Que México no logrará recuperar su nivel previo a la pandemia durante este ejercicio, es decir, durante 2022, es ya prácticamente un hecho a ojos de los analistas. Meses atrás, el país azteca presentaba numerosas luces y sombras que, en este escenario de excepcional incertidumbre, impedían ver el futuro con claridad, a la vez que imposibilitaban la confección de proyecciones fiables. Sin embargo, la evolución de la economía azteca a lo largo del pasado ejercicio, en el que incluso registraba una contracción a final de año, nos dice que dicha recuperación podría llegar, finalmente, más tarde de lo esperado.

En un momento de excepcional incertidumbre, el gobierno sigue insistiendo en que la economía mexicana se recupera, pero ello no quita que dicha recuperación está siendo más gradual de lo estimado hace unos meses. Pues sí podemos decir que México se recupera, y que la economía mexicana sigue creciendo en la línea que lo hacen otras economías en el mundo o en la región. Pero, de la misma manera, también podemos subrayar que ese crecimiento registrado, así como el previsto, tanto para este año como para el siguiente, ha sufrido revisiones a la baja por parte de organismos y casas de research que deberían tenerse muy en cuenta.

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Para que nos hagamos una idea de lo que comento, tras la contracción derivada de la pandemia, que hacía que la economía mexicana se desplomara más de un 8% en el 2020, los pronósticos nos decían que dicha economía preveía experimentar un rebote que, en el ejercicio 2021, dejaría un crecimiento cercano al 7%, mientras que en el 2022 sería cercano al 4%. No obstante, nada más lejos de la realidad, los pronósticos que hoy se muestran recogen que la economía mexicana, con suerte, cerrará el año con un crecimiento que no superará el 6%, mientras que encara 2022 con la previsión de que este crecimiento podría estancarse, llegando incluso a cerrar el año en niveles del 1,5%.

Por tanto, no podemos decir que la economía mexicana no se recupera, pues es cierto que no podemos decir que una economía que crece un 6% en 2021, y que prevé hacerlo un 1,5% en 2022, no se está recuperando. No obstante, también hay que decir que la economía azteca, a la luz de los datos que aquí se muestran, no se recupera al ritmo deseado, ni al que debería la economía mexicana. Pues hablamos de una economía que ya se encontraba muy descolgada en la recuperación que está experimentando la región y que, ante la nueva coyuntura, podría descolgarse aun más.

De hecho, mientras que la recuperación en México se esperaba para el año 2023, al nuevo ritmo que hoy crece la economía mexicana, estaríamos hablando de una recuperación que, finalmente, llegaría al país en 2024, situando a México, junto a Argentina, como la economía de la región que más tarde prevé recuperar el nivel de PIB previo a la pandemia. Y es que debemos tener muy en cuenta esto que comento, pues atendiendo a los pronósticos que ofrece el Fondo Monetario Internacional (FMI), el 100% de las economías desarrolladas y el 80% de las emergentes prevén recuperarse este año, es decir, en 2022.

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Con estos datos en la mano, podemos ser optimistas y seguir confiando en esa inercia que, debido a los estímulos ofrecidos por Estados Unidos, el comercio y las remesas, ha permitido a México crecer este año, a la vez que le permitirá hacerlo en 2022. Pero, de la misma manera, debemos ser conscientes de que esa inercia se está desacelerando y que, atendiendo al contexto actual, así como al de 2019, México presenta muchas debilidades que llevaron al país a registrar una tendencia decreciente en el año previo a la pandemia, y que prevé continuar cuando el efecto de estos estímulos pase de largo.

Además, tampoco deberíamos olvidar otros problemas que registra la economía mexicana y que hacen mella en esto que comentamos. Y es que no hace falta mencionarlo para saber que el mundo se enfrenta en estos momentos a un problema de inflación. Debido a la necesidad de combatir dicha inflación, que escala a máximos, los Gobiernos han iniciado una retirada de estímulos que, de la misma manera que frena el ascenso de la inflación, frena el crecimiento de las economías. Teniendo en cuenta que en el caso de México esos estímulos no llegaron ni al 1% de su PIB, hablamos de una retirada que podría frenar, aun más, ese crecimiento.

En resumen y como conclusión, decía que podemos ser optimistas y apostar por una recuperación que, tarde o temprano, llegará. Pero en este artículo se muestran muchas razones que impiden al gobierno seguir anclado en autocomplacencia que, a la luz de los datos que hoy muestro –así como las debilidades estructurales que ya presentaba el propio país–, no estaría justificada. Pues en el horizonte, como vemos, se avistan muchas más luces que antes, pero no debemos olvidar que, de la misma manera y especialmente en el caso de México, muchas sombras siguen todavía muy presentes.

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