Por Luis Carlos Chacón J.*

Finalmente llegó el día que marca hito: el cierre de gobierno más largo en la historia de Estados Unidos, esta vez con un agravante: más de 800,000 personas que trabajan para oficinas federales (correos, aeropuertos, CIA, etc.) se quedaron sin recibir su primer sueldo del año, porque en uno de los sistemas políticos bipartidistas más longevos, exitosos y complejos del mundo se requiere que ambas partes estén de acuerdo, para poder comenzar a ejecutar el presupuesto del país.

Y de nuevo la figura casi mitológica del muro regresa… esta vez con más ahínco porque el Presidente Donald Trump decide acercarse a los medios (incluso hizo su primer mensaje a la nación desde la Oficina Oval) para estar en todos los titulares del planeta y poder mostrar una nueva narrativa, más alineada con sus estrategas políticos y el pulso de los temas que realmente llegan a la razón y corazón de los votantes, y que a su vez cumplen con las expectativas de los ‘donantes’.

Hubo un giro en el mensaje: se pasó del pedir un ‘Muro’ a una ‘Barrera’, a hablar repetidamente de la crisis humanitaria que se vive en la frontera, a seguir insistiendo en la criminalidad mexicana alrededor del proceso de cruzar, comenzar a aceptar que esta es una ‘solución medieval’ pero necesaria, aceptar que los mexicanos no van a pagar una construcción en la frontera, a tener en cuenta a las mamas y las niñas indefensas pasando la frontera.

Sin embargo, los modales de Trump lo superan. Muchos tiene que ver con la demostración de poder a través de la soberbia, ya sea por medio del tono con el cual maneja la conversación con los demócratas (donde estila pararse de la mesa y decirle ‘bye bye’ a la Senadora Pelosi), o la falta de empatía con los trabajadores federales, de los cuales confirma que están con él, comprenden su causa, lo apoyan y siguen dispuestos a quedarse sin paga.

Un objetivo: Comenzar a ejecutar la construcción del muro. Un nuevo mensaje: Hay una emergencia humanitaria perpetuada por el crimen organizado mexicano que debemos parar. Un personaje central. Un adversario que no da brazo a torcer. Muchos afectados. Muchos espectadores. Social media. Todo esto para Trump suena como música para sus oídos, porque vuelve una esencia narrativa… los reality shows! Esos que en 2004 lo llevaron a la cima del rating (https://tinyurl.com/y8jvdxqx).

Siguiendo las enseñanzas de sus épocas con Mark Burnett, el Presidente sabe un principio básico del formato: la personalidad de cada participante determinará qué personaje y rol tendrá en la trama, y para ‘aflorar’ estos caracteres se requieren retos, conflictos y procesos de eliminación, la famosa creación de micro-sociedades donde el hecho de saber que nadie tiene en principio libreto, genera identificación instantánea. Un “Pseudo-libreto” adivinando qué alianzas o conflictos pueden suceder.

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Así las cosas, durante la semana se creó la parafernalia: un discurso a la nación, confrontaciones en Capitol Hill, llegar a la frontera con México (sin contar interrumpir vacaciones en Mar-A-Lago o cancelar Davos) que más allá de buscar el bienestar, crea “contenido” que ayuda a cumplir con lo prometido, y con esto quedar con los ciudadanos como un político que —gústele o no— cumple con su palabra, y con sus patrocinadores se ve como un ‘negocio a la fija’.

Trump está convirtiendo una de las instituciones más fuertes, estables y creíbles de la política global, la de Estados Unidos y su inalterable bipartidismo de más de dos siglos, en un show de entretenimiento, donde las intrigas hacen parte de la conversación y todos los implicados, queriendo o sin querer, terminan siendo (o haciendo) de personajes, en una trama que se vive por temporadas, sólo que no hay Netflix para saber cómo termina la temporada, porque a diferencia del resto del contenido de hoy, este NO es ficción.

Y los medios locales siguen este Reality, y en estos días que el Presidente ha estado más cerca que nunca “no le quitan el ojo”. Fox muestra a Trump como salvador, CNN como verdugo, demostrando paulatinamente que los noticieros y los periodistas pierden su independencia, y se apropian de su rol como ‘multiplicadores’, incluso en la forma como entrevistan a sus contrincantes se ponen al descubierto. Ellos también son personajes, que Trump debe ver como notas de “free press”.

Tambien hay Storytellers, como Saturday Night Life, que hacen desde su humor crítica. Desde parodiar las intenciones de Jeff Bezos en las nuevas sedes de Amazon (https://tinyurl.com/yatzzrah) hasta la nueva bienvenida a Estados Unidos bajo leyes migratorias (https://tinyurl.com/gstd7m4). Hay que darles rating también a  ellos; ya sabemos que a Trump le afecta en el ego que lo critiquen asertivamente en los medios. Recuerde que él sabe reconocer buen contenido.

Con estos días se aprende algo más de la trama de Estados Unidos: bajo su naturaleza misógina, Trump no puede manejar a una mujer que tenga tanto poder como él, y los demócratas han sabido entregarle todo el dote a la Senadora Nancy Pelosi, que como roble se ha enfrentado sin miedo a su adversario además de representar su antítesis, como una de las mujeres más influyentes y liberales de San Francisco. Nadie mejor para hacer el rol de adversario en este reality show. Sensacional, tiene todo mi rating.

Pero todo tiene límite (y esta historia no es ficción); antes de declarar Emergencia Nacional y poder saltarse al Legislativo para hacer la ‘Barrera’ del sur, el Presidente Trump fue frenado por el dinero, tan verde como su ‘Kriptonita’. Las bajas en Wall Street y un Jared Kushner advirtiéndole del impacto en turismo y ventas en los fines de semana festivos de Martin Luther King y Presidents Days lograron frenar al Presidente, porque con poquísimos días feriados, cada uno es coyuntural en el consumo nacional.

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El enfrentamiento seguirá. Con Trump no se sabe bien cómo termina la trama a corto plazo (aunque ya dijo que no le importa no pagarle a la gente durante un año), sí se sabe es que, de acuerdo con estudios de Standard Chartered, UBS, Merrill Lynch y otras instituciones, en un momento de 2020 Xi-Dada cumplirá su promesa ‘familiar’, convirtiendo China en la nación más poderosa del mundo, mientras que Estados Unidos sigue su trama, que estará centrada en las elecciones presidenciales. Tenga en cuenta que China ya es más grande que Estados Unidos en PPP, es decir, Purchasing Power parity o Paridad de Poder Adquisitivo (https://tinyurl.com/yarhn7hs).

Siempre concluyo que este reality show se llamaría “Tremendous Trump”, aunque algo me dice que ese nombre ya debe estar registrado.

*El autor es consultor global de negocios; enfocado en consumo masivo, estrategia competitiva, innovación, y prospectiva.

 

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