Cuenta Carlos Santana que unos minutos antes de brincar al escenario, después de años de no haber dado conciertos, las piernas le temblaban, las manos le sudaban y sentía que la guitarra se le caía de las manos. Los años de retiro parecían haberle quitado algo y los cuestionamientos sobrepasaban las certezas. Todo fue dar el primer acorde junto con los antiguos miembros de la banda de Santana Gregg Rolie: Michael Carabello, Michael Shrieve y Neal Schon y se produjo la magia. Fue como si en automático las cosas tomaran su lugar. El éxito fue tan rotundo que la pista de aquel día sirvió para publicar el álbum Santana IV. El éxito deja huellas, lo que pasa es que nos olvidamos de verlas o tal vez, abandonamos la intención de recordarlas.

Identificar las huellas del éxito no es nada más una cuestión de autoestima ni mucho menos un acto de egolatría. Es ir detrás de aquellos pasos que se dieron y nos ayudaron a construir una ventaja competitiva, que nos ganó la preferencia de los clientes, que fue la piedra constitutiva que nos generó utilidades. Por supuesto, los tiempos cambian y tenemos que adecuar los intervalos de tiempo. Nada es igual, ni siquiera el agua que moja las rocas de un río es la misma. Sin embargo, lo que funcionó alguna vez, tiene buenos materiales que podemos volver a usar.

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Los negocios y el mundo empresarial tienen muchas similitudes con otros terrenos, comparte métodos con otras disciplinas. La milicia nos da muchos ejemplos de cómo seguir las huellas del éxito y la utilidad que esto representa. Entre guerras, los generales estudian qué fue lo que sucedió. Analizan lo malo para corregirlo y se afianzan de lo que se hizo bien para mejorarlo o para repetirlo. En el ejército se entiende, como en el deporte, que no siempre se gana. Es más, muchas veces se pierde. Muchas más de las que quisiéramos reconocer. No obstante, al prepararnos para la siguiente batalla, no hay que ver sólo aquello que no salió como esperábamos. Es muy útil recordar lo que sí funcionó.

De hecho, la reflexión que se hace en torno al éxito es muy pertinente, no desde el regodeo, sino desde la objetividad que me permite justipreciar lo que se hizo con excelencia para repetirlo. Una forma de sabiduría de gestión empresarial es identificar estas pistas: las decisiones bien tomadas, las elecciones que fueron correctas, las oportunidades que se dejaron pasar, las que se aprovecharon, las fortalezas que nos sustentaron. Por lo tanto, un verdadero estratega analizará exhaustivamente las características de su triunfo.

Y, si bien identificar las pistas de nuestros propios éxitos es muy recomendable, sería muy limitado. Reducir esta búsqueda de esta manera sería aspirar a una visión muy miope. Lo que se busca es ampliar la extensión de las miras. Es decir, también hay que buscar estas huellas del éxito que han dejado otras personas. El éxito es como un árbol generoso que va dejando sus semillas por todos lados. Claro, no todos aprovechan el semillero, muchos lo desestiman y pocos son los convocados a apreciarlo y son menos aún los que pueden sacar provecho de ello. Al reconocerlo, nos daremos cuenta de que el número de buscadores de huellas del éxito es pequeño, lo que nos da una ventaja y nos brinda mayores oportunidades de aprovecharlas. Es curioso, pero la gente quiere triunfar pero pierde el rumbo, se distrae y no logran lo que se proponen. Después, estos distraídos culpan al mundo, al pasado, a las circunstancias, al destino de su suerte.

Sigue aquí el avance contra la pandemia en México y el mundo

Los profesores John Stanton y Richard George aconsejan adoptar ciertos lineamientos que nos puedan servir de directrices para no extraviar el camino:

  1. Detente, observa y escucha. Hay éxito en todas las arenas, cada segmento de mercado está lleno de triunfadores, de empresas que han sabido hacer bien las cosas de personas triunfadoras. Hay que ponerles atención.
  2. Tómate tu tiempo para aprender del éxito. El éxito es un gran maestro si lo sabemos escuchar. Nos deja lecciones. Si en el presente tenemos un proyecto ganador, es preciso dejarnos enseñar qué fue lo que funcionó. Si en este momento no lo tenemos, hay que revisar lo que sucedió en el pasado.
  3. Las ideas ajenas se pueden tomar prestadas, se pueden copiar y adaptar. No se trata de robarnos las ideas de otros ni de plagiar. Es más bien, analizar cuales son los puntos brillantes y asimilar. Es reinterpretar para poder implementar en nuestra circunstancia.
  4. Hay que tener la mente abierta y estar listos para el cambio. Una de las variables del fracaso es la resistencia al cambio. Todos la padecemos, todos la hemos experimentado. Lo importante es reconocerla y vencerla. Se escribe más fácil de lo que se puede ejecutar. No podemos desestimar la fuerza de la resistencia. Pero, la podemos enfrentarla y modificarla. Esto implica aprender a dar vuelta en u, cambiar de opinión siempre que esto me acerque a mis objetivos.
  5. Una maravillosa costumbre es escribir un diario en el que se hagan anotaciones diarias sobre las actividades y los resultados. Ambos, triunfos y derrotas sin adjetivos, de forma objetiva. Este tipo de bitácoras son una herencia que nos estamos labrando para el futuro y un recordatorio veraz de los hechos tal como son.
  6. No hay mejor punto para empezar a discutir lo que es el éxito que tratar de definirlo. El concepto puede ser tan diverso que lo que alguien considera como un tropezón, para otros es el fin. No importa, lo que es relevante es poderlo definir. No hay peor fracaso que haber cruzado la línea de meta y no darse cuenta.
  7. Entiende a quién le estás dirigiendo tu mensaje, producto o servicio. Eso dará claridad para ajustar las palancas del éxito y adaptarlas mejor para conseguir lo que estamos anhelando.

Sigue la información de los Negocios en nuestra sección especializada

La riqueza de las experiencias pragmáticas es inconmensurable si las sabemos rastrear. Recuerdo la cara de Carlos Santana al contar la anécdota del concierto. Dudó mucho, incluso llegó a pensar que no era buena idea volver a los escenarios. Claro, la vacilación es una voz potente. Es normal. Sin embargo, no debe convertirse en una cuerda que nos ate a la inacción. Dice el dicho: aquel que fue perico, donde quiera será verde. Es decir, si ya lograste ser verde, podrás volverlo a ser. Lo único que hace falta es recordar, entender y ejecutar. Seguir la pista, como si fuéramos detectives. Es buena idea. No podemos olvidar que el éxito deja huella.

Suscríbete a Forbes México

Contacto:

Correo[email protected]

Twitter: @CecyDuranMena

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.