Es común que los negocios se encuentren en dificultades, ya sea como consecuencia de una mala administración, una pandemia, cambios en las tendencias del mercado y consumo, por la configuración de condiciones macroeconómicas existentes o por una combinación de las situaciones anteriores.

 Ante estas dificultades, quienes tienen el timón de la empresa familiar tratan desesperadamente de realizar acciones para mantener el barco a flote: Sin embargo, muchas veces en la implementación de planes de emergencia se descuidan áreas de vital importancia. Esta omisión contribuye más a la pérdida del rumbo, el hundimiento del negocio y, en ocasiones, a perder la estabilidad familiar e inclusive su desintegración o ruptura.

Con alguna experiencia en estos casos se pueden detectar algunos errores comunes, que en ocasiones comete la dirección o los dueños de una empresa familiar en tiempos de crisis.     

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 1.        Negar la realidad

No negar los problemas. Si existe una crisis o cambio en la economía y no se han sentido sus efectos eso no significa que no se vayan a sufrir. Debe estarse preparado y consciente de la susceptibilidad del negocio. Así se podrán enfrentar mejor las dificultades aun cuando no hayan afectado de manera directa. ¿La competencia ya fue afectada? ¿Los clientes y proveedores ya sufren de los problemas de los cambios económicos?

2.         No prestar atención a indicadores externos

Dada la dinámica actual de la economía se deben seguir muy de cerca todos los indicadores macroeconómicos que pudieran afectar el negocio, tener presente que en estos tiempos globalizados un país de Asia en crisis puede afectar a un continente y repercutir en un negocio en Mexico. Asimismo, debe estarse alerta con las tendencias del mercado, la introducción de nuevos productos y hábitos de consumo. ¿Los productos y servicios que ofreces continúan vigentes o agregan valor a los clientes?

3.         Falta de atención a indicadores internos

No solo debe estarse al tanto del exterior, en ocasiones los golpes más duros vienen del interior mismo del negocio. ¿El ritmo de las ventas es el esperado? ¿Han aumentado las cuentas por cobrar? ¿Existe un lento movimiento de inventarios? ¿La liquidez es baja? ¿El margen de utilidad está bajando? ¿El personal tiene una alta rotación? Si descuidas estos indicadores básicos la empresa podría enfrentar problemas de liquidez y posiblemente de negocio en marcha.

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 4.        Delegar decisiones vitales

En momentos difíciles habrá decisiones que no se deben delegar, pues requerirán de un mayor grado de reflexión, pero sobre todo de la atención personal e inclusive de incorporar asesores especializados.

 5.        Falta de comunicación

Si bien debe tenerse cuidado con el manejo de la información, es importante que se transmita a los elementos clave y mantenga canales de comunicación con empleados, clientes y proveedores, bancos, accionistas y asesores, para allegarte de información adicional y que puedan enfrentar de manera conjunta los problemas.

 6.        No contemplar situaciones alternativas

Deben contemplarse los distintos escenarios a los que podrá enfrentarse el negocio durante y después de las dificultades económicas o cambios, aun cuando no se tenga una crisis. Así deberán plantearse diferentes formas de actuar y enfrentar cada situación.

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 7.        Falta de cautela

Actuar sin precaución, evitar las decisiones desesperadas, pero tomar determinaciones oportunas. No caer en los extremos, es decir, evaluar los riesgos y tomar decisiones en función de estos.

 8.        No reconsiderar presupuestos y proyectos

Aunque ya se tenga un presupuesto y diferentes proyectos en marcha, deberá replantearse la situación: ¿Cumplirá con el presupuesto a pesar de los cambios que se presentan? ¿Pueden seguir en pie los proyectos en desarrollo? Quizás algunos planes deban esperar. Enfocarse en la situación, reestructurar el presupuesto, reducir los gastos al mínimo y buscar esquemas de financiamiento con los proveedores y bancos para que pueda enfrentar eventuales dificultades de pago por parte de los clientes.

 9.        Hacer recortes de personal, inversiones y gastos

Generalmente en tiempos difíciles, se toma las decisiones de recortar el personal, inversiones y gastos, principalmente los de publicidad, ventas, marketing, asesoría y capacitación, sin ningún análisis previo y sin considerar que en muchas ocasiones son los generadores de los ingresos que a su vez generan las utilidades de las empresas familiares y no familiares.

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10.       Exceso de apalancamiento

Muchas empresas recurren a los préstamos o endeudamiento en las crisis, pero esto no hace más que empeorar la situación. Las pérdidas y deudas pueden dar lugar a complicaciones si la situación se mantiene más tiempo del que se esperaba. Lo mejor es buscar de dónde recortar gastos lo máximo posible e incluso si es necesario utilizar los fondos de emergencia, pero endeudarse en exceso puede ser muy riesgoso para la empresa familiar.

11.       No atender a los cambios en el mercado.

En las crisis, necesariamente, se producen cambios en el mercado. No saber que existen ni actuar en consecuencia puede ser un grave error, sobre todo cuando la competencia sí lo está haciendo.

12. Falta de planeación estratégica

No pensar y planear en qué pasará después de la crisis. No basta con vivir el momento e intentar salir de él, también hay que saber anticiparse a qué pasará tras la crisis y qué es lo que hay que hacer, para salir fortalecidos de ella y obtener ventajas competitivas.

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No hay que perder de vista estos puntos en el plan de acción para enfrentar las situaciones difíciles o cambios generados por la crisis, ayudará a que el negocio salga mejor librado de las dificultades y tenga la posibilidad, inclusive, de salir fortalecido.

Pero, sobre todo, antes que hacer todo lo que hemos dicho, has de reconocer que existe el problema y que si no actúas con tiempo puede que se convierta en un problema mayor, e incluso irresoluble.

Si la crisis es de la empresa familiar por alguna mala decisión, lo importante es saber pedir ayuda y aceptar que nos equivocamos. Aunque se piense que no vale nada, en muchas ocasiones la clave sólo se encuentra en saber reconocer los errores y aprender de ellos para no volverlos a cometer.

Finalmente es importante señalar que a veces las empresas familiares simple y sencillamente tienen errores que también se cometen en tiempos normales sin tener en cuenta su magnitud; como el no atender bien a sus clientes (cuando todo suma), tardar en los pedidos o en tener inventarios, mal servicio, (haciendo que se pierdan posibles clientes), no saber fidelizar, etc.

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