Para lograr una mejor comprensión del proceso electoral turco a la poderosa influencia y liderazgo carismático que Erdoğan ejerce sobre la mayoría de la población se debe sumar un análisis a la división, atomización y enfrentamiento continuo de la oposición política turca.

 

 

 

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Por Manuel Férez, Coordinador del Diplomado “Las claves de Medio Oriente y el Cáucaso”, Universidad Iberoamericana.

 

 

En medio de escándalos de corrupción, a pesar de las violaciones de derechos humanos, de los constantes intentos de prohibir algunas redes sociales en el país (Facebook, Twitter), del enfriamiento en las negociaciones en torno a la situación kurda del país, envuelto en una marea de críticas a nivel nacional de los sectores seculares, militares y académicos y en un continuo alejamiento de antiguos aliados como la Unión Europea, Israel y Estados Unidos, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) liderado por el Primer Ministro Reccep Tayyip Erdoğan, emergió como el gran vencedor en las pasadas elecciones celebradas el 30 de marzo de 2014.

Sumado a las dinámicas anteriores, en las recientes elecciones también se registró una disminución en la transparencia y confianza en el proceso electoral debido a prácticas que se suponían ya olvidadas como: reemplazo forzoso de observadores electorales por otros leales al AKP en algunos puestos de votación en ciudades como Ankara, Izmir y Estambul, intimidación y agresiones hacia reporteros, votantes e incluso simpatizantes de otros partidos y desaparición y reemplazo de urnas con votos.

Si bien es cierto que se podrían discutir los resultados finales en algunas ciudades, es innegable que la gran mayoría de la población turca que acudió a votar prefirió mirar hacia otro lado, negar la responsabilidad del partido gobernante en el deterioro de la calidad electoral, política, legal y social de su país atribuyéndoselo a innumerables complots (movimiento Gülen, Israel, Estados Unidos, etc.) a los cuales la sociedad turca es tan adicta y volvió a volcarse a favor de un Primer Ministro que tiene en la mira las próxima elecciones presidenciales de agosto.

Para lograr una mejor comprensión del proceso electoral turco a la poderosa influencia y liderazgo carismático que Erdoğan ejerce sobre la mayoría de la población se debe sumar un análisis a la división, atomización y enfrentamiento continuo de la oposición política turca.

El Partido Republicano del Pueblo (CHP por sus siglas en turco)  liderado por  Kemal Kılıçdaroğlu y con una postura secular, kemalista y nacionalista, postuló a algunos políticos destacados en el ámbito local como Mustafa Sarıgül (Estambul) y Mansur Yavaş (Ankara) y es cierto que en dichas ciudades el CHP presentó pelea a la maquinaria electoral del AKP, sin embargo, el CHP carece de la profundidad y presencia nacional (especialmente en el sureste de Turquía en donde reside la mayor parte de la población kurda del país) que el AKP ha ido construyendo constantemente en más de una década en el poder.

En este sentido es interesante observar cómo el AKP logró plantear una campaña atractiva en torno a los votantes de origen kurdo del país lo que impactó negativamente en el apoyo electoral para el Partido de la Paz y Democracia (BDP por sus siglas en turco) que basa sus posturas electorales en el concepto de autonomía kurda y que, en términos generales, concentra su búsqueda de capital electoral en el sureste kurdo.

El destacado articulista turco Murat Yetkin del periódico Hurriyet Daily News sostiene que los planes políticos de Erdoğan se basan en el antagonismo y la división. En este proceso “el objeto del antagonismo fueron los simpatizantes del movimiento de Fethullah Gülen” antiguo aliado de Erdoğan. En dicho proceso divisorio tanto la sociedad como los partidos políticos se han ido fragmentando y enfrentando quedando gradualmente el AKP como la única opción viable en las percepciones de la mayoría de votantes.

El AKP y Erdoğan han sobrevivido satisfactoriamente a otro desafío electoral y ya se preparan para las elecciones presidenciales, el precio que la sociedad turca ha pagado es una fractura profunda, un enfrentamiento constante, un aislamiento regional enorme, una situación económica que comienza a empeorar y una pérdida de solidaridad y cohesión nacional que a los turcos les había costado décadas construir.

El reconocido historiador Andrew Mango recupera en su libro The Turks Today la leyenda de Bozkurt, el legendario lobo gris que en épocas inmemoriales “lideró  a las tribus turcas en su migración hacia el oeste desde su tierra natal en Siberia”[1]. En dicha leyenda los turcos abandonan Ergenekon, su lugar nativo, siguiendo a Bozkurt. Hoy, los turcos siguen a Erdoğan en su camino hacia el futuro ¿Hacia dónde los dirige?

 

 

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[1] MANGO, Andrew. The Turks Today. 2004.

 

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