Sabrina Pasterski nació en Chicago, de madre cubana y padre estadounidense. Tiene 22 años, cabello oscuro y piel clara. En el mundo de la física dicen que es la nueva Einstein.

Sus disruptivas investigaciones han sido citadas en papers de decenas de académicos, entre ellos el astrofísico británico Stephen Hawking.

Cuando Sabrina tenía 10 años empezó a tomar clases para aprender a volar aeronaves, y a los 14 terminó con éxito un proyecto personal que cambió su vida para siempre: construir y volar su propio avión.

Rápidamente se convirtió en uno de los personajes más populares de la aviación, a lo que se sumó que era la niña genio de la física. Esa combinación de audacia e inteligencia provocó que Jeff Bezos, fundador de Amazon, le ofreciera trabajo en otra de sus empresas, Blue Origin, dedicada al desarrollo y producción aeroespacial.

Sabrina dice que prefiere enfocarse en el doctorado que estudia en Harvard, donde investiga la gravedad en el contexto de la mecánica cuántica.

“La nueva Einstein” ama la física y no usa redes sociales. Ni Twitter ni LinkedIn ni Instagram. Tiene una cuenta en Facebook que no actualiza. Lo que sí, en YouTube tiene un video en el que arma un avión para su papá. Prácticamente, la única forma de saber más de ella es visitar su sitio PhysicsGirl.com. El trabajo de Sabrina es relevante mucho más allá del campo de la física.

En las últimas tres décadas, el porcentaje de mujeres que reciben grados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas ha aumentado de manera espectacular.

De hecho, en México hay más mujeres que hombres estudiando posgrados. Según la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), la matriculación de las mujeres en posgrados es de 50.4%, en especialidades 51% y en maestrías 51.2%.

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Sin embargo, el número de mujeres que son profesoras e investigadoras de tiempo completo en ciencias e ingenierías es de sólo 10%, y esa cifra ha permanecido constante en 50 años.

La aparente equidad en la educación universitaria no se refleja en la vida profesional.

¿La solución? Es compleja y tengo muy claro que no consiste en cuotas de género. Es decir, si intentáramos obligar a las universidades a colocar mujeres en la mitad de sus puestos en investigación sería una falsa solución.

El cambio debe ser cultural, tanto en hombres como en mujeres. Y el primer paso es dejar de considerar a las científicas como un grupo de interés especial. Las mujeres son la mitad de la población y ahora ganan más de la mitad de los títulos de maestría y doctorado. Sin embargo, la brecha de género persiste, sobre todo en el mundo laboral.

Por eso, Sabrina Pasterski es tan relevante. Mientras avanza en su labor como física, de forma simultánea hace otra cosa muy importante: mostrar a jóvenes mujeres que la ciencia puede ser su camino de la felicidad.

 

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