Actualmente, existimos muchos profesionales de un sinfín de industrias, que vivimos la inclusión laboral en forma y de una manera cotidiana en nuestro día a día. Esto, gracias a una revolucionaria (y tan esperada) visión que se adhirió con éxito a la cultura de trabajo de muchas empresas que hoy anuncian una nueva era. Pero aún existe un terrible rezago que continúa afectando la captación de talento y no permite un apoyo honesto a la comunidad LGBT+, con políticas donde siguen imperando el “pinkwashing” y el “activismo de sofá”, que van mermando el gran potencial y la riqueza que brinda el tener equipos diversos sólidos y bien sostenidos.

La incorporación de espacios laborales abiertos y seguros para la comunidad LGBT+ se registró en México desde hace más de 20 años, cuando algunas trasnacionales integraron programas que aumentaron ligeramente el reconocimiento a los derechos laborales de este segmento. La adopción de estos nuevos modelos corrió como lumbre en los diez años posteriores, tras visibilizar una postura de aceptación que era cada vez más celebrada, no sólo por el resto de los empleados, sino también por sus públicos objetivo y gobiernos.

Al paso del tiempo, estos programas mantuvieron la innovación constante como vector, mismos que abrían paso para las empresas ante sociedades mucho más revolucionadas, informadas e inconformes. La sensibilización para adoptar valores incluyentes hacia la población LGBT+ se volvió una constante casi condicionante para cualquier empresa que se quisiera catalogar como “forward-thinking”. Siguieron prestaciones, beneficios igualitarios y extendidos, programas de desarrollo profesional y la configuración de grupos de apoyo internos que aumentaron la presencia de estos colectivos públicamente. Todo marchaba bien.

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Aunque cualquier paso en dirección hacia la pluralidad y la inclusión es un paso en la dirección correcta, en el camino, para muchas marcas y organizaciones, estos esfuerzos pasaron de ser verdaderas reformas estructurales en su cultura a convertirse en un tema de marketing e imagen pública. Aunque afortunadamente no en todos los casos es así, para muchas marcas la cuota reputacional se estableció como un “trend” que no desacelera y que con cada nuevo ‘pride intervenido’ podría dejar una huella más hueca en el trasfondo de esta lucha.

El “pinkwashing” hoy está por todos lados y naturalmente está desvirtuando una celebración que tenía como mira construir una sociedad más justa y equitativa, para todos, no solo para el “colectivo gay”.

El efecto que esto causa a nivel empresarial puede tener repercusiones negativas, ya que impacta directamente a la misma comunidad con “apoyos” que carecen de fondo. Es importante no perder de vista que las celebraciones que conmemoran el orgullo gay no son la oportunidad para comercializar con batallas ajenas, sino para apoyar la lucha por derechos que aún no han sido ganados ni establecidos.

Las personas que han logrado desafiar al status quo en el plano personal dentro del campo laboral deberían de ser celebradas y valoradas en función de sus aportes a una empresa, del talento que integran y de la innovación que pueden proporcionar. El talento viene en todas las formas y colores.

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En lo que va del año la Fundación de la Campaña de Derechos Humanos (HRC) anunció un aumento del 77 % en la cantidad de empresas mexicanas que habían contemplado prácticas de inclusión LGBT+ desde el 2020, casi el doble que el año anterior. Este panorama es esperanzador, pero el universo empresarial deberá ser más crítico con sus estrategias de comunicación interna y externa, para no crear una falsa sensación de igualdad.

Las organizaciones que han ganado conciencia sobre el inminente cúmulo de oportunidades que el arcoíris trae consigo para la empresa misma y la comunidad, no solo alzan la voz por la no discriminación o por la demanda social que abre nuevos espacios de trabajo, sino por el enorme poder conjunto que este brazo significa para la sinergia empresarial y el desarrollo humano de sus colaboradores.

La diversidad no debería verse como un activo para la estrategia de marketing en turno, sino como una fuente de riqueza humana que permite una elaboración más sólida de productos y servicios, pues se tienen en cuenta múltiples perspectivas, contextos y realidades.

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Porque cuando la diversidad interviene en el diseño de productos y servicios, el reflejo de sus propias necesidades queda impreso en el resultado final. De esta forma otorgamos un valor fundamental a las personas que se volverán nuestros usuarios: la adaptabilidad. Una característica única, que verdaderamente apoya a las personas a navegar realidades contemporáneas y complejas de incorporar; como la normalidad post pandémica o los nuevos formatos familiares.

Este enriquecimiento de talentos y visiones nos permite ofrecer valor a los usuarios de cualquier industria, y ampliar nuestra perspectiva en lo colectivo, para llegar a soluciones más reales y humanas para todos.

El futuro es necesariamente igualitario y se construye todo el año sobre la diversidad en su naturaleza más pura.

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Iván Canales Director de Producto Senior de Nu*

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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