Todos buscamos mejorar nuestra posición en la jerarquía social, pero manifestar abiertamente nuestras ambiciones tiene un efecto pernicioso en nuestro entorno. Te contamos a detalle cuál es.

 

Por Susan Adams

PUBLICIDAD

 

A Nathan Pettit no le gusta la hipocresía. Como profesor asistente de Administración de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, se molesta cuando la gente no admite sus verdaderas motivaciones. Por ejemplo, ha descubierto últimamente, a los 35 años, que muchos de sus amigos de sus días de universitario en Cornell comienzan a comprar BMW y Mercedes, pero no van a admitir por qué están haciendo esa compra en realidad. “Dicen cosas como ‘es muy seguro y eso es importante porque tengo hijos’”, dice. “Destacan las características relevantes que no están relacionadas con el estatus para justificar su compra”, pero si la seguridad de sus hijos fuera su prioridad comprarían un Volvo. “Hay una cierta autoconciencia en no admitir por qué has comprado un Mercedes.”

Pettit, quien fue becario en Citigroup e hizo consultoría de recursos humanos en una empresa llamada Workscape antes de convertirse en profesor de tiempo completo, enfoca la mayor parte de su trabajo académico en la jerarquía social. La motivación de su último trabajo, “Status is a Four-Letter Word: Self Versus Other Differences and Concealment of Status-Striving”, surgió de su percepción de que todo tipo de literatura académica, desde la antropología hasta la economía o la sociología y la administración, da por sentada la idea de que la gente siempre se esfuerza por mejorar su estatus, pero esa literatura no sondea los sentimientos complejos que la mayoría de las personas tiene acerca de tratar de mejorar su estatus y la reacción a menudo negativa que sus colegas y amigos tienen cuando manifestamos abiertamente nuestras intenciones de ascender en la escala del estatus.

Para investigar el tema, Pettit y su coautor, Hee Young Kim, profesor asistente en la Universidad Rider en Lawrenceville, Nueva Jersey, reunieron seis estudios en los que se consultaron las reacciones generadas por sujetos que buscaban mejorar su estatus y sondearon los sentimientos que esos mismos sujetos tenían acerca su intento de mejorar sus perfiles. Descubrieron que la gente casi siempre afirma que el estatus le interesa menos que a los demás, y la mayoría de las personas desaprueba el comportamiento de una búsqueda abierta de la mejora de estatus en otros. “Aunque la búsqueda de un mejor estatus es considerado un rasgo fundamental de los seres humanos, y por lo tanto algo perseguido por muchos”, escriben los autores, “sostenemos que la búsqueda de estatus se encuentra estigmatizada”.

Los investigadores encuestaron a cerca de 200 participantes, un grupo diverso que incluyó a afroamericanos, asiáticos, latinos y blancos, sobre distintas cuestiones relacionadas con el estatus. En el primer estudio pidieron a los encuestados que leyeran un pasaje de alguien que buscaba mejorar su estatus y alguien que no lo hacía, a otro que le daba mucha importancia a su posición en la jerarquía social y otro que no. Luego, los participantes respondieron tres preguntas acerca de sus reacciones en una escala de 1-“muy negativa” a 7-“muy positiva”. Los participantes dieron bajas calificaciones a los que mostraban abiertamente sus intenciones de mejora.

Un hallazgo sorprendente: aunque la edad y el sexo de los sujetos del estudio no hicieron ninguna diferencia cuando se trataba de cómo la gente se sentía acerca de ser alguien que busca abiertamente mejorar su estatus, la etnia sí era importante, especialmente para los blancos, que se sentían menos cómodos con la autopercepción de ser escaladores. Los asiáticos se sintieron más cómodos al mostrarse abiertos acerca de sus ambiciones. “Su idea sobre el ascenso es que esa ambición de mejora en la jerarquía social es una virtud”, dice Pettit.

Aunque Pettit dice que no tenía intención de que su reporte fuera una guía para alcanzar una mejoría en estatus, su investigación ofrece algunas pistas. Aunque muchos de nosotros lo sabemos, el documento deja claro que para la mayoría de personas no es aceptable que otros manifiesten abiertamente sus ambiciones. “No admitimos a nosotros mismos que a otras personas no les gusta cuando nos esforzamos pos mejorar nuestro estatus”, dice.

En otras palabras, si eres demasiado abierto acerca de tus pretensiones, podrías terminar socavando tu meta. Lo que debes hacer, aconseja, es enfocarte en otras personas de tu grupo. “Tratar de promocionarte a ti mismo probablemente terminará teniendo el efecto opuesto”, dice. “Pero si ayudas a otras personas y das al grupo, terminarás por ascender.”

Es probable que no baste con decir que compraste tu BMW por razones de seguridad. En cambio, es mejor que no menciones tu auto para nada y en su lugar ofrezcas llevar a tus amigos a algún lado la próxima vez que lo necesiten.

El reporte de Pettit aparecerá en la edición de abril de la revista Social Psychological and Personality Science.

 

Siguientes artículos

Ser rico no basta para los millennials
Por

Más que un gran salario, los millennials buscan empresas que ofrezcan desarrollo profesional, liderazgo y, sobre todo, b...