Ante las nuevas olas de Covid que muchos países están teniendo en diciembre del 2021, es razonable cuestionarse qué sigue para el mundo entero mientras la pandemia se encuentre activa, así como una vez que se haya logrado controlar la propagación del virus.

Un panorama social, político y económico similar al de la Segunda Guerra Mundial será el más probable mientras el Covid siga circulando como hoy y se mantengan las restricciones sociales, es decir, veremos inflación, poca mano de obra dedicada al campo y la industria, cadenas de producción rotas, desempleo y nacionalismos extremos.

Esta vez la mano de obra no se encuentra en la guerra o produciendo insumos para ella, sino que está resguardada, recuperándose de la enfermedad o completamente fuera del mercado laboral por incapacidad o muerte.

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En lo que se refiere al desempleo, la afectación que han tenido las pequeñas y medianas empresas ante la pandemia ha ocasionado que la generación de empleo sea volátil en el último año. No debemos perder de vista que, en el mundo, 60% del total de empleos es generado por pequeñas y medianas empresas.

La dificultad para acceder a empleos de calidad, así como las cadenas de producción rotas no sólo han afectado los precios finales de los bienes, sino también, han generado un descontento social y una clase de políticos en todo el mundo que consideran como solución a todos los problemas el cerrar fronteras y encargarse de la producción de bienes y servicios ellos mismos.

Aunque posterior a la Segunda Guerra Mundial una estrategia económica fue la de sustituir importaciones por producción local e intercambiar pocos bienes en el exterior, en la actualidad resulta imposible seguir con ese plan, ya que, buena parte de la producción mundial está hecha por privados y con poca participación del Estado.

Los años dorados del capitalismo (1945-1973) se caracterizaron por una economía mixta, en la cual el Estado tenía una fuerte participación en el proceso productivo, así como la existencia de una demanda sostenida de bienes gracias a las bajas tasas de desempleo observadas en el periodo señalado.

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En la actualidad, los tratados comerciales son la base de la producción mundial, por lo que los discursos nacionalistas carecen de viabilidad en el corto plazo, sumado a que el desempleo es un fenómeno constante desde antes de la pandemia. Cerrar fronteras y que el Estado comience a ser partícipe en la producción es algo que requiere muchos cambios y no parece viable en el corto plazo.

Resulta complicado el cambio, ya que, los países se han especializado en fabricar ciertos bienes, por lo que intentar producir todo lo que una nación necesita sin depender de nadie más, implica tener una mano de obra capacitada y máquinas y herramientas que faciliten esa producción, lo cual es un proceso que requiere modificar los actuales sistemas educativos y reorientar todos los procesos productivos.

Otro elemento en contra para pensar que después de la pandemia viene un periodo de auge, recae en el tamaño de la población (cinco mil millones menos a mitad del siglo pasado), los problemas medio ambientales y el espacio disponible para producir.

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Producir a mediados del siglo XX era un proceso altamente contaminante e intensivo en mano de obra, lo cual ayudaba a reducir costos y mantener bajas tasas de desempleo. En la actualidad, los procesos productivos son más tecnificados y emplean a una menor cantidad de mano de obra, lo cual ha ocasionado que las tasas de desocupación sean superiores a las de hace 70 años.

No podemos suponer que las plantas productivas existentes hoy se multiplicarán año con año para poder absorber la creciente oferta de trabajo; no es posible, ya que, el espacio físico para producir se ha terminado (el espacio restante es para destinarlo a vivienda o producción de alimentos), la demanda de bienes no crece hasta el infinito y cada vez se necesita menos mano de obra para producir.

Por todo lo anterior, es razonable pensar que mientras dure la pandemia el mundo vivirá como en una época de guerra, pero con la desventaja de que, al finalizar, no llegará el boom de producción, empleo y los años dorados del capitalismo.  

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El autor es Docente de economía en la UNAM, coordinador del Programa Único de Especializaciones en Economía (Posgrado, UNAM).

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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