A todos nos ha pasado: sacamos el teléfono en público y tecleamos la clave de desbloqueo o el password para alguna cuenta personal, exponiéndonos a ojos fisgones. No más.

 

By Kashmir Hill

 

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Como [email protected] [email protected] fisgones saben, es bastante fácil averiguar la contraseña de un smartphone. En un iPhone o un Android, los números se iluminan amablemente cuando son tocados, pero gracias a las nuevas tecnologías, existen más técnicas que asomarse a la pantalla de alguien para comprometer su seguridad. Ya existe una aplicación para Google Glass que puede reconocer no sólo la clave de desbloqueo de un teléfono o tablet, sino passwords de ocho caracteres escritos sobre una pantalla desde ocho metros de distancia. Con una cámara web normal o la de un iPhone, los investigadores Xinwen Fu, Qinggang Yue y Ling Zhen de la Universidad de Massachusetts Lowell, fueron capaces de averiguar con gran precisión las contraseñas de teléfonos inteligentes que usaban un teclado Qwerty.

“Las cámaras entrometidas pueden robar tus credenciales”, dijo uno de los investigadores al hablar de su aplicación para Glass en la conferencia de seguridad Black Hat, la semana pasada en Las Vegas. “Evita realizar operaciones bancarias en línea en un lugar público.”

Para aquellos interesados ​​en reforzar su privacidad, los investigadores presentaron una solución. Los teclados digitales tienen la ventaja de que puede mezclarse el orden de las teclas para que sea imposible discernir el patrón de un password, que por lo general está asociado al golpe de un dedo con un lugar específico de la pantalla. Saluden al teclado que mejora la privacidad, “un teclado aleatorio que aparece sólo cuando un usuario introduce una contraseña o pin”, que los investigadores han puesto a disposición de los usuarios de Android a través de Google Play.

Su teclado podría obligarte a tomar las cosas con calma: aunque la aparición de un teclado en desorden cada vez que necesites introducir una contraseña podría ayudarte a mantener a los fisgones a raya o huir de las miradas indiscretas, humanas o electrónicas, definitivamente se trata de un ejercicio de memoria ejemplar.

 

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