Con gran entusiasmo se anunciaba en 2018 una serie de ambiciosas acciones para Centroamérica, en la que la apuesta era superar el Plan Puebla Panamá y el Proyecto Mesoamérica y en el marco de la CEPAL, en 2019 México presentó el “Plan de Desarrollo Integral: El Salvador-Honduras-Guatemala-México. Diagnóstico, áreas de oportunidad y recomendaciones de la CEPAL” como una iniciativa para implementar programas de reconstrucción económica y del tejido social que permitirían ayudar a las economías de la región centroamericana a superar los enormes retos que por décadas les ha dejado la crisis de desplazados, migratoria, de seguridad y económica.

Cabe señalar que, en su momento, la comunidad internacional mostró signos de voluntad política para respaldar económicamente los 131 proyectos que integraban el Plan de Desarrollo Integral. Hoy, solo dos se han puesto en marcha: Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vidas.

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A lo largo de estos años, el gobierno de la 4T ha dicho mucho sobre los cambios implementados para cambiar la forma de relacionarse con los vecinos del Sur, pero no ha logrado nada. El intento por reposicionar a México en su área de influencia se ha dado en torno a programas clientelares y fallidos.

La reducción presupuestal de los Estados Unidos hacia los países del Triángulo Norte de Centroamérica (El Salvador, Honduras y Guatemala) ha sido brutal. Anteriormente, era a través de fondos destinados al desarrollo de programas para la disminución del crimen que se intentaba fortalecer las políticas públicas en materia de seguridad, los sistemas de justicia, la prevención de violencia, el desarrollo de una cultura de transparencia y la buena gobernanza.

Sin embargo, los paquetes de ayuda a la región se han visto afectados considerablemente desde 2017 cuando la asignación presupuestal aprobada por el Congreso de los Estados Unidos para los tres países fue de 657.4 millones de dólares, lo que posteriormente originó una asignación de 615 millones en 2018 y de 527.6 millones para 2019, para el 2020 y el 2021 la Pandemia justificó la nula atención subsecuente a los temas de cooperación internacional en materia migratoria.

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Además de los propios matices políticos de la región, hoy las recurrentes crisis migratorias y sus tremendas consecuencias humanitarias se relacionan también a la precaria condición agrícola derivada del deterioro ambiental, la escasez de agua potable y a la falta de políticas públicas integrales en los países expulsores de migrantes que evidencian la inestabilidad y la complejidad política y económica en la región.

Por poner un ejemplo, actualmente existen unos 350 mil productores de café en la región centroamericana, la mayoría pequeños agricultores que trabajan de una a tres hectáreas, y quienes padecen de manera directa las repercusiones de la caída drástica de la demanda por el alza generalizada en el nivel de precios internacionales causada por la inflación global.

De manera estructural, los flujos migratorios se alimentan hoy no sólo a causa de la inseguridad, la pobreza y la ingobernabilidad.

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Con las recientes circunstancias regionales en materia migratoria y el actual ofrecimiento de recursos hecho por el gobierno de México a países de la región, sería el momento ideal para que se buscara la modernización del proceso agroexportador que permitiera abatir el impacto del cambio climático y los efectos sociales de la migración forzada.

La atención integral de esta grave situación requiere crecimiento económico, generación de divisas, empleo y reducción de la migración desde los gobiernos de los países del Triángulo Norte.

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El desarrollo en la región debe ser un tema prioritario y bajo un enfoque humanitario se deben diseñar programas autosustentables que no dependan de los fondos internacionales, pues se antoja cada vez más difícil la obtención de partidas presupuestales externas.

Aprovechando las coyunturas políticas en los países de Centroamérica, se debe priorizar en las agendas nacionales la reconstrucción del tejido social en las zonas más vulnerables y marginadas; no sólo para hacer frente a una migración cada vez más dinámica y compleja, sino para de una vez por todas cortar la dependencia con respecto al Norte.

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