Ardua tarea tiene el gobierno de Peña Nieto para construir la credibilidad ante la incredulidad natural del mexicano.

 

 

Es innegable que la detención del famoso delincuente conocido como el “Chapo” implicó un sinnúmero de razones de estado; en los últimos días se pueden leer todo tipo de interpretaciones, tanto de políticos como de especialistas, columnistas y, que decir, del ahora nuevo vox populi, las redes sociales que, en situaciones como éstas, generan más zozobra que certeza por la cantidad de interpretaciones y diferentes versiones que se generan al vapor.

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El hecho es que el Chapo está en la cárcel y, más allá del operativo, sus detalles, si hubo o no coordinación con los americanos y todas las demás parafernalias que hoy se discuten alrededor del caso, estamos viendo la voluntad de un gobierno por actuar, ya que en cualquiera de las circunstancias hubiera sido más cómodo que siguiera libre e inalcanzable como lo manejaron los dos ex presidentes de México, Fox y Calderón, pertenecientes al PAN.

Hoy, el Estado Mexicano, con Peña Nieto al frente, tiene que lidiar con tres temas de vital importancia: uno, que no se escape; dos, la decisión de juzgarlo aquí o extradítalo, y ahí hay un tema en donde se estaría jugando la credibilidad y fortaleza del Estado ante la ciudadanía y el mundo; y, tres, que no es menos importante y mas allá de poder tener información de los cómplices y las redes de distribución, el hecho de que todas las autoridades que, de alguna manera, simulaban no verlo para no capturarlo, hoy quedan en entredicho y en posiciones de gran debilidad. Este simple hecho le estaría dando al Estado, al gabinete y al Presidente Peña, una posición privilegiada con la cual podrá tener gobernabilidad y crear confianza en la ciudadanía.

Cabe destacar que el Estado tiene que dar la cara a un ciudadano morboso e incrédulo por naturaleza. Lo morboso se demuestra, simplemente, por la cantidad de curiosos que visitaron el malecón de Mazatlán después de la detención, sólo por la curiosidad de ir a ver el lugar en donde vivía el mencionado delincuente. Lo incrédulo del mexicano lo podemos ver reflejado en la encuesta de El Universal, en donde el 46% de los encuestados consideran que el delincuente debe ser extraditado y el 41% dicen que no, y esto pudiera estar derivado de la desconfianza de que las autoridades no puedan impedir que se  vuelva a escapar.

Ardua tarea tiene el gobierno de Peña Nieto para construir la credibilidad ante la incredulidad natural del mexicano. Lo que es real es que la maestra Gordillo tiene un año en la cárcel, se detuvo al Chapo, se lanzaron órdenes de aprehensión contra Gastón Azcárraga, y ahí está el dictamen de la Auditoria Superior de Hacienda con las irregularidades de funcionarios panistas. ¿Estaremos transitando por el camino correcto?

 

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