Por Viridiana Mendoza y Zacarías Ramírez

Enrique Zorrilla afirma, más de una vez, que hay confianza en el camino que Pemex ha emprendido para su transformación. Pese a que la empresa productiva del Estado ha debido lidiar con la baja en la producción y la estrepitosa caída en los precios del crudo, sigue teniendo el respaldo del gobierno federal para conseguir financiamiento bancario y estructurado, aunque el panorama no pinta fácil.

“Sin duda, el financiamiento estará reflejando las condiciones del mercado, de los plazos y de las renovaciones que se tengan que hacer”, explica el CEO de Scotiabank en México en entrevista con Forbes México cuando se le pregunta sobre si los préstamos futuros tendrán una mayor tasa.

En febrero, la calificadora Moody’s estimó que durante 2016 Pemex debería conseguir 23,000 millones de dólares en recursos para cubrir sus necesidades de gasto y pago de deuda.

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Posteriormente, el gobierno anunció un recorte al gasto del orden de 100,000 millones de pesos. El presupuesto de la empresa productiva del Estado para este año era de 547,560 mdp, que ya había sufrido un recorte previamente en la configuración del Presupuesto de Egresos 2016.

Los ajustes forman parte de un proceso de transformación dentro de la petrolera, pues los precios del crudo sufrieron una caída de más de 40% en el último semestre de 2015 y la producción mantiene una tendencia a la baja desde hace varios años. Estos factores propiciaron que en enero la Secretaría de Hacienda y Crédito Público anticipara que el gobierno federal analizaba una inyección de capital, que estaría condicionada a un ajuste.

“Pemex está en mejor posición de decidir en dónde va a invertir y cómo invertir, dónde se va a asociar y dónde va a dejar de hacerlo, y la reforma energética tendrá su vigencia en la atracción de otro tipo de inversiones. Ese proceso de responsabilización (sic) de Pemex es motivo de seguimiento y acercamiento. Hay claridad en la comunicación que Pemex nos está dando para efectos de darle la vuelta a su propia liquidez para efectos de poder realizar sus propias inversiones”, afirma Enrique Zorrilla.

Enrique Zorrilla, CEO Scotiabank México (Foto: Julio Hernández)

Enrique Zorrilla, CEO de Scotiabank México. (Foto: Julio Hernández)

El ejecutivo expone que pese a las dificultades internas y globales, Pemex está en posición de buscar nuevos financiamientos para mantener su proceso de transformación en marcha, pues será necesario proveer de liquidez para materializar una transformación.

“Somos un participante del financiamiento en Pemex, pero nuestra perspectiva es que la empresa está en una circunstancia de transición y evolución, pero ya no está en un estancamiento, en una inercia. Hay comunicación permanente. En términos específicos de su estrategia hay un cambio en la programación de política y pagos, la reprogramación, el análisis general del panorama de deuda y las decisiones que van a tomar; en ese sentido, tenemos una comunicación muy cercana”, señala.

El crédito a Pemex alcanza cerca de 4,000 millones de pesos en la cartera de Scotiabank y el directivo explica que hay margen para que el monto aumente aún más. Pemex cuenta con un rango de entre 500 y 1,500 millones de dólares en deuda bancaria que puede tomar en 2016, según su programa de financiamientos, cuya última modificación se registra el 2 de febrero.

deudapemex

Pero los préstamos bancarios no son el único negocio en que Scotiabank podría participar con Pemex.

“No vemos de forma alguna un escenario catastrófico. Es una industria que conocemos, somos un protagonista global, tenemos los recursos financieros y no sólo financieros sino de concertación en los mercados para estructuración de financiamientos. Lo hemos hecho por muchos años”, señala.

 

¿Por qué seguir prestando a Pemex?

Mario Correa, economista en jefe para Scotiabank, explica que, ante todo, la petrolera mantiene el respaldo del gobierno federal, lo cual, pese a las dificultades actuales, mantiene a la empresa como un sujeto de crédito atractivo.

“Pemex sigue teniendo, de una forma concreta, el respaldo del gobierno federal; además, su director general ha comentado que el tema es de liquidez y no de solvencia. Es una excelente oportunidad para que Pemex se transforme en la empresa que debe ser desde el punto de vista productivo, y eso solo suele ocurrir cuando hay crisis”, afirma el economista.

Moody’s coincide, pues en su reporte sobre preguntas frecuentes acerca de Pemex, publicado en febrero, explica que pese a que la producción se ha reducido y la habilidad para bajar costos luce peor en comparación con otras petroleras relacionadas con el Estado, como Petrobras o Ecopetrol, Pemex mantiene una relación bastante sólida con el gobierno en el respaldo de sus obligaciones financieras.

La deuda de Pemex alcanza 86,000 millones de dólares al cierre de 2015, así lo declaró su director general, José Antonio González Anaya, durante su última comparecencia ante la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados. De este monto, 73% corresponde a deuda en tasa fija y 27% a deuda en tasa flotante.

“Yo no diría que Pemex se deba transformar, yo diría que Pemex se está transformando, en gerundio. Pero sí es un proceso importante. En ese proceso le tocó más allá de los propios retos internos y de transformación interna, un escenario global particularmente adverso que hace más inminentes sus esfuerzos. Te diría que estamos en términos de nuestra propia capacidad y tamaño con la mayor voluntad de continuar en esta evolución”, añade Zorrilla.

 

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