¿Qué hemos perdido y qué hemos ganado con esta pandemia? En México el aniversario del primer caso de Covid-19 es el 28 de febrero. ¿Algo que celebrar? ¿Cuántas pérdidas se derivaron de aquel suceso que se anunció con meses de anticipación cuando veíamos que otros países ya tenían la crisis encima?

El aniversario de la pandemia nos permite hacer un balance entre lo que perdimos y lo que posiblemente se haya ganado de una situación tan crítica. Las pérdidas han sido incontables, y derivado de ello es muy probable que gran parte de la población en el mundo esté experimentando diversos procesos de duelo que se encuentren abiertos, inconclusos. Hay quien ha perdido el empleo, algunos más a sus seres queridos o han resentido la lejanía de sus amigos.

Todos hemos perdido gran parte de lo que conocíamos del mundo que nos rodea, además de la libertad de movimiento con el confinamiento en distintas etapas. Hemos tenido que dejar ir el sueño de algún viaje, de la graduación, o de aquella fiesta que añoramos no haber llevado a cabo y al mismo tiempo la incertidumbre continúa. Las escuelas siguen cerradas y esto ha implicado para los niños, jóvenes y adultos -en el rol de padres o estudiantes- la pérdida de un espacio social y de aprendizaje.

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Dentro de lo más doloroso está no poder despedirse de aquella persona que significó tanto y que al final de la vida no pudo estar rodeado de los más cercanos, ni sus deudos pudieron participar en el velorio o en el entierro donde la compañía se vuelve fundamental, así como el abrazo que permite el desahogo en compañía de otros que ven y sienten el dolor ajeno.

En un artículo publicado por Harvard Business Review, señala Scott Berinato (2020) que al menos nombrar el duelo ayuda a manejarlo. También, indica, de esa forma se puede encontrar un significado, o como diría Viktor Frankl en su obra “El hombre en busca de sentido”, podría encontrarse un propósito.

¿Es posible entonces que todas estas pérdidas nos lleven a un mejor escenario? A pesar de la dificultad, sí es posible.

En la investigación doctoral que llevé a cabo desde 2014 para estudiar la resiliencia en situaciones de desastre, encontré, tanto en la literatura como en la realidad de quienes pude entrevistar, el concepto de “crecimiento post-traumático”. La curva que atraviesa una persona al vivir un desastre implica primero una caída importante en el proceso de adaptación a la nueva realidad, pero dependiendo algunas variables, entre ellas los recursos internos que la persona tenía desde la etapa previa al desastre, a medida que pasa el tiempo puede lograr este crecimiento post-traumático.

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Desafortunadamente, no todos llegan a esa etapa y algunos que no logran manejar el duelo incluso llegan al extremo del suicidio, que tristemente podría incrementar hasta 20% en esta etapa de pandemia, de acuerdo con especialistas en el tema.

Es natural y necesario lamentar las pérdidas, pero al mismo tiempo valorar aquello que ha mejorado o modificado de forma positiva el entorno. Por ejemplo, en algunos casos hay quienes han aprendido a valorar el tiempo, la vida y a las personas que les rodean. Quienes migraron a esquemas de trabajo remoto en ocasiones refieren haber ganado tiempo con la familia que ha sido muy apreciado. También el acompañamiento a los hijos en sus actividades escolares ha permitido reconocer el trabajo de los maestros y facilitar un vínculo más cercano con cada hijo, incluso conociéndolos más de cerca.

Hemos aprendido a valorar las pequeñas cosas como un gesto amable, un abrazo cariñoso, o disfrutar en tiempo presente la naturaleza, sin pensar demasiado en el futuro o en aquello que se ha ido. Este año ha sido un vaivén entre el temor a la muerte y el amor a la vida y para quienes estamos en el mundo corporativo bien vale la pena hacer un alto, y voltear a ver cómo la están pasando quienes nos rodean. El duelo se vive en comunidad, también en las organizaciones, conectando desde el lado humano, y así es como saldremos adelante, recordando la solidaridad que ha caracterizado a los mexicanos en los desastres, con el puño en alto para guardar silencio y escucharnos.

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Yvette Mucharraz y Cano es directora del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección del IPADE Business School.*

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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