al gobierno mexicano, exigiéndole que se baje hasta el nivel de una campaña electoral interna de un país vecino y ponerse al tú por tú con un precandidato que lo único que busca es ganar votos a como dé lugar, y mientras más radicalice a los blancos de la clase media y a los radicales y extremistas religiosos, más se acerca a la nominación.

¿O será que sólo lo hacen por joder? En mi opinión, no hay que responder. Eso es lo que buscan para ganar más adeptos. No le demos ese beneficio si tanto nos cae gordo Trump, y sus amigos.

 

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