A pesar de la retórica preelectoral en Estados Unidos, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA por sus siglas en inglés) sería tan perjudicial para los países involucrados que es poco probable que suceda. Sin embargo, dadas las posturas en torno del libre comercio expresadas por ambos lados del espectro político estadounidense, aún existe una probabilidad no despreciable de que esto suceda.

En los 23 años desde la creación del TLCAN se ha producido un notable proceso de integración económica entre los países miembros, lo que les permite beneficiarse de sus relativas ventajas comparativas y dotaciones de recursos. Una ruptura repentina de esa relación infligiría dolor a todos los países involucrados.

Los números hablan por sí solos: las exportaciones de bienes y servicios de EU a México han crecido más de seis veces, de USD 51.9 mil millones en 1993 a USD 316.4 mil millones en 2015, de acuerdo con la Dirección del Representante Comercial de Estados Unidos. Esto representa más del doble del aumento del PIB nominal de EU y de las exportaciones totales del país durante el mismo periodo.

Por supuesto que las importaciones estadounidenses de México también han aumentado significativamente desde la creación del TLC, pero un documento del Servicio de Investigación del Congreso de 2015 informa que el 40% del contenido de dichas importaciones es de origen estadounidense. Como referencia, se estima que sólo el 4% de las importaciones estadounidenses procedentes de China tienen contenido de Estados Unidos.

Un estudio realizado en el 2011 por el Centro Woodrow Wilson calcula que la actividad de comercio bidireccional total entre México y EU estuvo detrás de la creación de 6 millones de empleos en Estados Unidos. Éstos son puestos de trabajo que, de acuerdo con un estudio realizado en 2005 por el Instituto de Economía Internacional, pagan entre 13 y 16% más que el salario medio de ese país.

Agregar el comercio con Canadá a la ecuación ayuda a ilustrar las dimensiones económicas del TLCAN. De 1993 a 2015, el comercio de bienes y servicios entre los tres países ha crecido a cerca de 1.3 billones de dólares. De hecho, la actividad comercial de EU con sus dos vecinos es mayor que la que tiene con Japón, China, Corea del Sur, Brasil, Rusia e India juntos.

Más allá de las cifras generales, el TLCAN es también una historia de la integración económica regional a través de la creación de cadenas de producción eficientes, como lo demuestra el gran contenido de exportación de las importaciones estadounidenses desde México y Canadá.

Las importaciones estadounidenses de México van desde piezas de automóviles a repuestos aeronáuticos, y permiten a las empresas estadounidenses competir con éxito en los mercados globales.

En lo referente a la industria agrícola, se estima que México satisface cerca del 45% del consumo estadounidense de frutas y verduras, mientras que México depende en gran medida de las importaciones estadounidenses de carne, productos lácteos y granos.

Las importaciones de minerales y combustibles procedentes de Canadá dan soporte a la competitividad manufacturera de Estados Unidos en los estados del norte. Una renegociación del TLCAN y la reimposición de tarifas sobre éstas y otras importaciones de México y Canadá se traducirían en mayores precios para los consumidores de Estados Unidos y mayores costos para la industria local.

 

Consecuencias negativas

El daño de deshacer el TLCAN iría más allá de aquel infligido sobre los flujos regionales de bienes y servicios. La inversión extranjera directa (IED) del bloque, actualmente protegida por el capítulo de inversión del TLCAN, también se vería afectada negativamente. Las empresas estadounidenses son la mayor fuente de IED en México, lo que representa un stock de más de USD 100 mil millones. La IED mexicana en EU, sustancialmente menor que su contraparte, también ha aumentado rápidamente, de USD 1.2 mil millones en 1993 a cerca de USD 20 mil millones hoy en día, lo que representa un aumento de más de quince veces.

Dadas las grandes consecuencias negativas, parece poco probable que el próximo presidente de Estados Unidos esté dispuesto a invocar el artículo 2205 del TLCAN o a reabrir las negociaciones. Incluso si él o ella lo hicieran, habría una significativa oposición por parte de segmentos del Congreso de Estados Unidos, así como de México, Canadá y varios organismos multilaterales.

Las últimas dos décadas y media han dado lugar a la construcción de una relación comercial y de inversiones profunda y de interés recíproco entre los miembros del TLCAN. Sin embargo, la retórica anticomercio ha sido tan fuerte en la campaña presidencial de EU, que si bien no es nuestro caso base, un intento de renegociación del TLCAN no se puede descartar. Dadas sus consecuencias negativas, las empresas y los inversores deben permanecer alerta.

 

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