El mundo, o, mejor dicho, los bancos centrales y los Gobiernos se enfrentan a una difícil dicotomía que mantiene muy pendientes a analistas y economistas en todo el mundo. La inflación que registran muchas de las economías que operan en el planeta se sitúa en máximos; producto de unos desacoples derivados de los cierres y la atípica situación que generó la pandemia. Sin embargo, combatir la inflación, al menos de la manera convencional, conlleva una serie de riesgos que, ante las nuevas amenazas que han ido surgiendo, ponen en peligro la recuperación económica.

En esta línea, México registró esta semana el mayor pico de precios en dos décadas. En otras palabras, la tasa de variación anual del IPC en México en noviembre de 2021 fue del 7,4%, creciendo en 1,2 puntos porcentuales con respecto a la registrada el mes anterior. En datos acumulados, la variación mensual del IPC (Índice de Precios al Consumo) ha sido del 1,1%, de forma que la inflación acumulada en 2021 es del 7%. Sin embargo, pese a que estas presiones se encuentran presentes en todo el mundo, México presenta una situación muy distinta y que conviene analizar.

Así, ante semejante escalada, el Banco de México no ha dejado de intentar contener la inflación a toda costa. Atendiendo a las actuaciones que ha llevado a cabo, el banco central revisaba hace escasas semanas la tasa de Interés Interbancaria, situándola en el 5% para los próximos meses. Sin embargo, para entender la magnitud de estas actuaciones, debemos entender que, con esta subida de tipos, estamos ante la cuarta vez consecutiva en un mismo año que la Junta de Gobierno del Banco de México revisa la tasa de referencia, incrementándola con el fin de evitar que dicha inflación siga creciendo.

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De esta forma, retirando los estímulos y relajando el crédito, se espera que la inflación vaya remitiendo y, como dicen algunos mandatarios de bancos centrales, sea transitoria. Sin embargo, de la misma forma que la retirada de estímulos es la solución convencional para frenar el crecimiento de los precios, esta retirada provoca, de la misma manera, que la economía comience a desacelerarse y que el crecimiento comience a apagarse. En otras palabras, debemos ser conscientes que, de la misma forma que estamos dejando de echar gasolina para reducir la inflación, estamos dejando de alimentar el crecimiento económico.

Esto es un factor para tener muy en cuenta. Desde hace meses, el Banco de México no ha dejado de retirar sus estímulos gradualmente, confiando en la robustez de la recuperación económica en la que se encuentran inmersas todas las economías del mundo. Sin embargo, la presencia de Omicron, y los riesgos que conlleva su presencia por la posibilidad de que se produzcan nuevas restricciones y una paralización de la actividad económica, podrían frenar en seco una recuperación que ya comenzaba a perder dinamismo.

Y es que debemos saber que los esfuerzos para contener la inflación están apagando el crecimiento de la economía mexicana. Pero imaginemos que la nueva variante derivase en nuevas restricciones a la actividad económica y, con ello, al crecimiento económico. Ante esa retirada que ya ha iniciado el banco central, el país estaría en un escenario complicado, de estancamiento por la paralización de la actividad económica y, por otro lado, sin estímulos y en un escenario en el que hay una mayor restricción al crédito por esa retirada iniciada por el organismo supervisor para contener los precios.

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En cierta forma, hablamos de un cocktail demoledor para una economía que, encima, ha experimentado los efectos de estos cierres hace muy poco, cuando registraba una contracción durante el tercer trimestre. Por esta razón, debemos ser muy cautos con el análisis, pues, de la misma manera que se precisan mecanismos para contener la inflación, estos mecanismos y como hemos comentado, son aquellos que precisamente alimentan un estancamiento que la economía mexicana no puede digerir en un escenario como en el que se encuentra. En otras palabras, un arma de doble filo.

Aún es pronto para saber la evolución de esta nueva cepa, pero de lo que estamos seguros es que es, hasta la fecha, la gran preocupación para los expertos. Pues todo lo relevante en lo relativo a la actualidad económica, en cierta medida, está condicionado por la evolución de la nueva variante, la cual ya está presente en más de 65 países. Incluso la Reserva Federal y el Banco Central Europeo esperan atentos a ver cómo evoluciona esta nueva variante, pues las nuevas restricciones podrían convertir una retirada de estímulos precisa en una retirada anticipada, y el coste de ello no es permisible para nadie en estos momentos.

Por ello, si no es permisible para Estados Unidos o algunas potencias europeas, imaginemos para México. Por tanto, estamos ante un análisis que debería invitar a la reflexión y a los bancos centrales y Gobiernos a pensar que no disponen de la política monetaria como única herramienta para combatir la situación, pues la vacunación y la inmunización de la población, como hace unos meses y ante la presencia de esta nueva variante, podría ser la herramienta determinante en esta ocasión; habiéndolo avisado, dicho sea de paso y para acabar, el FMI.

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