Recientemente visité a Don Chefe. Un personaje fascinante, quien me confesó que extraña hablar de política. Dice extrañar esas conversaciones que secan la garganta y, por tanto, uno debe mantenerla húmeda con poco vino. Él inició la charla afirmando que algo anda mal en el mundo, pues aquella antigua y poderosa frase ha perdido vigencia: “Las personas deben vivir con tanta libertad como sea posible, y solo con tanta autoridad como sea necesaria”.

El Estado Moderno hoy ya no tiene nada de moderno. Se debe renovar, pero no sabe cómo. Es evidente -señala- que la naturaleza y esencia humanas son fuente y fundamento del propio Estado. Ahí se mezclan, entre otros muchos aspectos, dos importantes ingredientes: la sociabilidad y la autoridad. Pero ¿cuál es el contenido, alcance y efectos de la obediencia en lo social? ¿Por qué y a qué debemos obedecer como personas humanas? Si es que todavía queda algo de humano en nosotros. Don Chefe hace una pausa y reflexiona por un momento para responderse a sí mismo. Existe un orden natural, luego entonces, debe existir un orden social. La organización es inherente a cualquier sociedad humana. Ésta requiere necesariamente dosis de autoridad. El orden es causado. Así surge también el orden político.

Asumo que la persona humana es libre gracias al orden natural, señala. Estando en sociedad puede hacer uso de “su” libertad para bien o para mal. En caso externar su maldad, se dirigirá al desorden. Entonces, debe existir algo o alguien que, ante esa maldad y desorden, promueva el comportamiento, la conducta, conforme al orden natural con el fin de retornar al orden social para la sana convivencia. Como dicen por ahí, si fueran más los malvados ya se hubiera extinguido la raza humana. Bombas y armas de exterminio masivo hay de sobra.

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Don Chefe, reacio a los conceptos genéricos y abstractos, continúa hablando de política. Me asegura que pronto aterrizará sus ideas, las concretará con claridad. Afirma que no hablará de política como fenómeno, sino esencialmente como acción y movilización decisiva. Aquí dice confundirse. Asegura que la libertad es la capacidad de autodeterminación de cada persona humana al Bien, a lo correcto. Pero ¿qué es el Bien? Se pregunta él mismo. Y se responde: es aquello que visto atrae. Atrae por esencia. No por efecto del placenterismo temporal o superficial.

MUY POCOS MANDAN Y OTROS MUCHÍSIMOS OBEDECEN

Le está siendo muy difícil a los Estados convocar, diseñar y crear condiciones para actuar en favor del Bien. Más aun tratándose del bien común. Pero vayamos por partes, dice Don Chefe. Empecemos por señalar que todo Estado es una sociedad políticamente organizada, con diversas características o elementos que acoge a partir del siglo XVI. Momento en que institucionalmente surge a la vida política el mentado Estado Moderno. Pero ¿es posible hacer coincidir al Estado Moderno con el concepto de “Bien común”? ¿En una forma real, conforme al principio de mejora continua, y vivencial? El bien común ¿qué tiene que ver con la política? Don Chefe parece seguir confundido. Enfoco esa política como acción concreta, específica, que domina y tiende a dominar, a cualquier precio y a toda costa, sobre las conductas, mentes, actividades, patrimonio y hasta el propio destino de las personas en sociedad. No me refiero a esto como mera sociología -dice-, pues la diferencia es que ahora estamos inmersos en fenómenos sociales y políticos bajo autoridades poco legítimas. Donde unos pocos, muy pocos, mandan, y otros muchos, muchísimos, obedecemos y debemos obedecer. Entonces ¿qué legitima a la autoridad o la convierte en una autoridad legítima para mandar? Don Chefe toma lo que le resta de vino en la copa. Ya hablaré de lo que legitima al poder en el contexto actual. Me promete.

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Resulta interesante observar a los diversos grupos sociales que coexisten, a pesar de que no siempre conviven sanamente, en un mismo Estado. Muchos de esos grupos son heterogéneos y desorganizados, o se mantienen aislados. Nótese que muchas personas en sociedad tratan de imponer y hacer cumplir sus determinaciones, decisiones, caprichos, voluntades y mandatos dentro y fuera del orden social institucionalizado. Esto generalmente nada tiene de bueno para el bien común. Hoy siguen predominando los históricos intereses y propósitos personalísimos para los propios beneficios individuales o para su propio bienestar. Aquí Don Chefe aclara. Lamento que casi nunca o nunca se habla de “bien-ser” en lo social. Ahora el orden fáctico, el poder bruto, predomina en, desde y sobre el poder político. Lo ilegítimo ahoga lo legítimo. Así como hay abundante piratería en el comercio, hay abundante farsa en lo político. A escala global.

EL ARTE DEL BUEN GOBIENRO

Don Chefe, fascinante personaje que alguna vez practicó la Ciencia Política, comenta que el “principio de autoridad” acompaña a todo gobernante. Éste supuestamente tiene la finalidad de ser congruente con el orden natural, teniendo el encargo de conducir, guiar y generar condiciones para que las personas tiendan hacia la verdad y al bien. Estos insumos objetivos y concretos son fundamentales para el buen gobierno y el arte de gobernar. Nada que ver con aquellos despóticos gobernantes de los siglos XV y XVI donde predominó el absolutismo. Aquí Don Chefe expulsa otro “pero”. Pero los fantasmas aquellos parecen haberse introducido en las almas y huesos de los actuales gobernantes y regímenes en muchos estados del planeta. Ese poder absoluto tuvo y tiene la intención, entre otros muchísimas cuestiones, de erigir a la mentira como estandarte para simular u opacar a la verdad; dominar y adueñarse de todo y de todos. No saben que, al hacerlo así, nunca serán dueños ni siquiera de sí mismos. Sobre esto ya platicaremos en otra ocasión.

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Continúa mencionando que, el fin de la ideologías es un mito y mera expresión narrativa. En todo hombre y mujer subyace algún tipo de ideología, siempre. La ideología cala más hondo que un rayo en la cabeza. ¡Pero cuidado! Exalta Don Chefe. La ideología es una visión de la realidad, con o sin fundamento de verdad. Dependiendo de la visión que se tenga de lo humano, de las personas, será la ideología del gobernante y la ideología del estado, respectivamente, ¿existe hoy relación entre la verdad y la razón? Ninguna. Se contesta. Actualmente vivimos en un constante contrasentido. Olvidamos que la razón es fuente de seguridad, fuente de orden racional. Para mí -truena los dientes Don Chefe- lo irracional es sinónimo de inseguridad. Y la inseguridad es el veneno que causa más desorden, más desorganización, más crisis, más caos. No estoy hablando del proceso “antropocentríco”. Ese cuya visión inicia y se agota en el hombre por el hombre mismo. ¡No! Recuerda que hemos sido testigos del terrible fracaso de quienes elevan el aura racional buscando al hombre perfecto racional. Recuerda también que hemos sufrido experimentos de querer hacer del hombre un proyecto meramente racional cuyo exceso provocó el frío racionalismo esquizofrénico.

Don Chefe hace una pausa y suspira para señalar. En las culturas y sociedades cuando no hay unidad respecto de un sano sentido por la vida, no hay vitalidad social ni humana. La política se torna superficial, compleja, difícil de comprender y rebuscada. ¿Recuerdas el Despotismo ilustrado del siglo XVII? Me pregunta. Y antes de responderle, él mismo se contesta. Sí, el poder político en ese entonces se erigió en “luz”. Luz de la razón que pretendió iluminar a la sociedad. Ese movimiento intelectualista y político se sintió obligado a dar luz a la estructura y organización social, luz a “las personas”. De ahí surgió el Nominalismo, ideología donde no existen conceptos universales sino solo cosas particulares, individuales y concretas. Posteriormente apareció el Empirismo, la comprobación del conocimiento sensitivo, de la experiencia sensible. Lo irracional nunca legitima al poder. Parece que los gobernantes, a sus propios actos u omisiones arbitrarias, le quieren siempre dotar de algún aspecto justificativo racional, elevando la narrativa de que, lo que hacen o no hacen, es en nombre de todos. Terrible. No queda claro -dice- de dónde han surgido los conceptos de humanidad, población, nación, gente y pueblo. Parece que la manipulación de estos conceptos provoca deshumanización de la política y, lo más grave, deshumanización del lenguaje social. Incluyendo al lenguaje legal, porque al Derecho no lo entienden ni quiénes lo crean hoy en día en, dentro y para el Estado.

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EL HUMANO OBEDECE Y LA IDEOLOGÍA MANDA

A estas alturas siento agotado a Don Chefe. Le pregunto si quiere dejar la charla para otra ocasión. Me dice, sí. Pero antes de suspenderla tengo ganas de enunciar algunos temas. Por ejemplo, el Liberalismo del siglo XIX, el Romanticismo, el Historicismo político, el Darwinismo político, el Vitalismo romanticista, el Nacionalismo, el Imperialismo, el Positivismo, el Estado Gendarme. Agarra aire, se exalta y continua. ¿Qué ideologías caracterizaron al siglo XX? Se pregunta. El Socialismo, el Marxismo, el Fascismo, el Totalitarismo, el Capitalismo, el Individualismo, el Materialismo, el Existencialismo, el Estructuralismo, el Racionalismo idealista, entre muchísimas otras. ¿Y al Siglo XXI? El Populismo, el Nacionalismo Emergente, el Transformacionismo y algunas otras infinitas combinaciones. Por hoy ya me agoté dice Don Chepe. ¿Platicamos en otra ocasión? Pero usted trae un poco de vino, ¿sí? Con mucho gusto le dije.  

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