La cantidad de equipos conectados en la casa a mi router (punto de acceso o AP) suele abrumar a los técnicos de mi proveedor de Internet. Usualmente me dicen que ese es mi problema antes de aceptar que no están entregando mucho menos de los megas máximos ofrecidos en su comunicación externa. Su argumento no es malo, y es importante entender los alcances técnicos de los equipos que tenemos en casa, pero en especial a alguien que conozca los alcances técnicos de los equipos en la casa y de los que hacen que llegue el Internet a la casa.

Seguramente han escuchado hablar o visto un “802.11” en su AP, técnicamente es un conjunto de especificaciones de control de acceso a medios que permite implementar la comunicación inalámbrica de la red de área local. O sea, es la recepción del hotel que decide qué tipo de cuarto darte, con cupo para cuántos y con qué comodidades extra. No depende tanto de con qué tarjeta hiciste la reservación, aquí se incluye un protocolo que pone las reglas que gobiernan la transferencia de datos.

Las especificaciones técnicas dicen que puede entregar hasta 2007 llaves para conectar equipos de manera inalámbrica a un AP, pero eso es el tope máximo. Sabemos que un router regular de casa (o muchos cafés de barrio) con esfuerzos aguanta 15, tal vez máximo 50. También ya hay diversos protocolos de seguridad, pero al utilizar seguridad WPA o WPA2 se disminuye la cantidad de equipos que puedes conectar, por lo general para mantener la encriptación de los equipos sólo pueden otorgar unas 50 a 64 llaves (digamos que se llena el hotel a los 50 equipos).

Hay otros límites prácticos como cuánto ancho de banda necesita cada equipo o “cliente”. Por ejemplo, si utilizamos un AP viejo de 802.11g 54Mbps con 100 clientes conectados, y en promedio entrega 24 mbps, entonces cada cliente sólo obtendría 240kbps de ancho de banda, eso es casi (tan malo) como las viejas velocidades del módem de acceso telefónico. No todos los 100 clientes van a intentar hacer las mismas cosas al mismo tiempo, pero aun así, con el tiempo, cada equipo conectado tendría menos de 1 Mbps de ancho de banda. No querríamos que nadie intente ver videos o resguarde su información en su disco en la nube con una conexión así.

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Lo principal de todo lo anterior es que nadie, nadie, nos explica esto ni nos asesora a la hora de contratar Internet. La conectividad en un hogar no debería de ser tan complicada, pero hoy en día lo es. En especial por si consideramos: consolas de videojuego conectadas, computadoras, los celulares de todos los invitados y los hijos de los invitados. No falta la tablet o las bocinas conectadas al WiFi, pronto los refrigeradores, las lavadoras, por supuesto los focos y no dejemos fuera los sistemas de seguridad como cámaras y cerraduras. Sí, así es, las 50 llaves se fueron rápido. Ahora ¿Se imaginan tratar de conectar una ciudad para hacerla inteligente?

Todos agradeceríamos que un amigo técnico visite cada par de meses la casa para ver que las llaves estén bien distribuidas en equipos y todo esté listo para recibir a las visitas. Puede que sí tenemos muchos invitados de forma regular nos pida invertir en un router nuevo, con dos radios, más potente. Pero si es compartido podríamos hacer una vaquita y listo, en especial si estamos haciendo un startup desde la sala de la casa. El acceso a la gran red de datos llamada Internet es clave porque también genera negocios y oportunidades, conecta gente y facilita actividades.

A nivel infraestructura digamos que el país no tenía claro quién es el amigo que se preocupa porque se invierta en el hardware compartido para que haya buen Internet. En la reforma de telecomunicaciones de 2013 se planteó la instalación de una Red Compartida de telecomunicaciones y de ahí nace un organismo descentralizado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que se dedica a la Promoción de Inversión en Telecomunicaciones para México (Promtel). Esto apoya la noción de que el Estado garantice la instalación de una Red Compartida de telecomunicaciones que impulse el acceso de la población a la comunicación de banda ancha y a los servicios de telecomunicaciones para lograr una mayor conectividad. La Red Compartida implica la construcción de torres, postes, ductos, antenas y fibra óptica a lo largo y ancho del país.

Pero ¿por qué tiene que ser compartida? Se basa en la idea de que al ser compartida generará mayor calidad y competencia en el sector, lo que busca abrir nuevas oportunidades de negocio e incrementar la cobertura, pues haría que se incremente la señal para llegar a lugares donde hoy no la hay. Evitando que sea tecnología vieja la que llegue, más bien que sea de igual o mayor calidad. Esto es clave, en especial si los municipios y ciudades empiezan a ver que el Internet de las Cosas en casa es lo que a nivel ciudad empezamos a escuchar como Smart City o Ciudades Inteligentes.

Viviendo en Ciudades Inteligentes la idea es que pasemos menos tiempo realizando trámites, eliminando en buena medida la corrupción que existe en medio de dichos procesos. Al mismo tiempo se puede fortalecer el crecimiento y la productividad del país. Con acceso a información y herramientas de educación podemos pensar también en un desarrollo de la democracia y en el acceso a la cultura, la salud, y en general al ejercicio pleno de los derechos humanos. A final del día recordemos que las Naciones Unidas decretaron en 2016 que “los mismos derechos que las personas tienen desconectados de Internet también deben ser protegidos en línea”.

 

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