El escenario inicial planteado por Carlos Vermut en su nueva película, Quién te cantará (2018), es sofisticadamente intrigante: una famosa cantante, Lila (la también cantante Najwa Nimri), pierde la memoria después de un accidente en la playa; entumecida por su “nuevo” despertar y sin poder identificarse, recurre a una doble de un bar perdido en la costa ibérica, Violeta ( la vulnerable Eva Llorach), para solicitarle que le enseñe a ser Lila una vez más y así poder participar en la gira que marcaría su regreso a los escenarios.

Esas líneas apenas y alcanzan a describir el intrincado juego de espejos que propone Vermut, una película de fantasmas sin entes sobrenaturales o espíritus buscando venganza, Quién te cantará es un largometraje sobre almas en pena, necesitadas de comprensión, agobiadas por la vida diaria sin importar su posición social. Las mujeres de Quién te cantará están condenadas a transitar sin abandonar su máscara, desdichadas de ser ellas mismas e imposibilitadas de cambiarlo.

Lila podrá ser una mujer con recursos, acomodada (en apariencia) y necesitada de pocas cosas, con espacio para las frivolidades de moda en su círculo social (“eres vegana, ¿qué no te acuerdas?”), pero su vida es una pantalla, un engaño para producir unos cuantos pesos y poderse recluir del mundo. Esa ilusión que le vende al público es también su condena, vive en reclusión porque afuera, en la vida cotidiana, no puede ser otra persona, está obligada a cumplir con su parte del trato de forma permanente con el público.

Violeta, por su parte, también vive con una pesada losa a sus espaldas. En algún momento quiso ser cantante, pero un embarazo adolescente la obligó a ver por el futuro de hija, quien a sus veintitantos se ha vuelto una catarata de resentimientos contra su madre, utilizando el chantaje emocional para acabar con la poca dignidad personal de su progenitora. Ni hablar de su trabajo sin futuro.

De esta manera, ambas forman un espejo de las aflicciones de la otra. Las dos, son en realidad una misa. En uno de los aciertos formales más seductores de Quién te cantará, Vermut opta una y otra vez por enmarcar a sus protagonistas en espejos, aunque estos nunca las proyecten por completo, siempre en fragmentos, nunca el cuerpo entero solo partes, incluso imágenes compuestas de ambas al verse reflejadas.

Es un juego cinematográfico que recuerda al intercambio sin un orden aparente de las protagonistas de Ese obscuro objeto del deseo (Cet obscur objet du désir, 1977) o a los alegatos medio existenciales de Enemy (2013), del canadiense Denis Villeneuve, donde los cuerpos fluyen porque la carne es lo menos importante de los fantasmas.

La mimetización de ambas sigue, no obstante, su parecido físico sea limitado, porque ambas son incapaces de librarse de las culpas que cargan. Vermut parece decirnos a todos que vivimos en un engaño que aceptamos porque lo necesitamos, la única opción es la obsesión. “La pregunta que me surge es ¿quién crea a quién? ¿Los creamos a partir de nuestra necesidad? Somos nosotros los imitadores, la gente común, los que influimos en ellos”, comentó al respecto el cineasta en una entrevista.

Tortura es vivir sin poder ser lo que aparentamos, venerar el engaño hasta el fin.

 

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