Sonríe poco, canta como si le faltara el aire, con una voz pastosa y parca, su ejecución en el bajo es más bien pobre, algunas de sus instalaciones han sido calificadas como una verdadera tomadura de pelo, sus declaraciones sobre el arte son cuestionadas ad nauseam. Y pese a todo, Kim Gordon es hoy por hoy una de las mujeres clave para entender la cultura contemporánea. ¿Quién se cree Kim Gordon?

La cantautora, escritora y artista visual norteamericana de 63 años, nacida bajo el nombre de Kim Althea Gordon (Rochester, Nueva York, 1953), no sólo es la ex integrante de una de las bandas de rock más importantes del mundo (Sonic Youth), también es una figura femenina esencial, sin la cual la distancia entre la música popular y las expresiones artísticas contemporáneas de corte abstracto sería aún mayor.

Al igual que su ex esposo, el guitarrista Thurston Moore, la cantante Patti Smith o el ahora Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan, Gordon decidió dejar el seno familiar desde temprana edad para desarrollar una voz propia en Nueva York, centro neurálgico del rock y las artes de occidente. Desde sus primeras incursiones en el teatro y las artes plásticas, Kim Gordon focalizó sus esfuerzos y creatividad para ganarse a pulso un lugar con credibilidad dentro de la escena cultural contemporánea.

Previo a su incursión en Sonic Youth, Kim Gordon entabló contacto con la movida post hippie de los setenta, trabajó de cerca como asistente de Larry Gagosian y Annina Nosei, figuras controvertidas y fundamentales para comprender buena parte del arte contemporáneo más importante de Estados Unidos. Aunado a esto, su amistad y cercanía con artistas hoy consagrados como Dan Graham, Mike Kelley, Raymond Pettibon o Richard Prince le dieron los cimientos esenciales para entender el rock como una fuerza de cambio trascendental, en medio de un Nueva York descarapelado y decadente, convirtiéndose, entre otras cosas, en una observadora aguda del rol de la mujer en el ámbito del arte, la moda y la sociedad.

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Periodista musical, madre, impulsora de la moda y experimentadora incansable, Gordon sabe mejor que muchos que la valía de un artista es un trayecto de largo aliento, uno que debe forjarse a base de trabajo, disciplina y confianza en lo que se hace, articulando un discurso que tuvo que encontrar eco entre el acoso y las diatribas públicas desde que su banda comenzó a ganar renombre, durante la segunda mitad de los ochenta.

Quien esté enterado de los embates que han enfrentado las mujeres en el panorama de la música, desde Billie Holiday hasta Peaches, pasando por Joni Mitchell y Marianne Faithfull o Karen Carpenter, sabe que fue Kim Gordon quien dio un giro de tuerca abismal para reconocer en la figura femenina a un ente sumamente complejo, combativo, inteligente y propositivo, más allá de su fragilidad y encasillamiento sexualizado. Sus diversos proyectos al lado de artistas de la talla de Ikue Mori, Yoko Ono, Chloe Sevigny, Kathleen Hanna, Yoshimi P-We, entre muchas otras, son pruebas fehacientes de su fuerza y creatividad, mismas que trascienden lo que alguna vez se conoció como el movimiento Riot Grrl.

En la década de los noventa, cuando Sonic Youth alcanzó el pico máximo de popularidad, Gordon tendió puentes sólidos para demostrar que se podía estar dentro del mundo del espectáculo para criticarlo y revertirlo a favor de un discurso más consistente y articulado. El confrontamiento de Gordon con el entorno masculinizado, las trivialidades mediáticas y las disparidades sociales han sido decantados por más de tres décadas, a través de ensayos críticos, entrevistas lúcidas, reportajes ingeniosos, canciones oscuras y bellas, o bien pinturas crudas y directas.

Tras su divorcio con Thurston Moore y la consecuente desintegración de Sonic Youth en 2011, Kim Gordon volvió al ojo público a través de diversos frentes, desde los cuales puede entenderse mejor la relevancia de su trabajo en la cultura contemporánea: Is It My Body? Selected Texts (Sternberg Press, 2014), compendio que reúne una atinada selección de ensayos, poemas y entrevistas, en los que Gordon ahonda sobre el arte, el ruido, la figura masculina dentro del rock, la moda y la sociedad de consumo norteamericana; Girl in a Band (Dey Street Books, 2015), autobiografía en donde la ex bajista de Sonic Youth revela de forma abierta y sentida los pormenores de su separación con Moore, así como su desarrollo como persona y artista, sin dejar de lado el ojo crítico que la caracteriza, y Body Head (2013 a la fecha), proyecto de noise rock libre en mancuerna con el guitarrista Bill Nace, dueto sonoro que suele integrarse con frecuencia en el mundo audiovisual y editorial, dando cuenta de que Gordon siempre fue el ente más empírico y primitivo dentro de Sonic Youth.

En septiembre del año pasado, Gordon publicó otro libro bajo el pomposo nombre de Noise Name Paintings and Sculptures of Rock Bands That Are Broken Up (Deste Foundation For Contemporary Art), el cual, como su nombre lo indica, es un registro de pinturas con nombres de bandas de rock que se desintegraron. La idea y el acercamiento de Kim Gordon podría leerse como un gesto infantil y sobrado para algunos, pero para otros funciona como un acercamiento atinado por entender al rock como una de las grandes expresiones culturales de nuestros tiempos.

Es precisamente con esta publicación que Kim Gordon visitará la Ciudad de México el 9 de febrero próximo en Casa Bosques (Córdoba 25, colonia Roma) para firmar los 60 libros que estarán a la venta y para dar una breve charla al respecto (el documento se encuentra prácticamente agotado).

La noticia ha sido recibida con cierto recelo, escepticismo y diatribas por parte de un público dividido entre los fans proyectivos que aún ven en Kim Gordon a una roquera endiosada, mística y con carácter agreste, y quien lee el acto público como un desplante de ego más bien hueco. Quién sabe, tal vez ambos bandos podrían estar errados en sus lecturas. Mientras tanto, algunos todavía se preguntan: ¿Quién se cree Kim Gordon?

 

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