La iniciativa de Reforma Energética que envió el presidente López Obrador a la Cámara de Diputados es una prueba de fuego para el PRI y para la alianza legislativa de Va por México.

La propuesta fortalece a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), desmantela la estructura regulatoria al desaparecer la Comisión Reguladora de Energía y la Comisión Nacional de Hidrocarburos, quita incentivos para la inversión en energías limpias y afecta al medio ambiente y contraviene el Acuerdo de París, entre otros aspectos.

En buena medida proviene de lo expuesto en la Ley de la Industria Eléctrica que se aprobó recientemente, pero que se encuentra suspendida por el Poder Judicial, ante el cúmulo de violaciones constitucionales.

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En la reforma de los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución, que está a discusión, se garantiza que la CFE controle el 54 por ciento de la generación de electricidad en el mercado.

La iniciativa da al traste con lo aprobado en el contexto del Pacto por México y cancelaría una de las reformas más trascendentales del periodo presidencial de Enrique Peña Nieto.

En teoría los priistas deberían votar por defender lo que respaldaron en el pasado y de modo entusiasta. Así lo hicieron quienes eran y son legisladores en la actualidad, como el líder del partido, Alejandro Moreno Cárdenas.

Sin embargo, no todo es tan sencillo, porque en el PRI hay corrientes que cuya devoción por el estatismo solo es superada por su sumisión al poder presidencial. Es decir, una parte del priismo comulga con el presidente López Obrador y no se siente nada mal respaldado a Morena.

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El problema es que, en la búsqueda del voto, de modo particular en la contienda intermedia, se comprometieron a respaldar a la alianza de Va por México y evitar los diversos cambios a la Constitución que venía anunciando el titular del Ejecutivo.

Las miradas están puestas en el PRI y no en los otros integrantes del acuerdo –el PAN y el PRD—porque la experiencia muestra que el antaño partido dominante suele negociar con quien tiene el poder, para bien y para mal.

En lo inmediato, el PRI anunció la celebración de foros con expertos para tener una idea cabal de las implicaciones que tendría la reforma eléctrica propuesta. En el fondo saben la respuesta y también que de ahí no provendrá decisión alguna, sino de la evaluación política que hagan entre el costo y el beneficio de darle la mayoría constitucional a Morena. Lo delicado es que se juegan su futuro, porque esta vez lo que hagan tendrá repercusión en la confianza de quienes votaron por ellos, pero también de su viabilidad para sobrevivir en solitario.

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