Por Mauricio Rodas Espinel*

A dos años de Hábitat III, y a un año del lanzamiento de la Estrategia de Resiliencia de Quito, esta administración plantea soluciones a los retos ambientales que enfrenta nuestra ciudad y a los desafíos para mejorar la calidad de vida de sus gente, afectada por los desplazamientos urbanos, a través de una visión donde la movilidad va más allá de la gestión del tráfico.

Quito propone una alternativa clara y completa para enfrentar uno de los mayores retos en materia de resiliencia de la ciudad: cambiar la tendencia de crecimiento de la urbe de horizontal y dispersa, a concentrada y compacta, con una visión de equidad, que potencia los beneficios del desarrollo urbano relacionado a los nuevos sistemas de transporte, en beneficio de quienes habitan la ciudad.

Adoptamos una visión que incorpora la construcción de resiliencia frente a la movilidad, en la que abordamos la problemática a partir de todas sus aristas, como son las emisiones de gases de efecto invernadero, la inequidad social en el uso del espacio público dedicado a la movilidad, y por supuesto la calidad de vida. Esta mirada holística nos permite considerar soluciones probadas a nivel global e involucrar a todos los entes y comunidades implicados, para así preparar a la ciudad de forma integral.

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El ambicioso plan de movilidad de Quito, que permite implementar la Estrategia de Resiliencia de la ciudad presentada en 2017 a un año de Hábitat III, conjuga esfuerzos del Municipio con el apoyo de la iniciativa de 100 Ciudades Resilientes, y es tal vez uno de los pasos más claros en materia de planificación para implementar la Nueva Agenda Urbana, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Acuerdo de París sobre Cambio Climático y el Marco de Sendai.

Uno de los más grandes retos que se evidenció con este trabajo es el disminuir parte de los 3 millones de toneladas de CO₂ equivalente emitidos por la forma en que los quiteños se movilizan, pero también mejorar la calidad de los medios de transporte, convirtiéndose así en un aporte integral al desarrollo sostenible de la ciudad.

La primera línea del Metro de Quito se convertirá en el eje estructurador del sistema de movilidad de la ciudad, posibilitando que se generen otras alternativas ambientalmente amigables, como transformar a Quito en una ciudad más segura para transportarse caminando o en bicicleta. Esta gran obra de infraestructura, la mayor de la ciudad en toda su historia con una inversión superior a los 2 mil millones de dólares, posibilita la incorporación de zonas con mayor densidad y calidad urbana. Igualmente estas zonas seguras, potencian un desarrollo inmobiliario favorable a la densificación urbana y a la construcción de edificaciones eco – eficientes en las zonas aledañas a las estaciones de transporte público; con un impacto positivo en la generación de empleo.

Además del Metro, otras propuestas ya en marcha apuestan a alternativas de movilidad nulas o bajas en emisiones de carbono, como la inversión de cerca de 35 millones de dólares para renovar parte de la flota de buses de carril exclusivo incorporando 20 unidades eléctricas de Trolebus y 50 unidades eléctricas de la Ecovía, que permiten eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero en el Centro Histórico de Quito, y suman a la inversión ya realizada en la renovación de las paradas de buses de carril exclusivo para mejorar la infraestructura existente. Esta es la inversión en la historia de la ciudad con mayor aporte ambiental para mejorar el sistema de transporte público de manera integral y contribuir a la calidad de vida de los habitantes.

*Alcalde de Quito.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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