Son muchos los motivos por los que en cualquier momento de nuestras vidas nos planteamos que sería bueno comenzar a ahorrar de forma constante. Sin embargo, aunque el objetivo a lograr lo tengamos claramente determinado, muchas veces no sabemos cómo comenzar a hacerlo de forma sistemática. Para ello, necesitamos encontrar algún método o conducta que nos facilite todo este proceso. Un sistema que resulta útil en este sentido y que nos hace mucho más sencillo el poder ahorrar todos los meses es el de utilizar la fórmula del preahorro.

Un individuo cuando decide ahorrar y no tiene un hábito de ahorro consolidado, lo que suele hacer es esperar a final de mes y ver cuánto dinero le sobra para sólo entonces depositarlo en algún instrumento de inversión. Esto suele suceder así porque esta es la fórmula que normalmente hemos aprendido desde que éramos pequeños.  Además, tenemos que tener en cuenta que nuestro cerebro está programado para consumir todos los recursos que tenga a su alrededor o lo que es lo mismo estamos “programados” para gastar todo el dinero que podamos y no dejar ningún tipo de remanente en nuestra cuenta corriente. El motivo que explica esto es que nuestro cerebro siempre busca la recompensa inmediata frente a la gratificación a largo plazo que supone el mecanismo del ahorro.

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En este sentido, resulta interesante el experimento Marshmallow que se realizó con varios centenares de niños y que simplificándolo mucho consistía en poner una golosina encima de una mesa en una habitación cerrada. En dicha habitación las paredes estaban pintadas de un color neutro y aparte de la mesa y la golosina no había ningún otro elemento que pudiera servir de distracción. Antes de entrar en la habitación se le explicaba al niño que podía comerse la golosina cuando quisiera pero que si esperaba tan sólo cinco minutos recibiría una golosina adicional. La decisión de esperar esos pocos minutos parecería la lógica, pero la realidad que demostró el experimento es que sólo un tercio de los niños pudieron aguantar los cinco minutos que se requerían. Podemos pensar que esto sólo ocurre cuando somos niños. Sin embargo, cuando somos adultos esto también sucede, aunque en menor medida y es que hay que tener en cuenta que con los años los adultos podemos desarrollar la capacidad de autocontrol o dominio sobre nosotros mismos en mayor o menor medida.

Para evitar las posibles tentaciones al gasto que recibimos del mundo exterior es cuando la fórmula del preahorro cobra todo su sentido. Dicho método consiste en detraer una parte de nuestro salario a comienzos de mes como si fuera un gasto más. Se trata en definitiva de retirar del dinero que tenemos disponible para ese periodo un determinado porcentaje del mismo. De este modo no tendremos la excusa de que llegado el final de mes nuestros gastos han devorado todos nuestros ingresos y que, por tanto, no hemos sido capaces de ahorrar nada.

Tenemos que tener en cuenta, además, que la posibilidad de gastar hoy en día es muy superior a la que existía hace unos cuantos lustros. Por un lado, las opciones de ocio se han multiplicado enormemente y, por otra parte, porque el comercio electrónico nos permite comprar de inmediato cualquier cosa desde cualquier lugar y cualquier día de la semana.

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Pero ¿Cómo sabemos cuál es el porcentaje que podemos preahorrar sin que esto nos suponga una merma significativa de nuestro bienestar? En este punto podemos usar varias técnicas. La primera la podemos definir como la técnica del ensayo acierto-error y consistiría en retirar el primer mes en forma de preahorro de una cantidad muy pequeña de dinero. Por ejemplo, podría ser el 1% de nuestros ingresos. Al mes siguiente analizaríamos como nos ha ido el mes financieramente hablando y entonces evaluaremos si podemos ir más allá o no en nuestro preahorro. Supongamos que decidimos que podemos ir más allá y doblamos esta cantidad al 2%. Entonces el mes siguiente reevaluaríamos de nuevo nuestro escenario financiero e iríamos ajustando nuestra capacidad de ahorro a nuestro potencial.

Otra fórmula podría ser elaborar un presupuesto a principios de mes y ver cuáles son nuestros ingresos y gastos. Una vez hecho esto analizaríamos en profundidad la partida de gastos y determinaríamos cuales podrían ser prescindibles. Supongamos que pudiéramos llegar a ahorrar el 15% de nuestro salario según estos cálculos.  Esa cifra podría ser la que retiráramos de nuestro disponible en cuanto recibamos nuestro salario. Sin embargo, es conveniente no apurar tanto. Durante el mes siempre surgen gastos inesperados o queremos darnos un capricho y el contar con algunos fondos extras no presupuestados nos podrían servir para ello.

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En este caso, podríamos preahorrar el 10% de nuestros ingresos y depositarlos en una cuenta de ahorro desde la que canalizaríamos nuestras inversiones. Los fondos para gastar en nuestras necesidades cotidianas estarían en esa cuenta bancaria operativa que es donde recibimos nuestro salario y el dinero que ahorramos estaría en otra cuenta que serviría de base para nuestras inversiones.

En definitiva, la fórmula del preahorro no es otra que el considerar el ahorro como un gasto más y detraerlo de nuestra cuenta corriente a comienzos de mes cuando ingresamos nuestros honorarios. Se trata de evitar la típica excusa de esperar a que acabe el mes y nos digamos a nosotros mismos que los gastos han sido tantos que nos ha sido imposible ahorrar. La mejor fórmula para que esto funcione es que todo se haga de forma automática. Es decir, cuando tengo ya definido que mi preahorro será de x pesos al mes entonces ordenaré a mi banco que de forma automática retire de mi cuenta operativa ese importe y lo deposite en mi cuenta de ahorro.

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