Pensaba que me entretendría un rato con una película de Pixar sobre un panda rojo y al final me quedé con una de las grandes lecciones sobre el manejo de emociones y su efectividad en el día a día, incluso en el mundo empresarial.

Confieso que disfruté mucho ver la más reciente película de Pixar, Red, en la que una niña de 13 años comienza a experimentar los cambios físicos y emocionales típicos de la adolescencia, que aquí se reflejan en lo corporal y lo fantástico: al permitirse sentir con fuerza cualquier emoción, la joven se transforma en un enorme panda rojo.

Gracias a ese descubrimiento, ella conoce que existe una herencia en las mujeres de su familia, que aprenden a encerrar a su panda rojo personal para que los demás a su alrededor no se sientan incómodos, no tengan «argumentos» para ignorar sus opiniones y no avergonzarse a ellas mismas. Lo curioso, y es lo que me inspiró para este artículo, es que esta capacidad de convertirse en un animal de esas dimensiones ayudó a que un ancestro lograra defender a su familia y pueblo entero de los invasores que creyeron débiles a su comunidad en medio de una guerra antigua.

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

Entonces, ¿son las emociones un obstáculo para gestionar una empresa familiar? La respuesta corta es: claro que no, y las mujeres son la prueba de eso. Pero una más desarrollada me lleva a sustentarla en los siguientes puntos.

  • Conocer las emociones propias ayuda a ser mejores líderes. A diferencia de lo que nos han hecho creer, permitirnos experimentar las emociones amplía el autoconocimiento. Así sabemos reconocer cuándo sentimos más estrés, qué es lo que nos impide concentrarnos y lo que podemos hacer para evitarlo o mejorar una situación apremiante. Esto se conoce como inteligencia emocional, y un estudio encontró que está relacionada con la cantidad de ingresos que una empresa tiene. “Inteligencia es la capacidad de dirigir bien el comportamiento, eligiendo las metas, aprovechando la información y regulando las emociones.” Jose Antonio Marina
  • Mostrar emociones no es reflejo de debilidad. La imagen del empresario estoico o la líder alejada de sus sentimientos fue, durante mucho tiempo, el epítome del liderazgo ideal. Situaciones como la pandemia vinieron a eliminar ese pilar, y se empieza a reconocer que suprimir las emociones tiene más puntos en contra, que a favor: al ignorar especialmente aquellas que son desagradables (como tristeza, miedo o enojo), se pierde práctica en gestionarlas para encontrar en ellas «información importante que debe ser atendida y escuchada».

¿Ya nos tienes en Facebook? Danos like y recibe la mejor información

  • Las emociones están relacionadas con las habilidades blandas necesarias para el crecimiento de la empresa familiar. La capacidad de trabajar en equipo, delegar responsabilidades, confiar en los colaboradores, adaptarse al cambio y ejercer mayor empatía son algunas de las habilidades con mayor demanda en el ambiente laboral, y que también ayudan a que la empresa familiar prospere. De manera más evidente existen vínculos emocionales entre sus integrantes, pero lejos de convertirse en una debilidad, podría ser una ventaja gracias a que es más fácil identificarse con los objetivos de la organización y el valor del talento de quienes ahí trabajan.

El miedo a mostrar emociones en el ambiente laboral propicia una comunicación menos sincera, ya que se percibe como si no existiera un espacio seguro para compartir inquietudes relacionadas con la seguridad psicológica y emocional de una empresa. Las crisis como la de la pandemia del Covid son un ejemplo claro de lo imperativo que es para cualquier espacio de trabajo fomentar buenas prácticas para que las personas encuentren una manera saludable de expresar lo que les causa estrés, angustia o ansiedad, dentro y fuera del trabajo. Por lo tanto, dentro de la estrategia de gestión de una empresa familiar también debe existir un plan relacionado con la inteligencia emocional, desde un área de recursos humanos que promueve la conversación al respecto, hasta la asistencia a cursos, charlas y guía de psicólogos que ayuden a eliminar la cultura de la supresión de las emociones, que pocas ventajas arroja.

Durante mucho tiempo, las mujeres han tenido que demostrarle a los demás que las emociones no son un impedimento, sino una fortaleza que permite un mejor autoconocimiento y una interacción mucho más enriquecedora con colegas, familiares y personas con las que convivimos diariamente. Una lección que en la película Red nos recuerdan que es parte integral del desarrollo personal. Los hombres tendríamos que hacer lo propio para aprender también de nuestras emociones. “Nuestras emociones están ahí para ser sentidas, pero no para dominar nuestra vida, ni cegar nuestra visión, ni robar nuestro futuro, ni apagar nuestra energía, porque, al momento de hacerlo, se volverán tóxicas.” Bernardo Stamateas

Suscríbete a Forbes México

Contacto:

Twitter: @mariorizofiscal

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Los principios que vulneraron los influencers
Por

Aunque las redes sociales parecerían un terreno desconocido para la legislación electoral, la decisión del TEPJF abre la...